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Adolescentes y jóvenes hondureñas en México: ¿cómo imaginar nuevas soluciones?

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Adolescentes y jóvenes hondureñas en México: ¿cómo imaginar nuevas soluciones?

01/09/2020

Gretchen Kuhner, directora del IMUMI*

Cuántas veces hemos escuchado a una niña o niño decir “cuando sea grande quiero ser…”. Tal vez le vienen a la mente diversas ilusiones que usted tenía cuando era menor: ser profesora, policía, veterinaria, médica, arquitecta, ingeniera, chef, científica o cualquier otra cosa que le permitiera su imaginación. Difícilmente habrá escuchado a una niña o niño decir “cuando sea grande quiero ser migrante”, porque nadie aspira a tener que abandonar su país forzado por las circunstancias, ni mucho menos hacerlo sin documentos y siguiendo un camino lleno de peligros.

Sin embargo, para miles de niñas, niños, jóvenes y adolescentes esta situación es una realidad. Hoy, a pesar de las restricciones impuestas por la pandemia, y como resultado de la severa crisis socioeconómica causada por la corrupción y represión que vive América Central, miles de personas siguen escapando de la pobreza y la violencia extrema que viven sus países. Cada vez hay más mujeres que huyen junto con sus familias de la violencia y la falta de oportunidades para solicitar asilo. En 2019, las mujeres, niñas, niños y adolescentes conformaron más de 70 por ciento de las personas solicitantes de asilo en México.

Ante esta situación, en el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI), con el apoyo de Fondo Semillas y Psicólogos Sin Fronteras, realizamos una investigación sobre las adolescentes y jóvenes hondureñas en México. Los resultados arrojan un panorama muy complejo sobre las condiciones de vida que las obligan a migrar:

• Las mujeres son discriminadas, lo que aumenta su exclusión y la distribución desigual de la comida, la salud, la educación y la carga de trabajo en el hogar.

• Desde muy pequeñas sufren de violencia en sus hogares, lo que las obliga a casarse a temprana edad y encontrarse con abusos, control y violencia por parte de sus parejas.

• Es limitado el acceso de las niñas, adolescentes y jóvenes a la información y a servicios de salud sexual y reproductiva.

• Una de cada cuatro adolescentes entre los 15 y 19 años de edad es madre, con implicaciones importantes en su trayectoria de vida como el abandono escolar y dificultades para su inserción en el mercado laboral.

• Las mujeres se han convertido en territorio tanto de venganza como de desprecio por parte de grupos criminales, lo que sitúa a Honduras como uno de los países con mayor número de feminicidios a nivel mundial.

Por esa razón, nuestro estudio hace un llamado a las autoridades mexicanas para:

1. Garantizar acceso a protección para todas las niñas y mujeres jóvenes hondureñas que expresen miedo de regresar a su país;

2. Facilitar el acceso a la educación para toda la población, sin importar su nacionalidad, estatus migratorio o documentación;

3. Promover iniciativas de acceso al empleo con perspectiva de género; y

4. Ampliar y especializar los servicios de salud mental, sexual y reproductiva para adolescentes y jóvenes migrantes.

La situación económica y social que México enfrenta con motivo de la pandemia nos podría hacer pensar que no es deseable o posible destinar recursos para ayudar a personas que vienen del exterior. En IMUMI pensamos que tenemos que ampliar nuestra mirada y comprensión del reto migratorio. Al promover que el Estado cumpla su deber legal y ético y brinde protección a una población altamente vulnerable, estaríamos contribuyendo a mejorar la situación de toda la sociedad. La población migrante y solicitante de asilo puede convertirse en parte de la solución a los problemas que aquejan a nuestro país, si se les brindan los canales para participar en la vida productiva e insertarlos a la sociedad de manera constructiva. Ellas ya están aquí, y podemos hacer mucho más de lo que hoy hacemos para que su presencia sea positiva.

Los retos no son sencillos, pero es claro que perseguir, capturar y privar de la libertad a las personas migrantes no nos está convirtiendo en una sociedad más justa, con más empleos o más segura. Al contrario. Por eso, nuestro llamado es a repensar esa política migratoria y promover leyes y decisiones más justas, más humanas y más dignas de un país del tamaño y la importancia de México. Invitamos a las y los lectores a ver a las niñas, adolescentes y jóvenes hondureñas como personas con los mismos derechos que todos, y abrirles oportunidades para que puedan contribuir con su energía, su talento y sus ideas a hacer de México un mejor país.

* IMUMI: Instituto para las Mujeres en la Migración, AC.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.