El Covid-19: un espejo
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El Covid-19: un espejo

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El Covid-19: un espejo

25/03/2020
Actualización 25/03/2020 - 14:03

No sé ustedes, pero a mí me ha costado tomar plena conciencia de lo que estamos viviendo a raíz de la crisis del coronavirus. Sé, me informo, en algún lugar de mi cerebro estoy consciente de que cambió el mundo y cambió mi vida, pero la famosa 'caída del veinte' me ha tomado tiempo.

En donde vivo, siguen cantando los pájaros y sigue sonando la licuadora. Sigo desayunando y sigue habiendo libros en mis libreros. Fuera de eso, sin embargo, todo está alterado. Como si se hubiera abierto en mi computadora otra pantalla que insiste en hacerse presente y en cancelar todas las otras pantallas.

No es fácil. No tengo ni tenemos ninguno asideros mínimamente firmes para interpretar y para hacernos cabalmente cargo de lo que nos está ocurriendo. Y, encima, la cosa esta que me pasa a mí, que te ocurre a ti, sucede a escala planetaria. O sea: nos está afectando a todos los seres humanos, más allá del huso horario en el que organizamos nuestras horas de sueño y de vigilia.

Una amiga (optimista irredenta como yo) me decía el otro día que, una vez terminada la crisis, viviremos, como vivieron aquellos y aquellas a quienes les tocó vivir la Primera Guerra Mundial, unos 'roaring 1920's'. Es posible. Será absoluta e indeciblemente delicioso volvernos a abrazar y a tocar después de esta cuarentena de contacto físico. A ratos me animo pensándolo. Por momentos, incluso, me entusiasmo imaginándolo.

Hoy por hoy, sin embargo, confieso que me cuesta mirar el futuro. Básicamente, porque cuando lo miro de frente, veo negro y me da susto. Así que he decidido que, por el momento, lo que me conviene es aquello de 'un día a la vez'. Como los alcohólicos o los que se están recuperando de una ruptura amorosa fuerte, o las que le acaban de diagnosticar cáncer: un día a la vez.

Cada quien lidia con esto como puede. Tampoco es fácil, pero, en estos tiempos tan trastocados que corren, me he propuesto suspender juicios sumarios y tratar de colocarme en los zapatos de los otros y las otras. Hay quien puede mejor con el encierro; a otros y otras la falta de contacto presencial con otros seres humanos los lleva al infierno. Hay a quienes les da por huir, a quienes les da por negarlo todo, a quienes la crisis los hace más productivos, a quienes la ansiedad y le angustia los y las lleva a generar o a sumarse a grandes proyectos colectivos.

Así es esto de vivir sin partitura. Todos y todas, además de tener que enfrentar la crisis en lo material y lo cotidiano, nos hemos visto obligados a mirarnos en el espejo. Es y era imposible saber cómo reaccionaríamos frente a una situación tan desconocida como esta. Uno de los lados posibilitadores, aunque también complicados, de esta crisis, es que nos ofrece un espejo, inusualmente nítido, del que no podemos escaparnos. Una ocasión, en breve, para obtener datos sobre quiénes somos y de qué estamos hechos. Para acceder a esos datos sobre nosotros mismos, 'sólo' hace falta observarnos. De preferencia, sin juicios.

Imagino que para el presidente López Obrador esta situación debe ser, en lo íntimo, extraordinariamente complicada. Dieciocho años luchando por un proyecto y conseguir –vs. todo pronóstico– ganar el poder completo. Ir tendido buscando transformar a México y, de pronto, verse obligado a enfrentar una crisis tan tremenda y desconcertante como la del coronavirus. Una crisis que no le da respiro, una crisis que trastoca todos sus planes, una crisis que le exige salvar a México, antes que transformarlo.

Se ve que a AMLO la ha costado 'recalcular' la ruta. Es claro que no le está siendo, en absoluto, fácil ajustar gestos y prioridades. Es obvio que sus “radares internos” en los que, evidentemente, tanto cree, no le están alcanzando para navegar de la mejor manera esta tormenta. La terquedad sirve para romper muros, pero no resulta tan útil para sortear tsunamis. ¿Frente al Covid-19, dónde están las políticas contracíclicas, dónde están los apoyos para los que viven al día, dónde quedó aquello –en metálico– de “primero los pobres”?

Ya empezaron a hacerse notoriamente visibles las fisuras al interior de la 4T. Habrá ganadores y perdedores en la reconfiguración de cercanías y distancias con respecto al 'Rey Sol'. En un universo organizado en torno a una figura tan poderosa y dominante como AMLO, no será fácil para l@s sensatos y l@s mejor habilitados para lidiar con la tormenta –por su temple, sus habilidades y conocimientos, y su posición– combinar el valor personal y la capacidad técnica y política para ir ganando espacios en la conducción de la crisis.

Dada la lastimosa ausencia de una oposición creíble y mínimamente organizada, mucho o todo dependerá de qué tanto y a qué ritmo AMLO vaya delegando poder entre los y las planetas que lo circundan. Ojalá, por el bien de todos, que la delegación de poder por parte de López Obrador ocurra, sea ordenada, y que a los y a las que les toque conducirnos frente a este brete, tengan las agallas y la altura para hacer su trabajo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.