Opciones para el tricolor: ¿estrategia 'cueste lo que cueste' o pacto con el puntero?
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Opciones para el tricolor: ¿estrategia 'cueste lo que cueste' o pacto con el puntero?

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Opciones para el tricolor: ¿estrategia 'cueste lo que cueste' o pacto con el puntero?

28/02/2018
Actualización 28/02/2018 - 10:08

No pintan bien las cosas, a juzgar por las últimas encuestas, para el candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Así lo indica, en todo caso, el hecho de que, según Oraculus (agregadora y sistematizadora de las principales encuestas en vivienda para la elección presidencial de este año), los promedios de intención efectiva de voto para los tres principales candidatos, en las cinco encuestas llevadas a cabo entre el 2 y el 11 de febrero, sean los siguientes: RAC: 30 por ciento, JAM: 22 por ciento y AMLO: 39 por ciento.

En este contexto, la estrategia 'Estado de México Plus', o sea el muy probable plan original del PRI de emplear un coctel integrado por la reducción de la participación electoral, la fragmentación del voto anti-PRI (entre otros, vía impulso a candidatos independientes), en combinación con la compra/coacción masiva del voto usando todo el dinero y los recursos imaginables para ganar la elección presidencial, pudiera estar siendo revisado. Ello en virtud de que tal estrategia, dominante en un escenario en el que el PRI logra ubicarse en un segundo lugar con posibilidades efectivas de conseguir la presidencia, pierde atractivo en uno en el que crece la probabilidad de que el candidato priista acabe en un lejano tercer lugar y no resulte, por tanto, lo suficientemente competitivo para contender por la victoria en la elección presidencial.

Dicho de otra manera. Si la intención de voto para el candidato presidencial del PRI fuera lo suficientemente alta, y la distancia entre ésta y la expresada a favor por Ricardo Anaya fuera lo suficientemente grande como para nulificar las probabilidades de este último, crecerían los incentivos para que el PRI desplegase una estrategia de 'cueste lo que cueste', tipo la llevada a cabo en el Estado de México, sólo que esta vez a nivel nacional. Si, en cambio, la preferencia por Anaya se ubica muy por encima de la intención de voto por el candidato del PRI, es posible que el tricolor comience a explorar otras opciones estratégicas a fin de maximizar la probabilidad de salvaguardar sus intereses más fundamentales.

El PRI, obviamente, preferiría ganar la presidencia a cualquier otra opción. Si disminuye mucho la probabilidad de lograr la victoria, y tomando en cuenta que su interés mayor a salvaguardar es proteger al presidente en turno, a su círculo y aliados más cercanos, así como a los 'principales' del PRI de posibles riesgos judiciales y preservar el entramado de acuerdos (muchos de ellos, digamos, non sanctos) de los que depende buena parte de su poder, no puede descartarse que ese partido considere estrategias alternativas para proteger sus prioridades centrales.

Entre estas otras opciones destaca la de un posible acercamiento y eventual pacto con AMLO, que le asegurase al Institucional las protecciones que requiere. Una estrategia de este tipo, por extraña que resulte a primera vista, pudiera serle atractiva al PRI en un escenario de muy baja o nula probabilidad de victoria en las elecciones presidenciales, por dos razones principales. Primero, AMLO es, en su origen y por muy alejado que esté hoy, parte de la gran familia priista. De esa familia que entiende muy bien del tipo de pactos y acuerdos que ante una circunstancia extrema podría necesitar el PRI. Además, AMLO ha ofrecido ya perdón y olvido para los gobernantes priistas en turno. Anaya, en cambio, le ha mostrado al PRI que no es, en absoluto, un socio de fiar (piénsese, sobre todo, en su decisión de dejar de apoyar al PRI en el intento de este por imponer a un fiscal a modo, el famoso 'fiscal carnal').

Nada está escrito ni decidido aún, pero el escenario del PRI pactando con AMLO, aderezado con una guerra continua contra Anaya, no debe descartarse como una posibilidad latente en estas elecciones presidenciales.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.