La inconstitucional demagogia de la disculpa
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La inconstitucional demagogia de la disculpa

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La inconstitucional demagogia de la disculpa

10/04/2019

La solicitud hecha por el Presidente de la República López Obrador a Felipe VI, Rey de España, por virtud del cual exhorta al monarca español a que, a nombre de dicha nación lleve a cabo un acto de contrición y pida perdón a los pueblos originarios, ha sido analizado desde diversos puntos de vista: Histórico, político e incluso, sentimental. Sin embargo, no se ha hecho un análisis serio sobre la pertinencia constitucional de este pronunciamiento, toda vez que perdidos en un marasmo de reacciones, críticas y apoyos a esta iniciativa, hemos dejado de lado el análisis constitucional sobre esta solicitud. Si bien es cierto, derivado de la lectura que se hace de la carta que fue enviada por el Presidente de la República y que fue publicada por el diario Reforma – y retomada por diversos medios- no existe la solicitud de López Obrador de requerir disculpas hacia un colectivo poblacional en particular de nuestro país, sino que en dicha misiva solamente solicita que España reconozca y exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados. Dentro del cuerpo de la carta difundida el primero de marzo –y que supuestamente será difundida de manera oficial por presidencia- el presidente tiene un acierto importante al reconocer a la conquista de México como un evento fundacional de la nación mexicana, algo que sin duda alguna constituye la aceptación del mestizaje en nuestro país como punto de partida para la nueva nación –y por cierto- la única que se ha establecido en este territorio. Desde el punto de vista histórico se han analizado todo tipo de textos actuales y de la época en que se analiza el fenómeno de la conquista, sobresalen aquellos que se dieron en el contexto de la llamada “Duda Indiana”, por virtud de la cual –a decir de algunos historiadores- el emperador Carlos V incluso vislumbró la posibilidad de abandonar sus colonias americanas reconociendo que no tenía un “justo título” para detentar estos territorios. Sin embargo, las crónica de la época también consigna la postura teológica que justificaba la barbarie de la conquista basado en la imposibilidad de los indios de regirse justa y cristianamente por sí solos, y por ello, a pesar de las atrocidades cometidas, se justificaba su presencia en América.

Sin embargo, cabe hacer mención que bajo el régimen constitucional actual en cuyo contexto se da la solicitud de perdón hacia los pueblos originarios puede estar viciada de inconstitucionalidad en términos de lo que dispone el artículo segundo de nuestra carta magna. Si bien es cierto de los textos que se han filtrado sobre la carta de López Obrador al Rey de España no se menciona a ningún pueblo en específico, sí lo hizo durante su visita a Comalcalco, Tabasco en que de manera específica habló de los abusos cometidos durante la conquista en contra de los “pueblos originarios”, algo que no encuentra cabida constitucional en el artículo segundo, mismo que en su parte conducente establece que “La Nación Mexicana es única e indivisible”, lo que puede interpretarse como igualdad absoluta sin importar orígenes étnicos o identidad cultural. Este punto, no es menor si se toma en consideración que en nuestro país se habla español, se profesan religiones mayoritariamente europeas y que un porcentaje muy importante –prácticamente la totalidad- llevan sangre mestiza en sus venas, lo que incluye un elemento indígena, pero también un elemento europeo. Es la esencia de la mexicanidad misma, por lo que sería complicado –por decir lo menos- determinar de qué parte del agravio pueden situarse a los mexicanos: Si como ofensores u ofendidos. Sería tan absurdo como pensar que una parte de nuestra propia mexicanidad tuviera que disculparse con la otra parte. Este postulado populista, que sin duda alguna ha encontrado un eco importante en diversos sectores de la población no tiene ningún sustento constitucional, toda vez que los llamados pueblos originarios no existen ni son reconocidos por este texto. Es verdad que en diversos momentos de la historia muchos pueblos han ofrecido disculpas por los agravios causados a otros, pero no es este nuestro caso. En el caso de nosotros, una parte sádica, bárbara, cruel y fanatizada cometió actos atroces en contra de nuestra otra parte igualmente sádica, bárbara y cruel, y de esa mezcla, nació la nación mexicana con todas sus contradicciones y complementos. Por eso, la solicitud de disculpas es, además de demagógica, francamente anticonstitucional y como tal, debe de tratarse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.