Trump y su declaración de guerra: claves para tratar de entender
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Trump y su declaración de guerra: claves para tratar de entender

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Trump y su declaración de guerra: claves para tratar de entender

05/06/2019
Actualización 05/06/2019 - 14:45

Vivimos tiempos políticos en los que los relatos y las emociones han desplazado a los datos y las razones. Desde ahí hay que leer el último arrebato de Trump declarándonos la guerra en un tuit. La otra clave para entender lo ocurrido el jueves pasado es no olvidar que toda política, incluyendo la exterior, es doméstica.

Como buen populista, Trump ha fincado y sigue fincando su capacidad para movilizar y conectar con sus votantes en un relato simple de héroes y villanos, de nosotros vs. ellos. Un cuento sencillo, pero muy potente en términos emocionales. Frente a la incertidumbre y la impotencia generada por la globalización galopante, el cambio tecnológico vertiginoso y el largo el reinado ideológico del neoliberalismo, Trump les ofrece a los que no comparten o no caben en el sueño neoliberal un relato tranquilizador y empoderante, en cuyo centro están: una identidad de la cual sentirse orgullosos y la promesa de que es posible recuperar el control sobre su vida (individual y colectiva).

La intersección entre migración, frontera y aranceles le ofrece a Trump una combinación perfecta para reescenificar su cuento populista básico. También, para subirle el volumen a ese cuento e intentar, con ello, lidiar con varios flancos vulnerables que enfrenta en la coyuntura presente de cara a un posible desafuero y a las elecciones presidenciales de 2020.

La incapacidad reiterada de Trump para efectivamente controlar, ya no digamos detener el influjo de migrantes ilegales provenientes (fundamentalmente) de Centroamérica, es patente. Ello le plantea problemas, pues cerrar la frontera y ponerle un alto a la migración ilegal fue una de sus promesas de campaña más importantes y una de sus líneas simbólico-estratégicas nodales. Un segundo flanco débil (quizá más importante) tiene que ver con su incapacidad para lograr que la vulnerabilidad política y electoral que le plantea la investigación del fiscal especial Robert S. Mueller, en torno a la colusión con los rusos durante su campaña presidencial, desaparezca de una vez por todas.

De acuerdo con la información, dos parecen haber sido los disparadores inmediatos más probables del tuit que Trump nos asestó a todos los mexicanos el 30 mayo. Uno fue la furia –reportó The Washington Post– que le produjo el enterarse que en los días previos a que nos declarara la guerra, un número récord de migrantes centroamericanos ilegales se habían entregado a las autoridades fronterizas de Estados Unidos. Furia seguramente atribuible a cómo ese hecho evidenciaba su falta de control sobre el tema. El otro detonador fue el enorme disgusto que debe haberle causado a Trump el que, en su primera aparición pública en más de dos años (ocurrida el miércoles pasado), el fiscal Mueller no lo exonerara de obstrucción a la justicia. La no exoneración por parte de Mueller debe haber sacado a Trump de quicio. En parte, porque su deseo mayor es que todo ese asunto desaparezca de la agenda y porque, como era de esperarse, una parte de los demócratas no tardaron nada en intentar usarla para atizar el fuego de un posible desafuero presidencial.

Atrapado entre la llegada masiva de migrantes centroamericanos a EU y la no exoneración por parte de Mueller, Trump recurrió a dos temas que –según han señalado colaboradores cercanos dentro del gobierno– le ofrecen mayor sensación de control: la migración y los aranceles.

México, el villano más a la mano para volverse a sentir poderoso y en control. El blanco más fácil para, con unos tuits, mover el reflector de temas que le plantean riesgos políticos fuertes (sus promesas incumplidas en relación a detener la migración ilegal y su incapacidad para enterrar de una vez y para siempre la muy molesta investigación sobre la 'trama rusa') a temas que dividen internamente tanto a demócratas como a republicanos, y que le permiten, por tanto, situarse por encima de ambos y, al mismo tiempo, reconectar con su base social y electoral.

Para entender y explicar la decisión de Trump de declararnos la guerra (comercial) conviene no olvidar la centralidad que lo discursivo-simbólico tiene en su forma de entender, construir y ejercer el poder político. Conviene también recordar que, como dijera Tip O’Neill, en el fondo “toda política es local”. Es decir, las causas, resortes y efectos deseados de una decisión como la que Trump tomó se ubican, fundamentalmente, en el plano interno de la política en EU.

Dadas las evidentes asimetrías de poder entre México y EU, nuestro gobierno ha sido, entendiblemente, muy cauto. Un bicho pequeño no puede pelear a golpes contra un mamut. Además de cuidar su propio frente interno, tiene que ser muy inteligente, concentrarse en los puntos más vulnerables de su adversario, y saber que esos puntos están dentro del elefante y sólo desde ahí pueden neutralizarse sus ataques.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.