Existe un consenso internacional de que la pandemia por Covid-19 vino a trastocar toda la realidad como la concebíamos hasta principios de este año, estamos entrando a una nueva etapa del desarrollo mundial que apenas se está configurando. Se han delineado algunos rasgos de este nuevo entorno, pero no alcanzamos a definir cómo será el futuro, estamos entrando en terreno minado, en donde existe un alto grado de incertidumbre. Lo que es cierto es que las recetas del pasado han dejado de ser la solución, vamos a requerir un alto grado de innovación para articular una nueva realidad, que sea coherente con las metas del bienestar colectivo y crecimiento económico, estamos en la búsqueda de un nuevo acuerdo político, económico y social que nos proyecte hacia el futuro como una sociedad dinámica y socialmente articulada.
En este entorno, un punto toral es si seguiremos siendo una sociedad que fundamenta su crecimiento en mano de obra barata o si entraremos a una nueva etapa del desarrollo con una visión de transformación, en donde el eje fundamental sea la innovación. La actual administración realizó una reforma a la Ley Federal del Trabajo para impulsar el crecimiento de los salarios por la vía de una mayor productividad. Sin embargo, este incremento sólo se podrá hacer realidad si impulsamos un programa autentico de ciencia y tecnología, de lo contrario los cambios en el salario tendrán que continuar siendo por decreto. El cambio requerido es sumamente complicado, pero queda claro que hay que asumir un compromiso de transformación productiva. De acuerdo con el recuento que realiza la OECD entre sus miembros, los estados del bienestar europeo, como Suecia, destinan 3.32 por ciento del PIB a programas de innovación, Dinamarca 3.035, Finlandia 2.755, Noruega 2.061 y la economía Alemania 3.130. En el este asiático estas proporciones son aun mayores porque tienen claro que es la única forma de competir en la economía global, Corea del Sur destina 4.33 por ciento del PIB, Japón 3.125 por ciento y China 2.141 por ciento. Nuestros socios del TMEC tienen también claro que es necesario invertir en ciencia y tecnología, Estados Unidos invierte 2.826 por ciento del PIB y Canadá 1.858. Frente a esta abrumadora realidad, México no ha querido cambiar su modelo e invierte sólo 0.313 por ciento del PIB en ciencia y tecnología.
México se ha caracterizado por tener un bajo gasto en ciencia y tecnología. El año que más ha desembolsado para este propósito fue 2010 que alcanzó 0.495 por ciento del PIB, parecía ser que estábamos redirigiendo el modelo de desarrollo, pero desafortunadamente no hubo consistencia y hoy invertimos menos que hace diez años. ¿Qué pasa? El debate es sumamente complicado, el 23 de junio pasado se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 'Programa Institucional 2020-2024 del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología'. En él se especifican como prioridades el fortalecer a las comunidades de CTI y de otros conocimientos; articular un ecosistema de innovación que integre a los diferentes actores de desarrollo científico, tecnológico y de innovación del país para la atención de las prioridades nacionales, con estricto cuidado del ambiente, respetuosos de la riqueza biocultural y en favor de la sociedad.
La expectativa era que el presupuesto de ciencia y tecnología se elevara para dar congruencia al programa. Sin embargo, esta expectativa se desplomo al darse a conocer la propuesta de presupuesto de egresos de la federación, en donde se muestra que la apuesta no es por la ciencia y la tecnología. De acuerdo con los Criterios Generales de Política Económica y ratificado por la propuesta de Presupuesto de Egresos de la Federación, el gasto en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología será de 0.1 por ciento del PIB para 2021. Esta situación se hace aún más crítica con la decisión de eliminar los fideicomisos destinados a promover la ciencia y la tecnología en el país, bajo el argumento de corrupción. Si ese hubiera sido el caso se hubiera exhibido a los corruptos y se les hubiera remplazado por gente honesta. Su desaparición traerá una debacle, ya que era un mecanismo ideal para que se realizaran aportaciones de los sectores público y privados a la ciencia y la tecnología. Con esta decisión se está comprometiendo negativamente el futuro del país, ya que sus recursos se destinarán a llenar faltantes en otras áreas de la administración. Es necesario que la sociedad demande reorientar el desarrollo hacia una visión intensiva en conocimiento. Se requiere entender que el futuro no está en las materias primas, sino en el desarrollo de un proceso de innovación acelerado que transforme el aparato productivo, de un esquema de bajos salarios a uno de altos salarios basados en la transformación productiva innovadora.
Considerando lo anterior es necesario que la Cámara de Diputados realice una discusión a profundidad sobre el Presupuesto para evitar que se condene a la ciencia y a la tecnología a tiempos aciagos de debacle y destrucción. Se requiere de un debate público informado sobre la trayectoria que se busca dar a la ciencia y a la tecnología, no podemos conformarnos con el desarticulado debate que se nos ha presentado con el proyecto de Presupuesto y con el debate para desaparecer los fideicomisos. Es aún tiempo de rectificar, de lo contrario, condenaremos a la sociedad mexicana a vivir una nueva época de oscurantismo y de explotación de los trabajadores como mecanismo de competitividad.