Churchill y Meade: Las horas más oscuras
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Churchill y Meade: Las horas más oscuras

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Churchill y Meade: Las horas más oscuras

23/02/2018
Actualización 22/02/2018 - 20:47
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Los políticos no tienen mucho tiempo para leer. Pero es recomendable vean ciertas películas. Hay una que podría ser incluso importante para el candidato del PRI, porque la lección histórica que imparte se convierte en una metáfora útil, guardadas todas las proporciones, para las decisiones que puede tomar en su actual batalla electoral.

Se trata de Las horas más oscuras, del director Joe Wright. Aparte de los valores cinematográficos de esta película, cuenta la historia de una toma de decisión, trascendente en la historia mundial, pero que además enseña cosas que deben practicarse cuando se tiene una responsabilidad pública y se vive una crisis.

La resumo, es una historia conocida. A Winston Churchill no lo quería ni su partido al convertirse en primer ministro. El rey no le tiene la menor simpatía y dentro de su facción política conspiran en su contra. La circunstancia es muy difícil. Un enemigo carismático, Adolfo Hitler, al frente de un ejército poderoso, marcha hacia la victoria. Son horas oscuras.

Lord Halifax propone el armisticio y entra en contacto con el embajador de Benito Mussolini, para negociar con los alemanes. Churchill duda y termina por aceptar la postura de sus consejeros. Son los días de Dunkerque. Va a rendirse y que Inglaterra pierda la guerra.

Al día siguiente va al Parlamento para capitular; antes decide bajar de su auto e irse en el tren urbano. En el vagón platica con unos ingleses: un actor, un trabajador de correos, una ama de casa, una niña, etcétera. La opinión de ellos es distinta: no hay que rendirse. Al llegar al Parlamento confronta a miembros de su partido; de un lado está la postura de sus consejeros y los políticos, del otro, unas voces del pueblo. Opta por éstas.

Esa tarde pronunció aquel discurso histórico, breve y sencillo, donde dice que se va a pelear en las playas, en las calles, casa por casa. Toma esa decisión, emotiva y estratégica al mismo tiempo, y nace como líder a pesar de la situación desesperada, los antecedentes de su nombramiento y sus propios defectos personales.

Esta película muestra que:

1. Toda estrategia es en realidad una toma de decisión y es integral, no hay medias tintas. La mejor definición estratégica en una guerra –incluso una guerra electoral– es que toda defensa es un ataque y todo ataque es una defensa.

2. Hay que saber escuchar al pueblo. A veces es posible perderse entre generales, consejeros y políticos. Una crisis significa asumir riesgos para enfrentarla y lo que parece lógico no es lo que está siempre en el sentimiento de la gente.

3. Ya que hay una decisión, es decir, una estrategia, hay que saber conducirla con voz sencilla y contundente. Sobre todo en una campaña, este tipo de mensaje es lo que hoy le llaman dominar la agenda pública.

Al contrario de lo que dicen los oportunistas y fanáticos, Andrés Manuel López Obrador es, hoy más que nunca, un verdadero peligro para México. Hay que ver sus propuestas: revivir el viejo autoritarismo, hacer un pacto con el narco, desaparecer al Ejército al fusionarlo con las policías, parar la construcción del aeropuerto complaciendo intereses estadounidenses, anular a la Suprema Corte de Justicia, llevar delincuentes al Senado, implantar una dictadura “moral”, quebrar nuestra economía con su populismo, dividir a los mexicanos (basta asomarse a las redes sociales y verlo). Para defendernos de esto, necesitamos un líder. Ricardo Anaya ha demostrado que no puede serlo. ¿José Antonio Meade decidirá asumir este papel? Quizás le sirva darse el tiempo para ver Las horas más oscuras e inspirarse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.