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Las absurdas disculpas de España

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Las absurdas disculpas de España

11/01/2021

En todas las ocasiones que el Presidente López Obrador, tanto como candidato como ya en su calidad de Presidente de la República ha pedido que España se disculpe con México por los agravios cometidos contra los pueblos originarios, muchos columnistas entre los que me incluyo, criticamos dicha postura por considerarla extemporánea, fuera de contexto histórico y francamente demencial. La respuesta del Gobierno Español, fue tan categórica como intrascendente, es decir, les valió madres.

Las relaciones entre ambos países se han mantenido cordiales y hasta colaborativas, con grandes inversiones de los hispanos en nuestro país y contribuyendo al desarrollo de México…pero también al de sus casas matrices. Desde hace mucho se sabe que la joya de la corona de los bancos españoles es el mercado mexicano, en el que dejaban muy poco de sus utilidades para ser llevados a la península algo que también fue señalado y denunciado en su momento por López Obrador y que, parece ser, como consecuencia de estos señalamientos, se ha matizado para dejar más dinero en México y llevarse menos hacia España. Pero, ¿si AMLO tuviera razón y no lo hubiera expresado de manera correcta? ¿qué tal que lo que busca no es una disculpa sino un reconocimiento de iguales entre ambos países? Y me salta la duda por una conversación que hace unos cuantos días tuve con un reconocido abogado quien me comentó que, durante la fase más temprana del anuncio del entonces presidente electo de que cancelaría la construcción del aeropuerto internacional de Texcoco (NAIM), un alto ejecutivo de una empresa hispana le comentó que ellos no creían que fuera a pasar nada, porque “México es un país de indios sin valor que se doblegan ante España”. Esta sin duda se trata de una opinión aislada y que no puede tomarse como un parangón de lo que piensa la comunidad de dicho país respecto al nuestro, pero sí sirve para comprender que tal vez el mensaje del Presidente de la República debió haberse dirigido de manera más exacta hacia este tipo de opiniones, es decir buscar que aquellos escasos súbditos de la corona que nos ven por debajo del hombro, se den cuenta de que se nos debe dar un trato de iguales, porque finalmente es eso lo que somos.

Y viene a colación este relato porque recientemente un grupo de inversionistas mexicanos que todo indica están siendo estafados una empresa de Tenerife de nombre Arbistar y Arbicor, se han organizado para tomar acciones legales con la finalidad de no dejarse más de las poco creíbles explicaciones que les dan los de Arbistar, quienes simple y sencillamente se clavaron a la mala, las inversiones de muchos compatriotas y otros latinoamericanos por muchos millones de Euros. Lo inverosímil de las explicaciones que dan hace que tal vez, estén pensando que efectivamente somos un país de indios sin valor. Pero la verdad es que el orgullo patrio de muchos bravos mexicanos y latinos que se organizan para la defensa de lo suyo (sobre todo de su dignidad) habrá de callar más de una boca allende el atlántico. Es gratificante saber que existen compatriotas dispuestos a luchar de tú a tú contra un gigante hispano que, según ha trascendido, se encuentra comandado se encuentra comandado por varias personas, una de ellas con incursiones en la cárcel y una historia de estafas en otras ocasiones y en contextos muy similares. Lo verdaderamente reconfortante es que algunos mexicanos están demostrando que no requieren de las ridículas disculpas solicitadas por López Obrador, porque para defenderse de cualquier injusticia en cualquier parte del mundo, tenemos suficientes pantalones y valor para no permitir que se sigan montando en nuestras espaldas para su beneficio. Tal vez si López Obrador realmente quisiera que México sea tomado en serio en el plano internacional, no perdería el tiempo pidiendo disculpas de quien para bien o para mal, ayudó a forjar mucho de nuestra personalidad nacional. No, más bien lo que se tiene que hacer es apoyar y encauzar las defensas que los mexicanos querramos hacer de nuestros intereses en cualquier parte del mundo. Eso nos haría un país de respeto, y no uno que provoca risa con demandas absurdas de un gobierno aldeano que sólo se mira el ombligo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.