Colaborador Invitado

El líder estadista

La diplomacia corporativa se encargará de poner en el centro de las conversaciones todo aquel elemento estratégico que le permitirá a la compañía u organización construir su futuro.

Mauricio Gutiérrez, Managing Director de JeffreyGroup México

Ser CEO o líder de una compañía hoy no es sencillo. La transformación que vive el mundo, aunada a los retos existentes, entre ellos el remanente de la pandemia, la volatilidad y el caos de los mercados, el Brexit, los nuevos populismos, los ciberataques, las fake news, el avance del capitalismo social y el desapego de los colaboradores, entre otros, han puesto a la mayoría de ellos a enfrentar situaciones nuevas y extremadamente complejas.

A pesar de que el panorama no pinta bien ni parece sencillo, hasta un 74 por ciento afirma tener confianza en las perspectivas de crecimiento que se observan de cara a los siguientes tres años, según señala el estudio CEO Outlook 2021(1) elaborado por la consultora KPMG.

Ante esta situación, las primeras espadas de las compañías, sin importar el tamaño o sector, deberán enfocarse en generar mayor valor en sus stakeholders, especialmente en aquellos que son críticos y que condicionan su sostenibilidad.

La evaluación advierte que son varias las líneas de trabajo sobre las cuales tienen previsto avanzar los CEOs, entre las que destaca la necesidad de dibujar el rumbo para los próximos años a partir de la correcta gestión de los intereses y expectativas, de ahí que un 64 por ciento de ellos mencione que su principal meta será integrar su propósito corporativo en todo lo que hacen.

Lo anterior nos habla de la diversidad de enfoques existentes y de los muchos retos de los ejecutivos, quienes deben asumir una nueva mentalidad corporativa para operar en un entorno completamente glocal (global/local), donde, además de ser ciudadanos económicos, deben ser y comportarse como ciudadanos comprometidos con lo político y social, adquiriendo además obligaciones y compromisos en materia de sustentabilidad.

Esta ampliación del marco de obligación empresarial a nivel directivo está relacionado con el proceso de transformación de las economías y la cotidianidad digital, con las interconexiones entre individuos y stakeholders y su relevancia y autoridad moral, así como el cambio de expectativas de la sociedad, lo que impulsa un nuevo orden que tiene mucho que ver con la necesidad de promover los mecanismos corporativos para lograr la adecuada comprensión del capital reputacional y relacional, asociados al negocio y buen gobierno corporativo.

Es ahí donde la diplomacia corporativa entra en juego, al tratarse de la habilidad de dirección que le permite a cualquier CEO hacer frente y gestionar de forma eficaz y eficiente los diferentes retos del entorno en el que operan.

De acuerdo con Witold Henisz, autor del libro Corporate Diplomacy: Building Reputations and Relationships with External Stakeholders, la diplomacia corporativa es “la capacidad de los altos cargos para construir y mantener relaciones con los stakeholders externos y satisfacer las mayores necesidades de esos grupos de interés, de forma que se obtenga valor (para ellos)”.

Se trata de encontrar la manera adecuada  de interactuar con los contextos y personajes que están alrededor de la compañía, todos con distintas filosofías, ideologías, historias, antecedentes lingüísticos y culturales.

Hablamos, en resumen, de la necesidad de lograr interacciones exitosas con grupos de interés cada vez más diversos y sorprendentes, si lo que se pretende es mantener el horizonte de crecimiento en mercados donde impera la incertidumbre y el caos.

Pensando en esto, son varios los puntos por los que se puede comenzar a trabajar alrededor de la diplomacia corporativa. En primer lugar, es necesario adquirir un conocimiento profundo del entorno no mercantil, nos referimos al entorno ‘blando’ en el que opera la empresa, y de las expectativas de los stakeholders críticos.

Para lograrlo, las compañías deben utilizar herramientas de inteligencia competitiva y así crear redes de influencia e información entre los actores –gubernamentales o no– que conforman e inspiran la gestión de su entorno de riesgo ESGT.

Bajo este contexto, no resulta extraño que en los tiempos que corren las grandes corporaciones apuesten por un liderazgo diplomático para las altas posiciones. Nos referimos a ejecutivos cuyas habilidades y experiencia son comparables a las de los diplomáticos en las esferas gubernamentales: capacidad de liderazgo, habilidad de diálogo y relacionamiento, además de una buena imagen pública y visión global.

Sobre sus hombros recaerá, al fin y al cabo, la gestión eficaz de la reputación corporativa, activo intangible que se construye a partir de la confianza, la admiración, la estima y el respeto que se obtiene de los grupos de interés, siendo el activo intangible más importante de cualquier compañía que desea competir al máximo nivel en cualquier mercado, debido a las ventajas competitivas que genera al no poder copiarse.

Dicho esto, los nuevos estadistas se exponen a tener que negociar y consensuar un marco legal y regulatorio más favorable o, incluso, (re)inventar el propósito que permitirá generar un ambiente de equilibrio que, a la larga, logrará atraer y retener talento, siendo el principio (los colaboradores) del círculo virtuoso de cualquier negocio hoy en día.

Así, las empresas más exitosas serán aquellas que hagan de la experiencia en asuntos diplomáticos y la gestión multi-stakeholder un elemento central de sus operaciones, pues la diplomacia corporativa se encargará de poner en el centro de las conversaciones todo aquel elemento estratégico que le permitirá a la compañía u organización construir su futuro… y su legado.

(1) KPMG. (2021b, octubre). KPMG 2021 CEO Outlook. https://home.kpmg/mx/es/home/campaigns/2021/09/kpmg-ceo-outlook-2021.html

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