La creación de riqueza en el nuevo milenio (Centrada en las personas)
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La creación de riqueza en el nuevo milenio (Centrada en las personas)

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La creación de riqueza en el nuevo milenio (Centrada en las personas)

08/11/2019

Teruyasu Murakami es el director de Instituto de Investigaciones de Estrategia Industrial en NTT DoCoMo (el principal operador de telefonía celular en Japón) antes fue “Senior Fellow” en el Instituto de Investigación Nomura (también en Japón).

Lo citamos porque es el autor de una gráfica que explica muy claramente la creación de riqueza (esta gráfica la muestra Tom Peters en su libro The pusuit of Wow!).

Sabemos que uno de los objetivos genéricos de la empresa es la creación de riqueza (o, como dicen los economistas “Valor económico agregado”) mediante este objetivo la empresa proporciona un valiosísimo servicio a la humanidad por diversas razones: transforma recursos escasos creando satisfactores para la sociedad y, en este proceso de transformación permite a los individuos la posibilidad de mejorarse a ellos mismos mediante su trabajo (ganan, se forman, y hacen algo por sus semejantes) además, al crear riqueza, la empresa obtiene recursos excedentes que pueden servir para: reinvertir, crecer, desarrollar a proveedores, pagar a su personal, retribuir el riesgo tomado a sus accionistas y pagar impuestos al gobierno.

A lo largo de la historia, la manera de crear la riqueza ha ido cambiando, evolucionando.

Primero estaba asociado a la agricultura (o mejor dicho a las industrias extractivas). El que generaba riqueza era el que tenía terrenos, ganado, bosques o minas.

Posteriormente la revolución Industrial (industrialización) cambió el esquema. Los activos (las fábricas) se volvieron los generadores de riqueza, los altos hornos para producir acero, o los hornos rotatorios para producir cemento, ahí se generaba la riqueza, en esta llamada “era industrial”.

A ésta la sucedió la época de intensificación de la información, aunque también puede pensarse que vino una intensificación de servicios. La creación de riqueza ya estaba en el manejo de la información y en la capacidad de ofrecer servicios. Vimos a empresas como IBM, que pasó de ser proveedora de computadoras (era una empresa industrial, de ahí su nombre original “Industrial Business Machines” y hasta de manejo de información) a ser una empresa de servicios. Este fenómeno sucedió también a nivel país: Estados Unidos, que fuera la enorme potencia industrial de mediados del siglo XX es ahora, mayormente una economía de servicios, de manejo de información.

Es importante asentar que, conforme van apareciendo nuevos “modos” de crear la riqueza, los modos anteriores no desaparecen, sino que se modifican mejorándose (Y así tenemos ahora agricultura industrializada, y hasta informatizada, etc.)

¿Y en que etapa estamos ahora? Parece ser que la creación de riqueza se encuentra ahora en las personas, lo que llamamos intensificación de creación.

Etapa de creación de valor basado en las personas: Una vez que los bienes se van volviendo más baratos y disponibles, una vez que la información es más fácil de obtener, es utilizable y aprovechable, resulta que el recurso crítico de creación de valor es una vez más… la persona, la mente humana. Con sus capacidades de creatividad, de observación, de deliberación, de innovación. La principal riqueza de las empresas, de las organizaciones y de los países es la calidad de las personas que las forman. Es conocida la anécdota de Microsoft, donde se afirma que sus activos (los que crean valor) todas las noches van a casa a dormir.

Aquí está la singularidad: antes la riqueza estaba en las tierras, en los animales, después estuvo en las máquinas, posteriormente en la información; pero ahora está en las personas y sus capacidades.

Regresando al Factor Humano

Lo paradójico de estas etapas es que al final de cuentas regresamos a la persona. Finalmente fue un ser humano el que empezó a desarrollar la agricultura; luego vino la fascinación por otras dos creaciones humanas: las máquinas, y las computadoras; fascinación también por la información y, al final, regresamos a ese hombre que se vuelve el transformador por naturaleza, y en tanto que transformador, innovador y creador de valor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.