Opinión Carlos Javier Gonzalez

Poder Judicial, ¿y si fuera deliberado?

Puede ser que la pandemia le haya caído como anillo al dedo al inquilino de Palacio Nacional para borrar a un poder constitucional, o simplemente ponerlo bajo su manto como lo hace ya con el Legislativo.

Algo sucede en una ciudad en la que en plena pandemia se abren restaurantes, centros comerciales, tiendas minoristas en el centro de la Ciudad de México, y sin embargo los juzgados encargados de impartir justicia pueden permanecer cerrados por meses sin que nadie haga absolutamente ningún pronunciamiento contundente sobre el particular. En 2020 el Poder Judicial de la Ciudad de México prácticamente funcionó menos del cincuenta por ciento del tiempo laborable. Se instrumentaron algunos pocos paliativos como supuestos 'juicios en línea' que en realidad se limitan a algunos trámites que no resuelven nada. En una ciudad en que cada año ingresan a los juzgados un promedio de cuatrocientos mil nuevos casos, es inexplicable que no se hayan tomado medidas reales para continuar con la impartición de justicia. Simplemente, hubieron algunas medidas insuficientes y que dieron una falsa sensación de continuidad en la impartición de justicia. Y de esto, nadie ha hablado. No ha habido pronunciamientos efectivos de las barras o colegios de abogados ni de las asociaciones de diversos tipos de profesionales en derecho exigiendo -como lo hicieron los restauranteros, comerciantes y otros gremios de la economía- la reapertura aunque sea gradual, de los tribunales donde el pueblo debe encontrar justicia. Eso es, denegación de la justicia y violación grave a los derechos de seguridad jurídica en nuestra ciudad.

Huelga decir que a nivel federal, las cosas no han sido mejores. Igualmente se han dado algunos tímidos e inútiles pasos para el relumbrón, es decir, para hacer pensar a la gente que se sigue impartiendo justicia. Hay un anuncio del Consejo de la Judicatura Federal, en que se indica que la justicia que imparte la Suprema Corte de Justicia de la Nación en línea continúa, pero lo que no mencionan es que son muy pocos los asuntos de ciudadanos de 'a pie' que se resuelven en el máximo tribunal. La situación es grave y a nadie parece importarle, lo que me hace cuestionarme, ¿y si fuera deliberado?, ¿y si fuera una de esas circunstancias que hacen que una pandemia en que morirán más de trescientos mil mexicanos le quede 'como anillo al dedo' a la 4T? Este gobierno se ha pronunciado en diversas ocasiones en contra de los órganos constitucionales autónomos, bajo el argumento nunca demostrado de que existe una gran corrupción y de que no sirven más que para beneficiar a los conservadores. Pero como siempre con la 4T, hay corrupción pero no hay corruptos en la cárcel, en un discurso que independientemente de su falibilidad, inexplicablemente sigue ganando adeptos cada día más. El Presidente de la República ha dejado claro que no le gustan los contrapesos y busca la forma de eliminarlos y, en esta ocasión, ¿qué mejor oportunidad para deshacerse de un poder que le da -en muy raras ocasiones, hay que decirlo- algunos reveses a su proyecto de 'transformación'? Inexplicablemente, el cierre o retrasos del Poder Judicial, no ha provocado malestar social ni quejas efectivas ni eficaces en el gremio de los abogados. Tal vez el Ejecutivo esté esperando que éstas se den, para entonces poder crear algo parecido a una 'comisión del ejecutivo para la impartición de justicia para el pueblo' o algo así, con los títulos demagógicos que tanto le gustan. Puede ser que ante un Poder Judicial timorato y en ocasiones abyecto, efectivamente la pandemia le haya caído como anillo al dedo al inquilino de Palacio Nacional para borrar a un poder constitucional, o simplemente, ponerlo bajo su manto como lo hace ya con el Legislativo. Al mejor estilo de la época del PRI de la posrevolución.

En anexo

En este espacio nos hemos ocupado de dos casos parecidos en que con el supuesto uso de tecnologías, se vende la idea de que se hará millonaria a la gente. Estos casos que se están dando de ambos lados del Atlántico, uno en España (Arbistar) y otro en México (GACS Event Fund). Hemos tenido la oportunidad de hablar con varios de los afectados y lo que nos cuentan… está cabrón. Aguas con las propuestas en que la tecnología se usa como gancho con fines, por decir lo menos, difíciles de cumplir.

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