Razones y posibles efectos de tanta prisa en tantos frentes
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Razones y posibles efectos de tanta prisa en tantos frentes

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Razones y posibles efectos de tanta prisa en tantos frentes

28/11/2018

Se suceden los anuncios y los actos de un gobierno que aún no es gobierno. Te alejas de las redes sociales o de otros medios de comunicación unas horas y, al regresar, te encuentras con una nueva decisión trepidante, una nueva consulta, una nueva ley aprobada, un nuevo nombramiento, un nuevo desnombramiento y así sucesivamente, sin respiro y sin descanso.

La vida en cámara rápida, la vida a todo galope. López Obrador tiene prisa.

El país también tiene prisa. Prisa de paz y de justicia; prisa de crecimiento ancho; prisa de que la dignidad no sea privilegio de unos cuantos.

La pregunta, sin embargo, es qué tanto la prisa de un hombre conectado con los reclamos legítimos de millones constituye la mejor manera de mover un barco tan grande y tan pesado en una dirección que permita, en efecto, atender esos reclamos.

Es cierto que el jefe del que será gobierno legal en pocos días tiene poco tiempo. (¿Qué son seis años para enderezar entuertos de 30, 60 o cientos de años? ¿Qué es un sexenio en la cuenta larga de los sexenios?). Es muy probable, asimismo, que los millones de mexicanos olvidados e invisibles que se sienten representados por López Obrador tengan, también, muchísima prisa y que él esté expresando esa prisa. Es posible, finalmente, que la prisa desenfrenada de este hombre de 65 años pudiera resultarle útil para marear y dividir a los diversos grupos de poder a los cuales tiene que restarles poder para lograr que en el barco “México” dejen de caber sólo unos pocos.

La prisa extrema suele entorpecer la capacidad para alinear correctamente medios y fines. Tampoco ayuda mucho para sopesar adecuadamente opciones ni para intentar calcular el tipo y tamaño de sus efectos. Si, encima, la prisa galopante, en lugar de concentrarse en uno o dos líneas de acción neurálgicas, se amplía cada a vez más y más frentes, la complejidad del juego se multiplica exponencialmente. Dicho de otra manera, los efectos de tantas decisiones, anuncios, titubeos, rectificaciones a tanta velocidad y en tantos frentes se van engarzando entre sí de formas cada vez más enredadas, más difíciles de seguir, de entender y de conducir.

En breve, el riesgo mayor para la cuarta transformación (4T) de tanta prisa en tantos frentes sensibles pudiera ser el salirse de control. El que su conductor, esto es, fuera perdiendo capacidad para conducir tantos efectos causados por él mismo, pero afectándose entre sí de formas que él ya no puede controlar y produciendo, por tanto, consecuencias y resultados cada vez más impredecibles e inmanejables.

Quizá me equivoco del todo, y justo de eso se trata. De crear descontrol, de aflojar con ese descontrol los amarres profundos del México largamente empeñado en dejar fuera a la mayoría de los mexicanos. Quizá AMLO imagina la producción de caos como la única forma de sacudir y romper una estructura de poder tan extensa, pegajosa y arraigada como la que se busca transformar.

El saldo de las otras veces (la 1T, la 2T y la 3T) en que el descontrol se hizo del control no es, sin embargo, el mejor imaginable. Sí, hubo avances. La Independencia, la Reforma y la Revolución redujeron el peso de algunos lastres, desatoraron algunos obstáculos para un orden más incluyente, y permitieron ampliar la cantidad de habitantes de estas tierras que pasaron a ser parte reconocida del país. El costo en vidas y en crecimiento fue, sin embargo, inmenso.

Sería deseable y sería lo mejor para todos o casi todos que la 4T tuviera éxito en su intento por recuperar el orden y generar las condiciones para un progreso que incluya a las grandes mayorías. Esperemos que ese éxito no sea a costa del descontrol extremo. De ese descontrol que puede terminar beneficiando a aquellos grupos y actores empeñados en defender y conservar lo que se quiere transformar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.