La mirada de la 4T: luces y sombras
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La mirada de la 4T: luces y sombras

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La mirada de la 4T: luces y sombras

06/03/2019
Actualización 06/03/2019 - 14:10

Unos lentes infrarrojos te permiten ver cuerpos emisores de calor en medio de la oscuridad. Con ellos puedes detectar animales en una noche oscura, pero no son muy buenos para ver las piedras que te pudieran hacer tropezar. Con unos anteojos de sol limitas la obstrucción visual de la luz solar, pero no te sirven para leer letra muy chiquita.

Todas las ideologías son, antes que nada, formas de mirar. Lentes que nombran, ordenan e interpretan la realidad de acuerdo con ciertos valores e intereses. Todas ellas, desde luego, niegan enfáticamente su condición de parcialidad y buscan presentarse como el único sistema de claves capaz de revelar la verdad redonda, completa y cierta. En tanto organizadoras de la mirada, sin embargo, las ideologías inevitablemente alumbran ciertos aspectos de la realidad y oscurecen otros. Igual que distintos tipos de anteojos.

Tras el largo reinado del neoliberalismo periférico en México, la 4T resulta refrescante, pues rescata de la invisibilidad temas y preguntas centrales para entender cualquier realidad social. Entre muchos otros, el carácter esencialmente social de los seres humanos y, como corolario, el que antes del 'hacer' está el 'ser'. Al respecto, y como me señaló una amiga entrañable, el nuevo gobierno entiende muy bien que para los millones de mexicanos en situación de exclusión, la primera necesidad es sentir que existen socialmente; es decir, que son tomados en cuenta y reconocidos como parte del grupo.

En breve: frente al relato neoliberal basado en la primacía de la libertad individual, la 4T coloca en el centro nuestra dimensión social (sólo somos con otros). También nos pone delante la urgencia de ocuparnos de las necesidades de los miembros más vulnerables del colectivo para seguir siendo grupo. La nueva mirada que llegó al poder en México alumbra, en suma, algunos temas clave olvidados dentro del paradigma neoliberal, en concreto: la pertenencia y la igualdad social.

Pero así como hace visibles asuntos centralísimos de nuestra realidad, la 4T también tiene puntos ciegos. Temas que no ve, preguntas que no se hace, valores que desdeña, e intereses que no reconoce como legítimos.

Destaco aquí dos que, por el momento, alcanzo a ver y que me parecen muy importantes: el mérito y el esfuerzo, y las clases medias.

El asunto del mérito desata pasiones muy intensas. Para sus defensores, es el camino casi sagrado que les permite a los individuos liberarse –mediante sus talentos y esfuerzos– de los grilletes de su origen social y, con ello, actualizar su potencial. Para sus detractores, el relato del 'mérito' es simplemente una pieza clave dentro del discurso neoliberal que les sirve a las élites para justificar su condición de tales, al tiempo que las autoriza para culpar a los menos afortunados en la lotería genética y social de su incapacidad para 'hacerla'.

En el caso mexicano, donde muchas de las élites –económicas, sociales e intelectuales– no accedieron a su condición de privilegio por mérito distinto al de haber 'escogido bien a sus papás', invertido en construir 'buenas' relaciones y/o en volverse experto(a) en las artes del que 'no transa no avanza', defender el mérito no es fácil. Resulta, sin embargo, que contra toda probabilidad, una proporción no desdeñable de mexicanas y mexicanos ha logrado vencer sus desventajas de origen social a través del trabajo duro y el esfuerzo personal. Y a todos ellos la nueva mirada dominante los deja fuera, no los ve, y con ello los aliena.

Importa apuntarlo, pues esa parte de la población mexicana no es menor, se siente íntima y crecientemente ofendida, y es el segmento del colectivo 'México' que ha probado tener mayor garra y energía transformadora. Dejar fuera a estos segmentos no es buena idea, si de lo que se trata es de construir un país justo, pero, también, próspero y abierto.

Lo cual me lleva a un segundo punto ciego de la 4T: las clases medias. Grupo que finca su existencia en el relato y la realidad sudorosa del mérito y el esfuerzo. Grupo al que pertenecen buena parte de esos cerca de 200 mil empleados públicos que la 4T dejó desempleados. Muchos jóvenes que con base en enorme trabajo y esfuerzo lograron acceder, por ejemplo, a una beca para estudiar un posgrado en una gran universidad mexicana o extranjera y que hoy se sienten menospreciados y no ven cabida clara dentro de la 4T. Millones de mujeres mexicanas que se esfuerzan sin respiro y logran cumplir con sus muy pesadas responsabilidades laborales y familiares (gracias, en parte, a lugares donde dejar a sus hijos pequeños), y a quienes la 4T ha ofrecido hasta ahora, sobre todo, ceguera y desprecio.

No parece buena idea excluir y ofender a estos segmentos de la sociedad mexicana. Son parte medular de nuestra potencia colectiva posible y son, también, lo que en otras latitudes (ver Brasil, por ejemplo) termina convirtiéndose, cuando se sienten lastimados y ofendidos, en la base social de la ultraderecha.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.