Clemente Ruiz Duran

COP28: Retos para un planeta enfrentando los embates del cambio climático

La visión de la presidencia de la COP28, Emiratos Árabes Unidos, se articula en torno a acelerar la transición energética y reducir las emisiones a 2030.

La COP28 comienza esta semana en medio de tensiones geopolíticas y un empeoramiento de los impactos climáticos en las poblaciones más vulnerables. México se presentará a la reunión después de enfrentar en forma dramática los efectos del cambio climático con el huracán Otis, con un gran reto por delante, el de instrumentar una política económico–ambiental que permita preservar el medio ambiente y a la vez genere una economía verde que sea capaz de establecer nuevos modelos de consumo, de producción y de convivencia urbano–rural.

Dubái se convierte en esta cumbre en el epicentro mundial del diálogo acerca del cambio climático. Bajo el lema Unite.Act.Deliver (Unir, Actuar, Ofrecer Resultados), la COP28 se presenta como un hito en la agenda climática global de esta década con la presentación del primer balance mundial sobre los avances globales respecto a los objetivos del Acuerdo de París, adoptado en 2015 en la COP21.

La visión de la presidencia de la COP28, Emiratos Árabes Unidos, se articula en torno a acelerar la transición energética y reducir las emisiones a 2030. En esta perspectiva se ha planteado como objetivo el triplicar la capacidad renovable en 2030. Con este fin se pretende duplicar la relación de eficiencia energética, aumentar la electrificación y reducir las emisiones de metano a 2030, así como el uso de combustibles fósiles.

En materia de financiamiento climático se buscará cumplir las promesas hechas y sentar las bases para un nuevo acuerdo global en ese ámbito. El financiamiento es un tema clave en un año en el que se debate la reforma del sistema financiero multilateral para responder mejor a las necesidades de los países en desarrollo. En esta perspectiva se debe asegurar que se cumpla el objetivo de duplicar el financiamiento, así como avanzar para sentar las bases del Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificable de Financiamiento Climático que deberá aprobarse en 2024 y cubrir las necesidades de los países en desarrollo. La perspectiva es que este fondo se establezca en el Banco Mundial, a lo que se han opuesto varios países, ya que argumentan los medioambientalistas que es una entidad dedicada a dar préstamos y el espíritu del fondo debería ser que pagara por los daños ambientales y no para prestar recursos por los daños y pérdidas por cambio climático.

Una preocupación central para América Latina es quiénes recibirán recursos de este fondo. En principio, bloques como el de la Unión Europea buscan que solo se destine a manos de las pequeñas islas y los países menos desarrollados que, de hecho, bajo la lupa de las negociaciones climáticas, ya están cobijados bajo una figura conocida como “circunstancias especiales”, que les da la etiqueta de ser más vulnerables al cambio climático, lo que no solo les garantiza más atención, sino más recursos. En el borrador elaborado en Egipto hace un año, se acordó que el dinero se asignara bajo un “sistema de asignación de recursos”, ya que el establecimiento de criterios de vulnerabilidad o pisos de financiamiento podrían limitar severamente los fondos disponibles hacia América Latina.

Una cuestión de suma importancia es que por primera vez en una COP se celebrará una reunión ministerial sobre el nexo clima-salud, la cual deberá establecer mecanismos que eviten la depredación del medio ambiente, para garantizar que esto afecte a la salud y garantice la supervivencia humana en las décadas por venir.

En el debate internacional una mala noticia es que a la reunión no atenderá el presidente Biden, lo que para muchos es una muestra que Estados Unidos no ha cumplido con su programa de reducir las emisiones, ni está comprometido a un gran apoyo al cambio climático. Contrariamente a esta visión China presentará en la COP sus avances para recortar su dependencia de energías fósiles. El gran programa que está instaurando busca elevar las bases de energías renovables a 455 gigavatios de turbinas eólicas y paneles solares en zonas desérticas. Se trata de la mayor capacidad de generación de energía limpia de la que actualmente está disponible en cualquier país fuera de China, y casi del tamaño de toda la red eléctrica –incluidas las plantas de carbón y los reactores nucleares– de la India, el tercer sistema más grande del mundo.

En esta perspectiva, México no se ha comprometido a un gran proyecto para reducir sustancialmente su dependencia de energías fósiles, la gran pregunta que surge es cuáles serán las propuestas para establecer metas más ambiciosas en esta materia. Hasta el momento poco se ha discutido cuáles serán las metas medioambientales para el período 2024 a 2030, y el escenario más dramático sería que no se establecieran metas claras y se preservara la falta de definiciones medioambientales por otros seis años, tenemos que estar conscientes que esta área es la más critica para evitar tragedias medioambientales como las que hemos vivido en los últimos años.

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