Opinión Carlos Serrano Herrera

La economía en 2021: el impulso de Estados Unidos será insuficiente

El efecto positivo que sin duda tendrá la expansión fiscal estadounidense no llegará a tiempo para prevenir una primera mitad de año mala en México, en términos económicos.

El autor es economista en jefe de BBVA México .

El grado de incertidumbre en torno al desempeño que tendrá la economía del país este año es mucho mayor al usual. Por ejemplo, antes de la pandemia, a estas alturas del año los pronósticos de crecimiento del Banco de México se presentaban en rangos de un punto porcentual entre el escenario más pesimista y el más optimista. En esta ocasión, el rango es casi cinco veces mayor, pues la previsión en el límite inferior es de 0.6 por ciento, mientras que en el superior es de 5.3 por ciento. De igual forma, las previsiones de analistas del sector privado muestran un nivel de dispersión significativamente mayor al observado en años previos. Esta alta incertidumbre se explica, desde luego, por la pandemia. Si aparecen nuevas cepas que aceleren el número de contagios y el proceso de vacunación continúa lento, la economía crecerá menos y viceversa. Es por ello que me parece que el rango de previsiones del Banco de México es acertado.

En BBVA México tenemos un pronóstico puntual de crecimiento para 2021 de 3.2 por ciento (creo que sería más apropiado presentar rangos, pero el mercado así nos lo exige a los analistas). Recientemente lo revisamos desde un 3.7 al considerar que las nuevas medidas de distanciamiento social anunciadas a mitad de diciembre para la Ciudad de México, el Estado de México y otras entidades resultarán en una tasa de crecimiento negativa para el primer trimestre de este año y que la debilidad se extenderá hasta por lo menos el verano. Nuestro indicador adelantado señala que el consumo, que se venía recuperando de forma sostenida desde haber tocado piso en abril, volvió a decrecer a partir de noviembre, cuando se aceleraron los contagios y que esta desaceleración se tornó más pronunciada a partir de mediados de diciembre, cuando se adoptaron dichas medidas. Además, el muy lento avance en el proceso de vacunación −México se ubica en los últimos lugares de entre los países que han comenzado a inocular a su población− permiten prever que la inmunidad de rebaño se alcanzará más tarde que lo que se había estimado a finales del año pasado.

En todo caso, aun si se materializa el escenario más positivo del Banco de México, estaremos hablando de una recuperación gradual e incompleta. En 2020 −mañana conoceremos el dato preliminar− la economía habrá caído entre 8.5 y 9.5 por ciento. Ello significa que para alcanzar el mismo nivel que se tenía en 2018 (y digo 2018 porque hay que recordar que en 2019 hubo una contracción) la economía tendría que crecer casi un 10 por ciento. Estimo que no alcanzaremos el nivel de PIB que teníamos en 2018 sino hasta 2023.

Hay quienes piensan que el crecimiento será más cercano a 5.0 por ciento debido a que el estímulo fiscal que anunció el presidente Joe Biden (es para mí un gran alivio ya no tener que escribir el nombre de su impresentable predecesor) se traducirá en un impulso significativo para la economía de Estados Unidos y de la misma forma para la mexicana. Coincido en que dicha expansión fiscal resultará en una mayor recuperación de la economía de nuestro principal socio comercial, pero me parece que no será suficiente para ver crecimientos elevados aquí.

Lo anterior se debe a varios factores. Primero, todavía no conocemos el monto que tendrá el estímulo pues Biden tendrá que negociarlo en el Congreso. Segundo, los datos nos muestran que un mayor crecimiento en Estados Unidos no se traduce de forma inmediata en un mayor crecimiento en México. El efecto positivo que sin duda tendrá la expansión fiscal estadounidense no llegará a tiempo para prevenir una primera mitad de año mala en términos de actividad económica. Y tercero, no será suficiente para prevenir la debilidad en el consumo −que no desaparecerá sino hasta que la tasa de contagios baje de forma importante− y sobre todo, no compensará la debilidad en la inversión que ya se observaba desde antes de la pandemia y que obedece a la incertidumbre generada por diversas medidas de política económica. Basta recordar que en 2019 mientras que Estados Unidos crecía a una tasa de 2.3, la economía de México decreció. No se debe apostar a la economía de Estados Unidos para lograr la recuperación económica de nuestro país. Para ello es necesario hacer las tareas que aquí tocan.

COLUMNAS ANTERIORES

La inflación no está fuera de control
La demanda interna no reacciona, permanece débil

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.