A quien dirige lo caracteriza la acción; a quien innova la experimentación
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A quien dirige lo caracteriza la acción; a quien innova la experimentación

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A quien dirige lo caracteriza la acción; a quien innova la experimentación

23/03/2018
Actualización 23/03/2018 - 1:43

“El que actúa se equivoca (el que no actúa, no; pero tampoco logra nada)”.

El dr. Alejandro Llano dice, en su libro Una vida lograda, que hay dos tipos de acciones hablando del hombre: las acciones en las que producimos (por ejemplo hacer un sándwich, llenar un formulario o dar una plática) donde el resultado de estas acciones es lo que se conoce hoy como “entregable”; y las acciones que nos forman, poco a poco, como personas (por ejemplo si estoy platicando con alguien y digo la verdad, me estoy haciendo más sincero, si le digo mentiras, pues me estoy volviendo, poco a poco mentiroso).

En nuestro actuar nos vamos perfeccionando o empeorando, y hasta el hecho de “producir” hace huella en nosotros. Si hacemos nuestro trabajo bien, cuidando los detalles, no sólo será mejor el “entregable”, habremos adquirido algunas virtudes como la laboriosidad, la paciencia, el orden, etc.

Afirmo esto porque si hay algo que distingue a quien dirige es precisamente la acción. Finalmente (y a veces no es justo) a los directores los juzgamos por el resultado de sus acciones aunque bien sabemos que estas acciones son precedidas por la elaboración de un diagnóstico y la toma de una decisión. Hay malas decisiones que logran buenos resultados, también hay muy buenas decisiones que no logran obtener resultados aceptables, a veces por falta de empeño en su ejecución, a veces por verdaderos imponderables. Pero, en resumen: quien dirige actúa y, es juzgado por el resultado de sus acciones.

Actuar es entrar al mundo de la realidad, pasar del pensamiento a la acción; aunque hay quienes actúan sin pensar mucho y, aunque, a veces, la realidad destruye planes armados por muy bien planificados que estén (o al menos los modifica).

Innovar es actuar, actuar experimentando, y experimentar es estar sujeto a equivocarse. Experimentar es volver a los tiempos del laboratorio en secundaria cuando se trataba de hacer ensayos “prueba y error” para probar o verificar ciertas cosas. Experimentar es someter las ideas a la realidad, no debatirlas en una discusión para ver si sirven, mejor es probarlas en la práctica.

Equivocarse es cometer errores (aunque me cuestiono si realmente son errores, pero bueno, aceptémoslos y llamémoslos así). Lo que es indiscutible es que se puede aprender (y mucho) de los errores. Tomás Alva Edison es famoso entre otras cosas por los más de 500 experimentos que hizo para encontrar el filamento adecuado para el primer foco, (que dio origen a la electricidad, un sector importante de la economía) y, “de pasada”, le ayudó a la creación de General Electric.

Cuando le preguntaban si no se sentía mal después de 500 fracasos (errores) contestaba: “No, no son 500 errores, ahora ya conozco 500 maneras en las que no va a funcionar…”. ¡Vaya manera de saber aprender de los errores!

Hablando de “errores” un artículo de The Economist afirmaba: “Apple aprende de sus errores, comprueba así, que hay que fracasar “sabiamente”; la Macintosh nació de Lisa, una computadora que fracasó. El iPhone, de una joint-venture con Motorola que no resultó. El sistema operativo X (diez), de NeXT, la compañía fundada por Jobs, que desapareció. Corolario: No hay que “estigmatizar” los fracasos, hay que tolerarlos y aprender de ellos”.

Y aquí nos queda un mensaje, una exhortación a quienes desean innovar: hay que actuar, experimentar, probar, con un propósito claro, con una visión en mente de lo que se quiere obtener, permitiendo un cierto desorden, un caos necesario para la creatividad, pero también experimentando “ordenadamente”, registrando lo sucedido, evitando la duplicación de errores y, sobre todo, aprendiendo y capitalizando el proceso. Un amigo lo describiría como: buscar, al innovar, un “caos ordenado” o un “orden, un poco caótico”.

Son los burócratas, los mediocres, los que no actúan, los que se escudan en el status quo, quienes matan las innovaciones, conformándose con la realidad. Por el contrario, los emprendedores siempre arriesgan, se “pelean” con la realidad y combaten a contrapelo (es difícil). Recordemos al libertador: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Estas son palabras de Simón Bolívar, luego del terremoto de 1812, sobre las ruinas del monasterio de San Jacinto en Caracas, Venezuela.

Actuar, innovar y experimentar conlleva a tomar riesgos, exponerse al fracaso, cometer errores, pero si no se hace, el progreso se detiene. ¿En dónde estaríamos ahora si los grandes emprendedores, los aventureros, los cuestionadores del status quo no se hubiesen arriesgado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.