Detrás de los aranceles de Trump
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Detrás de los aranceles de Trump

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Detrás de los aranceles de Trump

07/06/2019

Por Alejandra Marcos, directora de Análisis y Estrategia en Intercam Casa de Bolsa

El pasado 30 de mayo, a través de un comunicado de la Casa Blanca, el presidente Trump anunció que implementaría aranceles del 5 por ciento a la totalidad de productos mexicanos importados hacia Estados Unidos, a partir del 10 de junio. Esto, como medida para presionar al gobierno mexicano en sus esfuerzos para detener el flujo de migrantes ilegales. Si bien el arancel se justifica en la Ley de Poderes Económicos para Emergencias Internacionales, viola las reglas de la Organización Mundial de Comercio y del todavía vigente TLCAN. Este arancel se incrementará paulatinamente hasta llegar al 25 por ciento el 1 de octubre, en caso de que no se logre resolver la crisis migratoria.

Lo que Estados Unidos pretende es que México firme un acuerdo de “Tercer País Seguro” o en inglés “Safe Third Country”. Este acuerdo bilateral, pretende frenar la inmigración de refugiados hacia Estados Unidos. Básicamente lo que propone es declarar que México es una nación segura y que una vez cruzada la frontera de México, los refugiados pudieran permanecer en el país, dado que su vida no se encuentra en peligro. Ello, frenaría la inmigración hacia Estados Unidos. El tema económico es uno de los más relevantes en esta situación, porque se necesitan recursos para poder aceptar a los refugiados y es algo con lo que no cuenta el gobierno mexicano. Es así que, de entrada, la implementación de aranceles no es una cuestión comercial, sino es de seguridad nacional y migración.

Hay que recordar que el siguiente año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y que Trump lo que busca es la reelección. Si nos remontamos al 2016, gran parte de su discurso, por cierto sumamente aplaudido, fue menospreciar a México. Fuimos su saco de golpeo, y le resultó. El tema de aranceles es meramente electoral, para tratar de agradar nuevamente a su base de votantes y aumentar su índice de aprobación. Sin TLCAN qué negociar, los aranceles acaban siendo un golpe fuerte para México, y él lo sabe. Hay una asimetría enorme entre ambas economías, y Trump tiene la sartén por el mango. Ello, aunque la Cámara de Representantes en Estados Unidos se haya pronunciado en contra, e inclusive algunos miembros del Partido Republicano, así como del negociador en jefe de temas comerciales, Robert Lighthizer, y del secretario del Tesoro, Steven Mnunchin.

La implementación de aranceles a partir del lunes tiene probabilidades elevadas. Sin embargo, de momento considero que las posibilidades de que se escalen hasta el 25 por ciento son bajas, debido a que el escenario es sumamente disruptivo para la economía de México. Uno de los principales componentes que ha contribuido al crecimiento económico en los últimos años, han sido las exportaciones, que representan el 28 por ciento del PIB, y de éstas el 80 por ciento son hacia Estados Unidos. El implementar los aranceles en esa proporción sumiría a México en una recesión. El efecto inmediato es de contracción en el tamaño del comercio y por lo tanto de la economía.

La principal variable de ajuste es el tipo de cambio, donde desde el anuncio, el peso se depreció cerca del 3 por ciento. De continuar aumentando los aranceles, el tipo de cambio deberá de ser la principal válvula de escape, perdiendo valor en la misma proporción en términos reales que los aranceles que se implementen.

Para Estados Unidos el impacto pudiera ser menor en términos de su economía, pero aun de consideración, porque sumando los aranceles de México y los de China sumiría al país a una recesión tan pronto como en el 2020, y con ello el crecimiento económico del mundo se pondría en un enorme riesgo.

El escenario de escalamiento de aranceles es tan adverso que pensamos que tiene pocas posibilidades de cristalizarse. Posiblemente en la reunión del G-20 y en las siguientes semanas pudiéramos ver algún tipo de resolución, donde México tendrá que pactar porque, para nosotros, la factura es mayúscula.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.