Colaborador Invitado

El panorama laboral de las futbolistas mexicanas

A pesar del crecimiento tan positivo de la Liga MX Femenil, hay aun diversos aspectos relacionados con el panorama laboral de las jugadoras en los que seguir trabajando.

La autora es Abogada en Bellver Sports y Árbitra del TAS/CAS.

El futbol femenino está en un momento de crecimiento y profesionalización. En su centro, las jugadoras, quienes demandan mejores condiciones no solo laborales sino a nivel técnico, de instalaciones e infraestructuras. Desde la conocida reclamación de las futbolistas de la selección de EU sobre discriminación de género sistemática, hasta el #Seacabó viral tras los vergonzosos acontecimientos del presidente Luis Rubiales, durante la entrega de medallas de la final del último campeonato del mundo femenino, lo que se ha ido produciendo es un movimiento global, promovido por jugadoras en diferentes partes del mundo, pero con un denominador común: la mejora de sus condiciones laborales.

A pesar del crecimiento tan positivo de la Liga MX Femenil, hay aun diversos aspectos relacionados con el panorama laboral de las jugadoras en los que seguir trabajando. Según el último informe de la FIFA sobre el pluriempleo en el futbol femenino, publicado el 5 de abril de este año, donde la máxima institución del fútbol estudia en varios países, entre ellos México, las circunstancias laborales que rodean a las jugadoras de élite, existe aún un 19% de jugadoras que mantienen un segundo empleo además del futbol.

El informe concluye con cuatro recomendaciones principales para las partes interesadas:

• Considerar a las futbolistas de forma integral.

• Ser conscientes de la carga de trabajo que suponen para las jugadoras el pluriempleo y demás obligaciones, como las de cuidado o maternidad, y ajustarse a ellas.

• Ayudar a las futbolistas a compaginar múltiples responsabilidades: si el futbol no puede ser flexible, es necesario dotarles de más seguridad.

• Adoptar un doble enfoque para la dotación de recursos y gestión de las carreras futbolísticas.

Es cierto que hay jugadoras con rangos salariales altos y competitivos en México, y también clubes que están invirtiendo en estructura, cuerpo técnico y presupuestos para poder ser competitivos y proporcionar un trabajo de calidad a sus jugadoras. El camino se está haciendo y hay muchos desafíos por delante, sin embargo, ¿qué más se necesita que en otros países puede servir como referencia? Desde mi experiencia, los convenios colectivos son clave.

Un convenio colectivo es un contrato entre un empleador/liga y un sindicato o asociación de jugadoras, en el que se acuerdan, entre otros, las condiciones mínimas de empleo, los salarios y los horarios y descansos.  Según datos de la FIFA, entre las ligas, el 32% mantenía un convenio colectivo en vigor en la temporada 2021-2022, y las que lo tenían eran más propensas a tener un salario mínimo (82%) en comparación con las que no lo tenían (39%).

Los convenios proporcionan seguridad, estabilidad y un entorno laboral profesional, dotando de unas normas mínimas relativas a sus condiciones laborales. Uno de los convenios más exitosos por su contenido es el de EU, de vigencia hasta 2026, y que establece un salario mínimo partiendo de 35,000 dólares anuales con aumentos anuales del 4%.

¿Qué otros desafíos tenemos en el fútbol femenino? Desarrollar una estrategia sobre estos tres pilares:

• Liderazgo: profesionales adecuados trabajando en este sector para potenciar la industria.

• Producto: desarrollar un producto auténtico, diferente al masculino, con su propia identidad, con el que poder comercializar y generar recursos.

• Audiencia: el futbol femenino está aumentando en popularidad, aunque la asistencia media en las ligas de todo el mundo resulta baja. Trabajar en una estrategia que contribuya a fidelizar esa audiencia es una prioridad. Ejemplos positivos como los de los clubes de la Liga MX Femenil jugando en los mismos estadios que el equipo masculino es un claro impulsor.

Y para las jugadoras, un mensaje, la unión entre ellas genera el respeto que piden, pero también el temor suficiente para conseguir el cambio que se busca.

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