Convertir extranjería en regionalización
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Convertir extranjería en regionalización

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Convertir extranjería en regionalización

14/06/2019

Cuando a Chomsky le preguntaban sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte solía decir que: “ni es tratado, ni es libre”.

El amago de la subida de aranceles comerciales por un tema migratorio, fue en esencia, el resorte más tangible y vendible en el corto plazo, pero no el más estratégico, ni el que representará la mayor ganancia en el largo plazo para la geopolítica mexicana (por primera vez puede hablarse de ello).

Lo que hoy ha logrado el presidente López Obrador y Marcelo Ebrard es que por primera vez se entienda que las realidades no se negocian; se reconocen. Ya no, ya no es la política exterior de México del “comes y te vas” o la de la “enchilada completa”.

Ante los golpazos sobre la mesa americana, ha imperado por primera vez en mucho tiempo una visión mexicana. En una negociación no gana el que más grita, sino el que más costos ocultos se evita. Hoy, entre más se “aísla” Estados Unidos del mundo, cada vez se integra más a México. No al revés. China es una prueba clarísima de eso y lo saben en Washington.

Cómo hablar de una economía mexicana o americana cuando la integración de los procesos productivos es absolutamente regional: Los bancos de nuestro país pertenecen a extranjeros, las remesas de nuestros migrantes exceden a las exportaciones petroleras y al gasto turístico per cápita o las empresas de consumo al menudeo acaparadas por extranjeras (Costco, Walmart, Home Depot).

Convertir extranjería en regionalización. Sutil diferencia. “La movilidad debe ser optativa, no obligatoria”.

Norteamérica está condenada irremediablemente a ser Norteamérica. Y en función de ello, cuando hay política industrial, el costo tangible de la migración, se convierte en valor en la integración de un producto.

Casi cada dólar de inversión de capacitar a migrantes, es un ahorro directo en la infraestructura y en la seguridad de Estados Unidos. Así México puede lograr que cada migrante emergente se convierta en un trabajador y creador de empleo con poca inversión, y eso transforme por completo, las reglas del valor de contenido regional actual en el Tratado. El costo de capacitación, es en realidad una transferencia de ahorro para otro país, por lo que ello, debe contribuir a medir el valor de contenido que México, con esa inversión social, le evitará al gobierno norteamericano. Desarrollo migratorio es pues al final, ahorro e inversión del contenido de un producto.

La creación de cooperativas regionales es la propuesta inmediata a las llamadas maquiladoras. Este es un ejemplo tangible de como la cuarta transformación silencia al neoliberalismo.

Una maquiladora es un centro de trabajo aislado de una dinámica urbana. Una cooperativa es un grupo de personas de diferentes nacionalidades que se integran urbanamente a procesos de producción internacional pero sobre todo a modos de vida locales. La maquiladora aísla, la cooperativa interactúa.

En la maquiladora el obrero se queda como obrero, en la cooperativa puede evolucionar a ingeniero. Los procesos productivos en la maquila son básicamente primarios y de poca creación de valor; en la cooperativa no se le quitan empleos a mentes mexicanas, sino que se conectan con migrantes calificados o capacitándose ante una red de valor en la producción: mientras uno diseña, el otro produce. Mientras uno crea una marca, el otro la borda en una prenda. Mientras uno genera códigos compartidos de software, el otro asiste en call centers.

México no será la policía que detenga a los futuros migrantes de Estados Unidos; puede ser el capacitador que los evite y ese costo oculto tiene un valor altísimo. Solo se gana cuando se aprende a reclamar lo que el otro no ha querido ver.

El gran peligro de la historia del comercio mundial ha sido confundir integración comercial con sumisión política. Hoy, México le ha puesto por primera vez en mucho tiempo, una propuesta a Norteamérica.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.