En defensa de la Cofece
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En defensa de la Cofece

12/12/2018
Actualización 12/12/2018 - 15:12
columnista
Carlos Mena
Competencia 2.0

Existen rumores que hacen pensar que la autonomía de los reguladores económicos podría desaparecer pronto. Es difícil analizar las implicaciones de esto en todos los sectores y sin duda hay algunos entes reguladores que no han hecho bien su trabajo o no cuentan con una buena estructura y merecen ser reformados. Sin embargo, existe un regulador transversal que ha probado su valía y merece ser defendido en su independencia y organización en este contexto: la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece).

La autoridad de competencia en México tiene una corta historia. 25 años de trabajo son pocos comparados con autoridades similares de nuestros socios comerciales que llevan cientos de años aplicando una ley antimonopolios. En esta breve trayectoria, ha habido importantes aciertos y también significativos desaciertos y malos resultados, pero en el agregado es claro que el consumidor mexicano se encuentra mejor hoy que antes de tener una ley y una agencia de competencia. Se ha evolucionado y aprendido mucho a partir de los desaciertos iniciales.

En un origen, la Cofeco, ahora Cofece, era una autoridad con poco presupuesto, pocas facultades y formaba parte de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, cosa que generaba un claro choque de políticas públicas. Haciendo caso a recomendaciones de todo tipo de organismos internacionales y siguiendo las mejores prácticas, la autoridad de competencia se fue transformando en un ente con más fortaleza, mejor organizado y sobre todo independiente. También se impusieron medidas para mejorar su toma de decisiones interna y la rendición de cuentas en el entendido que, mayores facultades corresponden a mayor responsabilidad.

El proceso de evolución no fue repentino. Reformas legales o constitucionales en 2006, 2011, 2013 y 2014 fueron consolidando la mejora institucional, apoyado por todas las fuerzas políticas. De hecho, fueron varios los legisladores de 'izquierda' los que lograron introducir importantes mejoras a las normas y la rendición de cuentas. Mario Delgado, Manuel Bartlett, Armando Ríos y otros muchos fueron piezas importantes en este fortalecimiento institucional. Como he referido antes en este espacio, los trabajos académicos de Carlos Urzúa fueron clave en todas las grandes innovaciones del sistema de competencia.

Por eso hoy más que nunca se debe proteger una institución como esta. Hemos logrado como mexicanos una agencia independiente, sólida, con funcionarios altamente capacitados, con una reputación nacional e internacional de primer nivel y con una absoluta ausencia de corrupción. Es cierto, hay grandes retos todavía en algunos procesos, en más investigaciones y en incidir más en mercados importantes. Precisamente por ello se necesita hoy una mayor actuación y un mayor presupuesto a Cofece, no menos.

También es cierto el argumento de que existe un riesgo de déficit democrático en este tipo de instituciones. Que el nuevo gobierno con un mandato tan claro de la ciudadanía no pueda incidir en la actuación del órgano puede ser un problema, pero existe una clara solución que está prevista legalmente: el gobierno federal puede presentar denuncias preferentes, solicitudes formales de investigaciones y otras formas de 'echar a andar' a la Cofece. La autoridad también debe ser sensible a este déficit y encauzar mejor su estrategia para alinearla en lo posible y coherente con su encargo y con los planes estratégicos del nuevo gobierno federal.

La marcha de la agencia de competencia es claramente una historia de evolución y consolidación institucional como pocas que hemos visto en México y debemos de defenderla en beneficio de todos. El Ejecutivo federal y el Legislativo se pueden beneficiar de una agencia que sea el 'policía malo' del mercado para generar mejores condiciones de equidad, no hay duda de que la política de competencia es una de las mejores herramientas para lograr ese objetivo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.