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Casandras equivocadas o el problema de los 'límites' de lo posible

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Casandras equivocadas o el problema de los 'límites' de lo posible

18/11/2020
Actualización 18/11/2020 - 15:03

El grueso de los analistas y comentaristas mexicanos han criticado –intensa y profusamente– la decisión del presidente de México de no reconocer el triunfo de Joseph Biden en las elecciones de Estados Unidos. Con base en ello, han vaticinado serios problemas hacia adelante en nuestra relación con el vecino del norte. Ya el tiempo nos dirá si aciertan o si vuelven a equivocarse.

No es la primera vez que muchos de nuestros más insignes analistas y opinadores formulan vaticinios catastróficos en torno a las decisiones del presidente López Obrador. Entre muchísimas otras, destacan sus predicciones casándricas sobre la cancelación del aeropuerto de Texcoco, y sobre la no instrumentación de un paquete económico de ayudas para las empresas frente a la pandemia.

Importa enfatizar que, hasta nuevo aviso, los vaticinios apocalípticos mencionados no se han materializado. Interesa, también, tratar de entender por qué.

Cancelar Texcoco resquebrajó la relación empresarios-gobierno y deprimió la históricamente exigua voluntad de los empresarios mexicanos para invertir en ausencia de tasas de rentabilidad seguras y exorbitantes. Como resultado de ello, el (flaco) crecimiento de la economía se detuvo en 2019, pero, contra lo vaticinado por muchos, la economía mexicana no colapsó. En concreto: la inflación se mantuvo baja, el tipo de cambio permaneció estable, aumentó el salario mínimo, y empezó a crecer la recaudación de impuestos.

Algo similar ha ocurrido con la rotunda negativa del gobierno de apuntalar a las empresas frente la crisis sanitaria. Dicha negativa ha tenido fuertes costos sobre el empleo, el ingreso y la inversión privada, pero no ha desfondado la economía mexicana. Los precios –incluyendo el del dólar– han experimentado variaciones importantes, pero dentro de rangos estables. La caída de la economía fue de terror en el segundo trimestre de 2020, pero en el tercero experimentó un rebote considerable. Y la recaudación de impuestos se mantuvo vis a vis 2019 a pesar de la brutal caída en la actividad económica.

Los economistas neoclásicos y los otros científicos sociales aspirantes a serlo seguramente tendrán muchas 'evidencias' para 'demostrar' que el costo de cancelar Texcoco, y de no apoyar a las empresas frente al Covid-19 han sido mucho mayores de lo que aquí sostengo y, en última instancia, conducirán a la quiebra de la economía y la sociedad mexicanas. Se entiende que pudieran sentirse impelidos a hacerlo; les va mucho en ello. Me explico.

A les homes sapiens nos constituyen y nos organizan social e individualmente los relatos. Las ficciones que compartimos son el guion que nos da sentido, que nos asigna el personaje que actuamos, y que hace operable y comprensible el mundo social que nos aparece como 'objetivo'.

La realidad social, sin embargo, no es 'objetiva' de la misma manera que son objetivas los átomos, los ríos o el iceberg delante del Titanic. Dado que lo social nos es externo (se nos presenta como límite a nuestra subjetividad, voluntad y control), con frecuencia se nos aparece igual a lo natural, a lo no humano, y, por tanto, sujeto a límites y leyes universales. En esa confusión entre lo objetivo y lo intersubjetivo entendido como ficción compartida, anclan la disposición positivista en el análisis social tan dominante en las últimas décadas y, también, los vaticinios casándricos de nuestra élite intelectual sobre las decisiones del presidente López Obrador.

La capa más superficial de la ficción que nos constituye socialmente a les mexicanes de principios del siglo XXI es la ideología/proyecto neoliberal. Debajo está la ilusión positivista, según la cual la realidad social es tan objetiva como lo son las piedras y la temperatura exacta a la que hierve el agua en tal o cual altura sobre el nivel del mar.

Las predicciones tremendistas de nuestra dorada intelligentisia liberal o neoliberal sobre las decisiones de AMLO parten de la convicción de que la realidad social mexicana es un conjunto de hechos 'objetivos', idénticos a los descritos por la ideología neoliberal. El problema es que eso no es cierto. Un relato con todo y su idea de límites y posibilidades sólo es empíricamente cierto cuando un número suficientemente grande de personas creen en él. Y, ocurre que en el México posjulio de 2018 se están moviendo los límites de lo posible porque AMLO pudo articular y movilizar el rechazo de amplísimos segmentos de la población en contra de la ficción neoliberal impuesta por las élites nacionales e internacionales durante más de tres décadas.

Dado que nuestra 'realidad' social se está moviendo, no es posible saber hoy en México a ciencia cierta dónde se ubica el límite entre lo posible y lo imposible y, por tanto, determinar con precisión los costos y beneficios agregados e intertemporales de distintas decisiones gubernamentales. Frente a este terremoto, convendría que nuestros intelectuales más prestigiosos hicieran su trabajo de ayudarnos a entender. Es difícil que lo hagan, sin embargo, pues mucho de su idea de sí mismos/as y buena parte de lo que más valoran –su ingreso, su estatus y su poder– dependen de aferrarse a la idea de que la realidad social organizada desde la ideología/proyecto neoliberal es 'la' realidad pura y dura.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.