¿Para quién trabaja el gobierno? El plan económico Warren y su relevancia para México
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¿Para quién trabaja el gobierno? El plan económico Warren y su relevancia para México

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¿Para quién trabaja el gobierno? El plan económico Warren y su relevancia para México

19/06/2019
Actualización 19/06/2019 - 15:15

A principios de este mes, Elizabeth Warren, senadora y precandidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, dio a conocer su Plan de Patriotismo Económico. Llama la atención que su propuesta no haya causado más conmoción dentro y fuera de Estados Unidos. Me sorprende, pues el plan en cuestión ofrece un modelo económico nuevo y alternativo al planteado por el neoliberalismo.

La Agenda de Patriotismo Económico no es simplemente el regreso al modelo keynesiano/estado de bienestar. Tampoco aboga por cerrar la economía y/o ampliar masivamente la intervención del Estado en ella. Se trata, más bien, de un planteamiento novedoso, estructurado sobre la idea de que lo que distingue a un modelo económico de mercado de otro no es si hay más o menos intervención del gobierno en la economía, sino la respuesta a la pregunta de a favor de quién trabaja el gobierno.

El modelo socioeconómico reinante durante largas décadas en Estados Unidos, en México y en muchos países del mundo es uno que ha favorecido al capital y no a los trabajadores; al individuo sobre la comunidad, y (alguna parte de) las generaciones presentes a costillas de las generaciones futuras. Frente a ese modelo, la agenda propuesta por Warren integra tres elementos centrales, todos ellos aparatosamente relevantes para el siglo XXI: patria, trabajadores y planeta.

Frente a la discusión inacabable centrada en cuánto Estado y cuánto mercado en la organización de la vida económica, Warren y su equipo le han dado un vuelco completo a la conversación. El tema no es más o menos gobierno, sino a favor de qué grupos, de qué intereses, de cuáles valores y cuáles necesidades ha trabajado en los hechos el gobierno bajo el manto del neoliberalismo y si está bien que siga trabajando a favor de esos mismos grupos, o si lo justo, lo razonable y lo urgente para todos, es que se ocupe de otros grupos y valores.

La respuesta de la Agenda de Patriotismo Económico es contundente. El gobierno tiene que trabajar a favor del bienestar de los integrantes de la casa común más próxima, la que nos da cobijo y sentido de pertenencia (la patria). El gobierno debe, también, ocuparse prioritariamente de los trabajadores, que son la mayoría de la población y, además, los más olvidados por el modelo globalizador/neoliberal y quienes, que por más que le pedaleen, no podrán –fuera de algunas cuantas y muy publicitadas excepciones– 'hacerla' individualmente con base en puro esfuerzo, innovación y emprendedurismo. El gobierno, finalmente, tiene que trabajar a favor de la supervivencia del planeta y, por tanto, de las generaciones más jóvenes y de las generaciones futuras.

En suma, Warren y su equipo proponen un nuevo modelo económico y social que, sin poner en riesgo –desde luego– la estabilidad macroeconómica y sin renunciar a las oportunidades y beneficios de una economía flexiblemente abierta al mundo, redirige la atención, los recursos y los instrumentos del gobierno a favor de los integrantes de la comunidad nacional, de mejores salarios y condiciones laborales, y de la supervivencia del planeta tierra.

Echo de menos un planteamiento económico similarmente bien articulado al de Warren por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Con todo, observo en algunos de los principales vectores de sus acciones en materia económica indicios de preocupaciones e intenciones de base que se parecen a las que animan la agenda desarrollada por Warren y su equipo.

Tres son, al respecto, las principales áreas de convergencia entre uno y otro. Primero, el redireccionamiento de la atención simbólica y práctica del gobierno de López Obrador en contra del debate más Estado o más mercado, y a favor de quién trabaja el gobierno (respuesta: los más pobres y los más excluidos socialmente). Segundo, la centralidad concedida por ese gobierno a elevar los salarios (aumento del salario mínimo), a transferirles recursos públicos a las poblaciones más vulnerables, a impulsar grandes obras de infraestructura en las regiones más pobres y rezagadas del país, y a promover mejores condiciones legales e institucionales para que l@s trabajadores mexicanos puedan defender sus derechos (reforma laboral). Tercero, la prioridad otorgada a temas tales como la seguridad nacional en materia energética (la patria es primero).

No resultan, prima facie, muy convincentes muchos de los instrumentos desplegados por el gobierno de López Obrador para lograr estos objetivos. Tampoco parece haber una agenda ni muy diáfana ni muy prioritaria en relación al medio ambiente.

Sin negar que hay huecos muy importantes en el planteamiento económico del nuevo gobierno, convendría mucho tomar consciencia de que ya cambiaron las coordenadas de la discusión. Seguir hablando desde el viejo relato no ayuda mucho ni a imaginar ni a construir soluciones para el México realmente existente y sus problemas más hondos y acuciantes. En específico: la reconstrucción de alguna idea de 'patria' como casa efectivamente común, y la redistribución del poder social, única vía real para disminuir nuestra brutal desigualdad social.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.