Para ser un buen mentor
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Para ser un buen mentor

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Para ser un buen mentor

26/04/2019

Está de moda ser (o tener) mentor, pero aunque no lo estuviera, resulta muy útil tener a alguien que nos ayude en nuestro desarrollo. Se empieza de una manera muy sencilla, pero comprometedora para quien va a recibir la mentoría. Habrá ocasiones en que escuchemos cosas que no serán muy agradables, pues es un proceso de mejora personal. Por parte del mentor, también existe el compromiso de exigir, pero con caridad. Se trata de pensar primero en la persona y, aunque suene cursi, con mucho cariño exigirle para que mejore.

Tuve el privilegio de conocer y tratar a María Pliego Ballesteros, una extraodinaria maestra que enseñaba con el ejemplo de su vida, comprometida con la educación, esforzándose cada día en ser mejor. En su libro, Valores y autoeducación (Editora de Revistas, 7a edición, 1988), afirma de una manera muy clara y elocuente el papel del mentor: “La mirada objetiva y serena de alguien que nos quiera y conozca –una persona centrada, madura, con criterio, sin envidias ni predilecciones, sin adular ni sobajar—, nos será de suma utilidad. Pueden ser nuestros padres o hermanos, amigos o maestros. ¡Cuánto descubrimos de nuestra personalidad al ver la imagen que de nosotros tienen los demás!”

Carlos Llano, por su parte, en su libro La amistad en la Empresa afirma que, al preocuparse por los integrantes de su equipo de trabajo, el líder se interesa en mejorar y este proceso requiere de exigencia sí; exigir, pero con cariño, con caridad hacia la persona.

Estoy seguro de que cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra vida, tuvimos a alguien que nos hizo mejorar, pudo ser un maestro, nuestro papá o mamá, incluso algún jefe, y afirmo, sin temor a equivocarme, que lo que los caracterizaba era precisamente exigir, pero con cariño.

Al respecto, Anthony K. Tjan en uno de sus recientes libros Good People: The Only Leadership Decision That Really Matters (Penguin, New York, 2017) registra cuatro conductas que siguen los mejores mentores:

1. En primer lugar la relación, en segundo la mentoría. Por muy bueno que sea el programa de mentoría, nunca sustituye a una estrecha relación entre mentor y la persona que recibe la mentoría. (Quiero señalar que personalmente, no me gustan los términos para designarlo: discípulo, pupilo o aprendiz pues me parece que no refleja que quien recibe la mentoría es también una persona valiosa y comprometida. Los conceptos señalados me dan la idea de que tienen un nivel muy básico). Se trata de ir más allá de la relación jefe/empleado y encontrar terreno común como personas, que son amigas y se preocupan por el otro.

2. Enfocarse más en el carácter que en las capacidades o habilidades. La mentoría no es simplemente un programa de capacitación para adquirir habilidades de trabajo, a veces, será necesario adquirirlas, pero los buenos mentores van más allá y ayudan a quien mentorean a fortalecer su carácter, teniendo empatía y respeto por los demás. Los buenos mentores saben que en el largo plazo los valores son mucho más importantes que la adquisición de habilidades.

3. El optimismo a gritos, el cinismo a evitar. Quien recibe la mentoría puede tener ocurrencias que en principio parecerían descabelladas o irreales, a un mentor común y corriente se le ocurriría volverlo a la realidad, pero los buenos mentores “dan” energía no la “quitan”, por lo tanto, un buen mentor primero considera a fondo si la idea podría funcionar, antes de condenarla como irrealizable.

4. Ser más leal a quien da mentoría que a la propia empresa. Suena fuerte, pero primero es la persona, ya Carlos Llano lo afirmaba contundentemente: “Al buen líder le importan más las personas que hacen las cosas, que las cosas que hacen las personas”.

Siempre querremos que en la empresa permanezcan los mejores, los más brillantes y que sean muy eficaces. Dicho esto, los mejores mentores reconocen que el verdadero liderazgo es un servicio a los demás, y que la mejor manera de inspirar compromiso es comprometiéndose con los mejores intereses de los colegas y empleados.

Como buenos mentores, no se trata solamente de mejorar las capacidades que poseen, se trata también de conocer lo que les apasiona, que realmente encuentren su vocación. Se trata de ser algo más que mentores de carrera profesional.

Los buenos mentores no cancelan los sueños y aspiraciones de sus pupilos, al contrario, les ayudan a realizarlos aunque esto significara hasta cambiar de empresa. De ese tamaño es el reto.

* Profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.