Planeación: El proceso de formulación de la estrategia
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Planeación: El proceso de formulación de la estrategia

COMPARTIR

···
menu-trigger

Planeación: El proceso de formulación de la estrategia

20/12/2019
Actualización 20/12/2019 - 14:38

“Los planes son inútiles..., pero la planeación lo es todo”.

Dwight Eisenhower

Resulta muy útil considerar a la planeación como un proceso. Todos los procesos tienen como fin 'producir' un producto y, en este caso, el producto es la estrategia (o el plan estratégico). ¿Cuáles son los pasos de este proceso?

1. La decisión de iniciarlo. Es un importante paso y, a veces, puede ser en el inicio de una empresa, otras periódicamente (cada año) o cuando la situación lo amerite (un descalabro, o validar un nuevo negocio).

2. Darse recursos. La planeación es un proceso que los requiere, no sólo económicos (estudios de mercado comprar información o pagar los honorarios de un consultor). También se requiere tiempo (muy importante, no se puede planear dedicándole un ratito en la tarde), un espacio que sirva como war room y sobre todo personas.

3. Establecer un equipo de trabajo. Puede ser el equipo de dirección o personas de línea, pero tendrán que trabajar eficazmente llegando a resultados.

4. Reflexionar profundamente sobre la filosofía de la empresa. Definir (si no se ha hecho) o revisar (si ya existen) la misión (la razón de ser de la empresa), la visión (como quiere la empresa 'verse' a largo plazo, 10 años por ejemplo) y los valores principales. Si se viven, y si hay que eliminar o aumentar algunos. Aquí algunos ejemplos:

Misión (BIMBO): Alimentos deliciosos y nutritivos en las manos de todos.

Visión (COMEX): Ser reconocidos como la empresa líder en recubrimientos con la mayor confianza y cercanía con nuestros clientes, mediante la entrega de soluciones especializadas, sostenibles, innovadoras y de alta calidad.

Valores (HERDEZ): Honestidad, Orientación a Resultados, Trabajo en Equipo, Confianza.

5. Elaborar un cuidadoso diagnóstico. Usando el clásico (y útil) esquema del FODA. Internamente (en la empresa) identificar las principales fuerzas (capacidades o competencias) y las principales debilidades (o limitaciones). Externamente distinguir qué oportunidades pueden aprovecharse y qué amenazas nos apremian. Practicando aquí dos virtudes: 1º objetividad, a la hora de identificar oportunidades y amenazas, estamos conociendo la realidad, posteriormente la modificaremos, interesa ver las cosas como, son no como queremos que sean y 2º humildad a la hora de definir nuestras fuerzas y debilidades. La humildad es la objetividad con uno mismo.

6. Observar y escuchar a los clientes. Tener especial cuidado en escuchar (que no es lo mismo que oír) a los clientes. Esto no solo incluye preguntarles, también es necesario observarlos y entender muy bien como satisfacen sus necesidades (para ver si logramos diseñar una manera más eficaz para cubrirlas) y también identificando qué es lo que les disgusta.

7. Definir cual será el modelo de negocio. Resultado de los pasos anteriores habrá que ver cuál es el perfil de los clientes que queremos atender, cuál es la propuesta de valor que les vamos a presentar y cómo nos organizaremos para cumplirla (entregarla, en inglés: el delivery). Además hay que especificar cómo y dónde se generarán las utilidades (la parte de valor económico agregado).

8. Definir la estrategia. Llegamos al cierre, para ello proponemos la clásica definición de Alfred Chandler que dice que la estrategia consta de tres elementos que deben definirse claramente:

Primero: El objetivo (u objetivos) a largo plazo que se pretenden alcanzar (el qué).

Segundo: El plan de acción para lograra dichos objetivos (el cómo).

Tercero: Los recursos necesarios (incluye obtenerlos y asignarlos) para lograr los objetivos (el con qué).

En la planeación el proceso es más importante que el resultado. Cuando planeamos nos preguntamos muchas cosas que, al responderlas, nos preparan mejor para lo que venga, al planear imaginamos escenarios y pensamos cómo aprovecharlos, al planear de alguna manera estamos forjando nuestro futuro, y aunque la estrategia elegida no salga exactamente como queremos, la riqueza no está en definirla, sino en el esfuerzo para definirla. Ese esfuerzo es la planeación; por eso es tan valiosa.

Cierro con una frase de Napoleón: “Planeo mucho mis batallas, aunque nunca me salen como las planee”. Nunca le salían como las planeaba, pero casi siempre las ganaba, gracias a haberlas planeado cuidadosamente...

* Profesor decano del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.