Arranca el 2020: ¿qué tirar y qué guardar del 2019?
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Arranca el 2020: ¿qué tirar y qué guardar del 2019?

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Arranca el 2020: ¿qué tirar y qué guardar del 2019?

02/01/2020

Mientras me preparaba para recibir el 2020, una parte de mí quería cerrar la tapa del 2019 y enviarlo completito al basurero de la historia. El que recién terminó fue, para mí, un año duro en lo personal. También fue, como sabemos todos, un año extraordinariamente tumultuoso en lo colectivo. No sé ustedes, pero, yo terminé agotada. De ahí mi primer impulso a darle carpetazo al año pasado y arrojarlo entero al olvido.

En esas estaba, cuando me di cuenta de que el 2019 también me había abierto puertas importantes que no quiero cerrar. Puertas a lugares vivificantes y a caminos posibilitadores que quiero traerme conmigo hacia adelante.

Comparto aquí lo que quiero dejar atrás del año que terminó ayer, pero, también, aquello que deseo conservar y llevarme del 2019 para este 2020 que comienza.

En lo más personal, quiero mandar al fondo del bote de la basura la angustia sorda que producen el engaño y la confianza traicionada.

En lo profesional e institucional cercano quisiera consignar al pasado la incertidumbre intensa que vivió la comunidad laboral a la que pertenezco el año pasado como resultado del cambio de gobierno. Deseo que se quede en el 2019 esa incertidumbre excesiva que no contribuye a promover trabajo que sume. Deseo también, para la institución en la que trabajo, un sentido de comunidad más claro a fin de procesar de mejor forma los sobresaltos externos que pudieran venir en el futuro.

Como ciudadana, quisiera dejar en el año que se fue la polarización destructiva. Me refiero a esa parte de la polarización que desborda sus efectos benéficos en términos de visibilizar y darle salida a nuestras profundas e inmensamente tóxicas divisiones. A ese encono que cancela y descalifica al otro y, con ello, amenaza nuestra capacidad para rearmar el respeto recíproco y los entendimientos compartidos indispensables sobre los que descansa la posibilidad de la vida en común.

Paso ahora a lo quiero conservar del 2019 y llevarme para este 2020.

A nivel personal quiero hacer mía para siempre la entereza que me permitió sobrevivir un año muy difícil. Quiero traerme a este 2020, sobre todo, las cuerdas fuertes de amor y confianza que me permitieron sortear un año tan desafiante.

En lo que hace a la institución tan querida en la que trabajo, del 2019, elijo quedarme con la inteligencia y la fortaleza que le hicieron posible a esa comunidad académica organizarse y empezar a redescubrir el propósito común que le da sentido. Del 2019, a nivel profesional y laboral, quiero conservar lo aprendido durante la construcción de un sindicato de profesoras y profesores en el CIDE. Me llevo, asimismo, las posibilidades que abre la reactivación de esa conversación imprescindible sobre lo que nos toca hacer como institución de educación superior pública de excelencia en el México realmente existente, más allá de nuestros proyectos individuales.

Como ciudadana y profesional que se dedica a pensar lo político, quiero conservar del 2019 para este 2020 que comienza cuatro cosas fundamentales.

Primero, la capacidad para sorprenderme, para dudar de lo que daba por cierto, y la disposición para seguir haciéndome preguntas. Quiero conservar ese azoro hacia adelante. Para no adormecerme; para seguir viva.

Segundo, el arribo al centro de la agenda pública en México de la desigualdad, la exclusión social y la injusticia impulsado por el nuevo gobierno. Me quedo con eso para el 2020, pues para encarar los problemas e intentar resolverlos, primero hace falta nombrarlos.

Tercero, me llevo en el corazón a una nueva generación de mujeres que alzó la voz, se organizó y tomó el espacio público para reclamar el fin de la violencia en su contra. Jóvenes valientes que rechazan quedarse calladas y escenifican en todo el mundo el performance de un colectivo de mujeres chilenas: “El violador eres tú”.

Cuarto y fundamentalísimo: el tema del acceso a la justicia que Ana Laura Magaloni nos puso delante durante el más reciente proceso de designación para ocupar el cargo de Ministra que estaba vacante en la Suprema Corte de Justicia. Sencillamente no hay asunto más importante para enfrentar la violencia y para reconstruirnos como sociedad que el de asegurar el acceso a la justicia para todos y en especial para los más vulnerables. Magaloni nos lo explicó con claridad, sensibilidad e inteligencia contundentes: sin acceso a la justicia no nos será posible transitar a un país que nos permita convivir, cuidarnos unos a otros, y trabajar, día con día, en beneficio propio y de todos. Por eso importa el tema y por eso importa conservarlo y moverlo hacia adelante en este 2020.

Para el 2020, les deseo a todos mis lectores asombro, reconexión con lo que los mueve y mucha felicidad. Por último, una invitación a preguntarse qué tirarían a la basura y que guardarían hacia adelante ustedes del 2019.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.