Guerra de patentes por la cura del COVID-19
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Guerra de patentes por la cura del COVID-19

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Guerra de patentes por la cura del COVID-19

20/03/2020

Por Oliver Galindo Ávila, socio de Deloitte Legal

La comunidad científica mundial está volcada sobre un objetivo claro, encontrar un tratamiento para combatir al temido virus COVID-19. El interés por encontrar la cura no es simplemente humanitario, asegurar los derechos de patente sobre el tratamiento podría generar ganancias nunca antes vistas en la industria farmacéutica.

Hay esperanzas de lograr una vacuna, pero las pruebas para garantizar su seguridad tardarán al menos un año.

No podemos esperar, nos enfrentamos a una enfermedad que está matando entre el uno y cuatro por ciento de los pacientes contagiados. Si el COVID-19 sigue expandiéndose, en un año podríamos estar lamentando millones de muertes a nivel global.

A diferencia de la influenza, no está claro que los contagios disminuirán durante el verano. En Singapur, por ejemplo, el virus se esparció rápidamente a pesar de su clima húmedo y caluroso. Las medidas actuales retrasan su propagación, pero no podemos mantenerlas por siempre.

La cura podría ser un medicamento antiviral, esa también fue la solución durante la epidemia de la influenza A-H1N1; el ingrediente activo Oseltamivir (Tamiflu) resultó eficaz para tratar a los infectados. El medicamento estaba patentado por la empresa Gilead Sciences, que obtuvo ganancias millonarias producto de las regalías.

Dicen que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar, y es sumamente difícil que una compañía farmacéutica invente en dos ocasiones la medicina que salva al mundo de una pandemia, pero la empresa Gilead Sciences podría ser la excepción, pues resulta que una de sus filiales es dueña de la patente que protege la sustancia denominada Remdesivir, la cual se perfila como el tratamiento más viable contra el COVID-19.

Varios países han concedido autorizaciones provisionales para que se aplique el Remdesivir a algunos pacientes infectados por el COVID-19; aún estamos en espera de los resultados definitivos, pero las acciones de Gilead Sciences están subiendo rápidamente en las bolsas de valores.

Hay mucho dinero de por medio y ya empezó la guerra de patentes, una empresa China presentó su solicitud para adueñarse del uso de Remdesivir para el tratamiento del COVID-19 y seguramente otros laboratorios intentarán estrategias parecidas.

Gilead Sciences está en una encrucijada, por un lado, tiene la oportunidad de obtener ganancias monumentales, pero si no ofrece precios razonables, varios países podrían ignorar sus patentes por causas de “utilidad pública”; en Estados Unidos ya enfrentó acusaciones por los altos precios de sus medicamentos contra el VIH y esa reputación podría resultarle contraproducente.

En México no se ha tocado el tema en las “mañaneras”, pero la Barra Mexicana Colegio de Abogados ya le pidió al presidente que instale urgentemente el Consejo de Salubridad General y declare al COVID-19 como una enfermedad grave y de atención prioritaria.

Esa declaratoria es indispensable para que México pueda, llegado el momento, autorizar a los laboratorios nacionales para fabricar el antiviral Remdesivir o cualquier otro medicamento patentado que resulte indispensable para el tratamiento del COVID-19.

En condiciones normales, se permite que el dueño de la patente controle la distribución de su medicamento, pero si el Remdesivir resulta eficaz contra el COVID-19, se desatará una demanda súbita que será muy difícil abastecer. Cuando la demanda supera a la oferta, sólo quienes pueden pagar más logran acceder al producto.

Otros países ya están tomando precauciones; por ejemplo, en Taiwan ya entraron en negociaciones con Gilead Sciences para empezar a sintetizar el Remdesivir y así estar listos para producir masivamente cuando sea necesario. Esta capacidad de producción puede abatir el precio, pero fabricar estas moléculas no es cosa fácil, es mejor irse adelantando.

Sin embargo, esta administración federal no se ha distinguido por ser eficiente en el abasto de medicamentos, ahí está el caso de los tratamientos oncológicos, si llegado el momento no tenemos capacidad para producir, dependeremos exclusivamente de los laboratorios extranjeros y lo más probable es que no estemos en su lista prioritaria.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.