La infraestructura puede sacar a América Latina de su bajón económico
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La infraestructura puede sacar a América Latina de su bajón económico

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La infraestructura puede sacar a América Latina de su bajón económico

22/04/2019

Incluso en los mejores momentos, las economías de México y América Latina y el Caribe tienen grandes retos para crecer, y el panorama global acaba de oscurecerse.

Estimamos que la desaceleración de las economías de China y Europa —junto a un potencial shock financiero— frenaría el crecimiento anual del PIB para la región a sólo 0.8% en 2019-2021, partiendo de una base de 2.5%. Otro shock relacionado con un Brexit desordenado podría sumarse a los males de la región con un impacto sorprendentemente negativo.

América Latina y el Caribe se enfrenta a riesgos reales, con tasas de interés más altas, menos entradas de capital y un espacio fiscal ajustado. Es fundamental que la región encuentre maneras de impulsar el crecimiento desde dentro.

Esto, desde luego, no es nada nuevo ni tampoco fácil. América Latina presenta rezagos de productividad que requieren cambios en varios frentes, desde el marco tributario hasta el mercado laboral. Muchos han sido ampliamente analizados. Sin embargo, hay una opción que queda al alcance de la mano y que se conoce menos: la necesidad de más y mejor inversión en infraestructura.

América Latina y el Caribe invierte demasiado poco, no solo en comparación con otras regiones, sino también dada su brecha de infraestructura, que estimamos en 150 mil millones de dólares al año. La calidad de la infraestructura se sitúa por debajo de las otras regiones, con la excepción del África subsahariana. Frente a economías más avanzadas, hemos encontrado deficiencias en sectores cruciales como energía y transporte. En México el nivel de inversión en infraestructura es bajo, pues representa la mitad del promedio observado para América Latina y la OCDE, con brechas en energía, transporte, y telecomunicaciones.

Nuestros cálculos muestran que, si los países de América Latina pueden aumentar la inversión en infraestructura para cerrar la brecha con los países de la OCDE, la productividad general aumentaría en un 75% con respecto al promedio histórico. Esto significa que el ingreso per cápita de la región podría duplicarse en casi la mitad del tiempo.

La pregunta es cómo se puede mejorar la infraestructura en un momento de altos niveles de deuda, con presupuestos fiscales ajustados. Una alternativa prometedora es la inversión privada. Hay numerosos fondos privados que buscan rendimientos superiores a la tasa de interés internacional, y dado su perfil de riesgo y retorno, los proyectos de infraestructura pueden ser una salida útil para estos fondos. Lo que falta son maneras de conectar la oferta disponible de financiamiento global con la demanda local.

Desafortunadamente, numerosos países en la región carecen de marcos adecuados para identificar, seleccionar y desarrollar proyectos de infraestructura complejos que combinen recursos públicos y privados. Y todavía no existe una clase de activos que pudiera proporcionar financiamiento para la infraestructura en las diferentes etapas del ciclo de vida de un proyecto. Un paso en la dirección correcta consiste en atraer inversores institucionales como los fondos de pensión, las aseguradoras y los fondos soberanos, y relacionarlos con proyectos que cumplan con su necesidad de generar retornos a largo plazo para sus inversiones.

A nivel nacional, los países podrían crear fondos que emitan bonos de infraestructura para atraer inversores institucionales. Los ingresos se invertirían en vehículos de propósito especial a nivel de proyecto, quizá refinanciando préstamos otorgados por los bancos comerciales para la fase de construcción. Los riesgos del proyecto se analizarían y administrarían cuidadosamente.

Hemos encontrado que, al no invertir más en infraestructura, son los pobres quienes más sufren, probablemente porque gastan una mayor parte de sus ingresos en servicios de infraestructura. Sin las inversiones necesarias, los hogares en el 40% más bajo de la distribución del ingreso perderán 11 puntos porcentuales del ingreso real a lo largo de un período de 10 años.

Por otro lado, las inversiones en infraestructura tienen efectos multiplicadores en las economías locales e impulsan el crecimiento entre los socios comerciales. Un shock positivo por inversiones en infraestructura bien elegidas podría elevar el PIB de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México en 13 mil millones de dólares. América Latina podría agregar un 0.5% a su crecimiento anual durante tres años.

Nuestra región se encuentra en un momento crucial, donde las perspectivas de crecimiento son mediocres, los riesgos externos son considerables y los factores domésticos, como los presupuestos fiscales ajustados, crean importantes desafíos. Al mejorar la infraestructura, podemos liberar el potencial de la región y encaminar a sus ciudadanos hacia una mayor prosperidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.