AMLO: ¿por qué importa (tratar de) entender?
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AMLO: ¿por qué importa (tratar de) entender?

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AMLO: ¿por qué importa (tratar de) entender?

22/05/2019

…el proceso de entender es, claramente y quizá sobre todo, un proceso de autoentendimiento. Ello, pues aunque sólo sabemos y aún no entendemos bien contra qué estamos luchando, sabemos y entendemos todavía menos a favor de qué estamos luchando.

Hannah Arendt

Hablo con mucha gente para quien AMLO resulta cada vez más difícil de digerir. Observo esta tendencia, en particular, entre aquellos simpatizantes originales de la 4T ubicados en las clases medias, y/o entre las personas que creen en cosas como el esfuerzo personal, los argumentos bien armados, y el poder del conocimiento riguroso.

La indigestión emocional permanente no ayuda, sin embargo, a navegar productivamente estos tiempos tan agitados e inciertos. El solo disgusto no sirve para aprender mayor cosa sobre el país y tampoco abona a la construcción –paciente, inteligente y estratégica– de oposiciones capaces de hacerle frente y ponerle límites al presidente López Obrador, su movimiento y su momentum.

Anuncios desde el gobierno que rompen el fondo y/o la forma de lo conocido casi diario. Medidas gubernamentales que se suceden a toda prisa, encimándose unas con otras. Decisiones de gobierno cuyo sustento argumentativo y racionalidad técnica no son en absoluto claros (por ejemplo, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía o… el impulso al beisbol) y en las que, con frecuencia, la consistencia entre medios y fines es dudosa o inexistente (ejemplos: creación de 100 nuevas “universidades” para atender la demanda insatisfecha de educación superior; asfixiamiento presupuestal y regulatorio del sector público que pudiera llegar a comprometer la propia viabilidad de programas prioritarios del nuevo gobierno). Un estilo de gobernar montado sobre la palabra incesante de un líder cuyos discursos reiteran incansablemente una misma trama narrativa: el héroe –pueblo y líder– vs. la élite rapaz y 30 años de neoliberalismo.

En un contexto así, resulta muy difícil mantener la calma y tratar de encontrarle sentido a los actos del nuevo gobierno. Conviene, con todo, hacer el esfuerzo por entender. “Entender” no en plan justificar para conformarnos o para abdicar de la indignación o la crítica. “Entender” buscando desentrañar la trama posible de motivaciones, razones, lógicas y significados que pudiera (o no) hacer comprensibles gestos, dichos y actos de poder que, con frecuencia, resultan ininteligibles. Embarcarse en el interminable proceso de tratar de entender, como señala Arendt, para intentar aclararnos contra qué y a favor de qué estamos.

Conviene hacerlo, en resumen, para sacarle algún provecho a este momento tan álgido y confuso en la política y en la vida de México. Algún provecho, sea para hacernos nuevas preguntas y descubrir nuevas cosas en beneficio propio o del conocimiento acerca de la realidad política y social del país; sea para identificar activos y vulnerabilidades de la 4T y su líder a fin de diseñar estrategias inteligentes que permitiesen edificar contrapesos efectivos.

En lo personal, frente a la 4T, esforzarme en encorchetar (aunque sea momentáneamente) el impulso a juzgar y darme a la tarea de intentar entender, me ha resultado útil. Hacerlo me ha obligado a hacer explícitos, confrontar y examinar mis propios supuestos, mis creencias y mi forma de mirar y organizar la realidad. Me ha permitido, también, experimentar otras formas de leer el mundo, aprender cosas que no sabía, y hacerme, desde ahí, nuevas preguntas (algunas de ellas más interesantes que las que me había acostumbrado a hacer).

Para suspender, de vez en vez, el juicio flamígero desatado por si estamos de acuerdo, nos gusta o no lo que el Presidente hace o dice, ayuda a escudriñarlo desde un lente más analítico. Observarlo, esto es, más desde preguntas tales como: ¿por qué y para qué hace lo que hace o dice?, ¿por qué conecta con tantos y logra moverlos?, ¿cómo lo hace?, más que desde el juicio valorativo como principio y fin de la mirada.

En un ambiente tan polarizado en lo ideológico y tan convulsionado por cambios que tocan resortes muy antiguos de la política mexicana, refrenar el impulso juzgador frente a AMLO no es una tarea, en absoluto, sencilla. Pero vale la pena hacer el esfuerzo, pues el trabajo de entender abona a la posibilidad de aprender cosas potencialmente útiles en lo personal y en lo colectivo.

Entender no en ánimo de justificar o de resignarse frente a decisiones que remueven soportes y entendidos claves de la forma tradicional de hacer política y gobierno en México, y que pueden no gustarnos, parecernos inconsistentes o, de plano, descabelladas. Tratar de entender para conocernos y conocer un poco más al país al que le habla Andrés Manuel López Obrador. Intentar entender a fin de navegar y enfrentar con mejores instrumentos un contexto político y social, en muchos sentidos, inédito. Uno marcado, por buenas intenciones, quizá; por líneas de acción que lejos de abonar al éxito del proyecto parecieran encaminados a darle dientes para que se muerda y se consuma a sí mismo; pero, también, por un líder con una capacidad de resonancia con el México largamente ausente del escenario político nacional que convendría no menospreciar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.