Carlos Javier Gonzalez

AMLO y Salinas... se parecen tanto

Salinas quiso cooptar todos los espacios, absolutamente todos. Debilitó a la izquierda de manera brutal.

En las postrimerías de su administración, cuando contaba con índices de popularidad altísimos —más altos que los que tiene ahora López Obrador—, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari comentó a modo de burla que él, a los perredistas ni los veía ni los oía. Es verdad que ese comentario lo hizo refiriéndose a la manera en que lo increparon durante su quinto informe de gobierno, pero la realidad es que tenía mucho trasfondo. Esa fue la conducta de Salinas durante todo su sexenio respecto a la izquierda que en ese entonces estaba liderada por un verdadero luchador social con prestigio, como lo fue el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y no por un mamarracho como Mario Delgado.

Salinas fue necio, según él transformaba al país y gozaba de gran aprobación. Tal vez por ello decidió que él podía solo, que no requería de la izquierda en un país empobrecido porque cumplía con las dádivas del Programa Nacional de Solidaridad para los más pobres. Las grandes obras se presumían por todos lados y muchos de sus simpatizantes lo defendían al grado de decir que se merecía todo “hasta la reelección” —Fidel Velázquez dixit—, ¿le suena conocido?

Pero esa necedad, miopía y falta de apertura al diálogo fueron las que llevaron a la catástrofe de 1994. Explosiones sociales, magnicidios, gestación de una crisis económica terrible. Salinas quiso cooptar todos los espacios, absolutamente todos. Debilitó a la izquierda de manera brutal, con un sexenio en el que hubo asesinatos de opositores del PRD que nunca se aclararon. Con una Comisión Federal Electoral presidida y manejada por Gobernación; con una alianza con el PAN que dejó fuera del espectro electoral a las izquierdas. En sólo un año Salinas pasó de ser el presidente más querido hasta entonces, a ser el más repudiado. Solo hizo falta un año.

Este escenario se está gestando de nuevo para 2024. Las acciones del presidente de la República y su afán por controlarlo todo, pueden ser el huevo de la serpiente que nos lleve a vivir de nuevo un escenario como el de 1994, pero peor. Y digo que peor porque actualmente la actuación del crimen organizado es abierta, es desafiante y es tolerada. Además, porque existe una parte de la sociedad que ha probado y ha vivido la democracia, algo no había sucedido en 1994 y que no desea perderla; existe hoy una gran capacidad de movilización social por conducto de las redes sociales, lo que no había en dichos tiempos. Baste recordar que muchos mexicanos nos enteramos del alzamiento del Ejército Zapatista en Chiapas por la prensa extranjera y no por la nacional. Hoy la información se conoce segundos después de haberse producido, y las reacciones sociales son impredecibles. Los partidos políticos actuales sólo se representan a sí mismos y a nadie más. Es inexplicable la gandallez de ‘Alito’ Moreno —otro mamarracho— en cambiar por sus tompiates los estatutos del PRI y quedarse con él y con todas sus candidaturas para 2024. El PAN que no ata ni desata, pero que se coordinan todos para salir a defender a un triste traficante de licencias de construcción en la CDMX por ser “persecución política” según ellos. El PRD… bueno, el PRD.

Lo que no están viendo AMLO y la clase política es que dicho control —a la buena o a la mala, da lo mismo— está cerrando espacios para muchos que desean su parte del botín… perdón, su lugar de participación en el país. Muchos de ellos no son gente de bien y no estarán felices de ser excluidos sin más razón que los caprichos de Palacio Nacional y las complicidades de los partiduchos. Y estos malos no tendrán empacho en generar desestabilidad al país si no encuentran un espacio para la defensa de sus intereses, llámense narcos, políticos desplazados, empresarios de la transa y la corrupción, candidatos resentidos y un largo etcétera. El atentado contra Ciro Gómez Leyva es un primer aviso de los niveles que se pueden alcanzar en un país dividido desde el poder y con una impunidad rampante. Han comenzado los delitos de alto impacto y López Obrador no sólo hace oídos sordos, sino que crea condiciones para su repetición. Es decir, hace como que ni los ve ni los oye. Aunque no quiera, es más parecido a su némesis Salinas de Gortari. Son casi idénticos.

En Anexo

Tabe no sabe

Quien esto escribe lleva un mes solicitando a la alcaldía Miguel Hidalgo el cambio de unas tristes luminarias que hacen una calle muy oscura con los peligros para la seguridad que esto conlleva. Hasta ahora, la solución que ofrece la alcaldía es responder a algunos tuits que se les envían y creen que con eso ya se iluminará la calle de manera mágica. No creí que hubiera una administración más incompetente que la de Víctor Romo, pero ya me di cuenta que estaba equivocado. Sí que la hay.

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