Un nuevo aire para la representación democrática
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Un nuevo aire para la representación democrática

17/03/2020
Actualización 17/03/2020 - 13:50

Sabemos que la amenaza presentada por el virus COVID-2019 tendrá consecuencias en la salud y también costos económicos que, con las proyecciones que se tienen y dependiendo de las decisiones que se tomen, resultan más o menos predecibles. Menos predecibles serán las consecuencias políticas de esta crisis, aunque ya se prevé que una de ellas será –como lo ha advertido Fareed Zakaria en el Washington Post–, que los políticos populistas tratarán de colocar algo de la culpa de esta pandemia en las fronteras abiertas y la globalización comercial. Muchos políticos de partidos xenófobos en Alemania, Italia, Francia y España, han hecho llamados a fortalecer los controles fronterizos y las restricciones migratorias. El cierre de fronteras a los viajes y migración puede pasar de ser una situación temporal, a convertirse en la base para el fortalecimiento de un discurso contrario a la movilidad territorial, el intercambio global y las sociedades abiertas.

En este nuevo entorno marcado por los temores, la incertidumbre económica y el oportunismo político, la crisis de la democracia liberal, que se encontraba ya amenazada por la simplista retórica populista, enfrenta ahora un reto adicional, pues los costos humanos y económicos de esta crisis de salud podrían pasar la factura a los sistemas democráticos actuales, con su parsimonia y lentitud para tomar decisiones oportunas, y la dificultad con la que los políticos en democracias se enfrentan al dilema de tomar o no decisiones drásticas y costosas, como la cancelación de clases y de eventos culturales masivos, que son precisamente el tipo de medidas que se requieren para enfrentar una pandemia.

Hélène Landemore es una profesora francesa de la Universidad de Yale, con estudios de filosofía y ciencias políticas en la Sorbona, en Sciences-Po y Harvard. Desde hace un tiempo, Landemore se ha preocupado por estudiar los dilemas de la representación política en democracia y ha hecho una de las propuestas más interesantes de los últimos años. Su propuesta parte de la crisis actual de la democracia y de los partidos políticos, que tiene su origen en el hecho de que para muchos ciudadanos, los líderes políticos fallaron en representarlos adecuadamente a través de las instituciones democráticas, y en lugar de eso, se dedicaron a usar esas instituciones para atender sus propios intereses.

Rechazar la democracia por los errores que se han cometido en su nombre, dice Landemore, sería un error. Ella ve en la crisis de la democracia, no un rechazo, sino un deseo de retomar el sentido original de esa forma de gobierno y una oportunidad de pensar cómo debe reorganizarse la representación democrática bajo los principios de inclusividad e igualdad. “Inclusividad, escribió Landamore para la revista Daedalus del MIT, significa que a cada miembro adulto del demos, le corresponde una parte del poder y que la definición misma de demos es inclusiva. La igualdad significa que esta parte del poder debe ser igual para todos. […] Este principio de equidad también significa que a cada voz se le debe dar la misma oportunidad ex ante de ser escuchada cuando la deliberación pública lo requiera. Finalmente, igualdad significa que cada individuo debe tener la misma oportunidad de ser un representante cuando se requiera la representación”.

En suma, lo que Landamore propone es un sistema de representación política que ella llama “democracia abierta” con cinco principios: derechos de participación equitativos y universales; debate público como parte del proceso de representación; regla de mayoría; una acotación al campo de acción de los representantes electos en la forma tradicional y completa transparencia en la operación y toma de decisiones de los gobiernos. El primero de esos principios se haría realidad con la elección de pequeñas asambleas de ciudadanos seleccionados por sorteo (inclusividad e igualdad), para que tomen las decisiones de gobierno apoyados con mecanismos de consulta popular y referéndums para que los que queden fuera del sorteo también puedan participar. Los ciudadanos que sean sorteados para participar temporalmente en estas asambleas tendrían un salario, en un esquema parecido al de la licencia por maternidad. La propuesta no es un rechazo a la experiencia y expertise de los servidores públicos profesionales, que como propone Ricardo Haussman, deben ser expertos en sus áreas, sino que es darle una oportunidad a la democracia para que se renueve y tome aire con una mayor participación popular.

Esta propuesta, desde luego, enfrenta muchos críticos que principalmente dudan de que lo que Landamore ha puesto en papel tenga aplicación práctica. Se antoja sospechar que la forma en que el partido Morena elige a algunos de sus candidatos a legisladores por medio de sorteos y las consultas populares que ha organizado y propuesto el presidente son parte de una búsqueda de una mejor forma de representación política más equitativa e inclusiva. En todo caso, también podrían considerarse un ejemplo de fracaso en su aplicación práctica. Estoy de acuerdo con Landamore en que se requiere una nueva forma de pensar la representación política democrática, en la que se devuelva a los ciudadanos la posibilidad real de participar en las decisiones, y que busque terminar con la formación de élites políticas en democracia, frase que encierra una grave contradicción conceptual, pues un sistema que se construye desde la igualdad, no puede permitirse la formación de élites desconectadas e insensibles a los intereses de la sociedad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.