Jueces para violaciones graves de derechos humanos
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Jueces para violaciones graves de derechos humanos

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Jueces para violaciones graves de derechos humanos

04/03/2020

Por Luis Efrén Ríos Vega, magistrado del Poder Judicial del Estado de Coahuila de Zaragoza .

En la llamada reforma «con y para el Poder Judicial Federal» destaca la propuesta de crear órganos jurisdiccionales para conocer de violaciones graves a los derechos humanos. La razón: “garantizar una solución más integral, coherente y expedita” para resolver este “tipo de asuntos que revisten vital importancia en la sociedad”.

La idea, a mi juicio, es buena. Requiere de una efectiva implementación; sobre todo de un buen perfil de juzgador. Para los que promueven la justicia transicional seguramente resulta insuficiente e inoportuna: un mejoral que no resolverá el problema estructural. Pero creo que la idea del mecanismo internacional contra la impunidad debe empezar con la posibilidad de que la justicia federal pueda designar jueces más profesionales para resolver este tipo de violaciones, que son ejemplificativos para toda una nación.

No se trata solo de una perspectiva penal: juzgar crímenes de lesa humanidad. La propuesta habla de violaciones graves a los derechos humanos que, a mi juicio, implica una dimensión más amplia. Esta justicia no es sencilla. Es compleja, delicada y altamente sensible para la sociedad. Exige conocimiento riguroso de estándares internacionales, jurisprudencia comparada y doctrina avanzada. El deber de trato digno para con la víctima es fundamental. No se trata de dirimir conflictos patrimoniales en donde el interés privado exige un juez de estricta legalidad para defender las cosas. En las violaciones graves de los derechos se pone en debate no solo la dignidad de una persona, sino también la manera en cómo una comunidad debe reprochar la atrocidad para que nunca más vuelva a pasar.

La vocación judicial es diferente. No es un juez de amparo que se entrena para sobreseer asuntos. Se trata de defender personas y el patrimonio de la humanidad. Su sensibilidad para entender los problemas implica una militancia especial: la mayor protección de los derechos de las víctimas.

En México, hemos sido testigos de innumerables atrocidades. Los organismos internacionales han denunciado la impunidad de los hechos como regla general. Cuando se llega a judicializar un caso grave (Ayotzinapa, por ejemplo), los problemas de la justicia comienzan a develar los problemas estructurales: uso de la tortura para investigar, jueces insensibles con las víctimas, investigaciones sin debida diligencia, acusaciones deficientes, condenas sin protección de derechos para la reparación integral.

El viacrucis de la víctima ha sido un trato cruel e inhumano. Las personas que resienten el daño no tienen acceso a la justicia. Esa es su demanda principal. Justicia para encontrar a su hijo, justicia para saber la verdad, justicia para lograr una reparación adecuada. Pero sobre todo justicia para condenar, en juicio justo, a los autores o perpetradores de las graves violaciones.

Es claro que la justicia transicional para erradicar la impunidad estructural es una agenda que se debe discutir. Mientras tanto, si se aprueba la reforma, el Consejo de la Judicatura Federal podrá designar jueces ad hoc para impartir la justicia más sensible en el contexto actual de crisis de los derechos.

El reto de su implementación no reside solo en el poder de crear este tipo de jurisdicción. El problema está en formar jueces sensibles y preparados para este tipo de justicia. El Poder Judicial requiere un nuevo tipo y prototipo de persona juzgadora para impartir en forma correcta lo que corresponda a las víctimas.

No es solo designar a los mejores jueces que la Judicatura cree tener. Es necesario un programa judicial de derechos humanos para sensibilizar y formarlos en las diferentes violaciones graves. Es un modelo de justicia estructural que pretende, con sus precedentes, transformar la realidad de impunidad en procesos de justicia de reparación y de paz.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, con recursos muy limitados, se ha ganado el prestigio de una justicia relevante por el valor de sus decisiones. Sus precedentes son las que le han dado dignidad a la justicia. El Poder Judicial Federal tiene más recursos; ahora necesita aplicarlos mejor para impartir esta demanda tan sentida en la República.

Esta iniciativa de reforma federal, por tanto, debe convertirse en una justicia «para y con las víctimas». Este tipo de jueces es el primer paso.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.