La propuesta de Zuckerberg
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La propuesta de Zuckerberg

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La propuesta de Zuckerberg

02/04/2019

El pasado 30 de marzo el fundador y presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, publicó un artículo en el Washington Post (https://www.washingtonpost.com/opinions/mark-zuckerberg-the-internet-needs-new-rules-lets-start-in-these-four-areas/2019/03/29/9e6f0504-521a-11e9-a3f7-78b7525a8d5f_story.html?utm_term=.109c4b60e542), en el que presenta un conjunto de sugerencias para regular el uso de la Internet. Zuckerberg propone regulaciones en torno a contenido dañino, integridad electoral, privacidad y portabilidad de datos. Sin embargo, hay críticos que subrayan que Zuckerberg no debe ser quien proponga las reglas del juego y no le dieron clic a “Me gusta”.

Es imposible calcular el poder que tiene Facebook en el mundo en términos de su papel en la difusión y manejo de datos. A lo largo de los años y desde su lanzamiento, el 4 de febrero de 2004, Facebook ha tenido un crecimiento que sólo puede ser calificado de explosivo. Ese crecimiento, que cabalga al ritmo del desarrollo tecnológico, es hoy una suerte de metáfora de los retos que nos presenta la gobernabilidad de la Internet, pues la tecnología en la que Facebook se ha montado ha crecido a tal velocidad que resulta difícil predecir los riesgos a futuro.

En su artículo del Post, Zuckerberg aborda algunos de esos riesgos no previstos. Sobre la difusión de contenido dañino como propaganda terrorista, pornografía infantil o discursos de odio, sugiere la adopción de reglas globales homogéneas y estandarizadas para la revisión y publicación de contenido, de tal forma que la existencia de distintas plataformas, cada una con distintas reglas para enfrentar este problema, no facilite que grupos terroristas o racistas difundan su información. En cuanto a la publicidad electoral en Internet, Zuckerberg sugiere trabajar en la identificación de la identidad de quienes contratan publicidad política y en la difusión estratégica de contenidos que dividen a los votantes (migración, globalización, aborto, etc.), y la interferencia de un país en procesos electorales de otro.

En tercer lugar –y esto es muy relevante– Zuckerberg propone una regulación estandarizada sobre privacidad y protección de datos, que sea armónica a nivel global, para lo cual propone seguir el modelo europeo conocido como General Data Protection Regulation (GDPR), aprobado por el Parlamento Europeo en 2016. Esta regulación armoniza el manejo de la privacidad de datos en Europa, protege y ofrece garantías a los ciudadanos europeos sobre la privacidad de sus datos y también establece parámetros para regular las actividades de organizaciones que tienen en su poder datos privados, incluyendo sanciones en casos de uso indebido. El último tema que aborda es el de la portabilidad de datos entre distintas plataformas. Este es un asunto fundamental para el futuro de la Internet, pues tiene que ver con la capacidad de compartir datos entre distintos servicios, lo cual ofrece múltiples oportunidades para el desarrollo de servicios y aplicaciones de la llamada “Internet de las cosas”, pero que requiere resolver temas regulatorios que aclaren la responsabilidad de la custodia de esos datos mientras se mueven entre plataformas.

Es imposible leer las propuestas de Zuckerberg sin considerar que se trata de un mea culpa vinculado a los problemas que su empresa ha enfrentado en los últimos años, entre ellos el escándalo relacionado con la empresa Cambridge Analytica, que tomó información de millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento para ser utilizados por la campaña de Donald Trump. A eso hay que sumar las opciones que Facebook ofrecía a quienes compraban publicidad para discriminar a ciertos grupos raciales y religiosos en sus anuncios publicitarios, además de su incapacidad para detener la difusión de los videos del terrorista que atacó un templo musulmán en Nueva Zelanda.

Zuckerberg hace buenas propuestas para la gobernabilidad de la Internet… que al mismo tiempo son buenas propuestas para Facebook. Por un lado, busca compartir la responsabilidad con el gobierno en lo que respecta al control de contenido dañino, lo cual prácticamente convertiría a los gobiernos en censores y podría generar dilemas relacionados con la libertad de expresión. Por otro, sus propuestas fortalecen su dominancia en el mercado y dificultaría la entrada de competidores, pues Facebook ya cuenta con una enorme capacidad instalada para revisar y eliminar el contenido dañino con más de 30 mil moderadores. En cuanto a la portabilidad, es importante revisar qué riesgos surgirían de que Facebook consolide los datos de su plataforma con los de Instagram y WhatsApp. Además, al proponer un entramado legal armonizado para distintos países, se facilitaría enormemente la operación global de Facebook.

No hay duda de la necesidad de crear nuevas reglas que ayuden a enfrentar retos no previstos relacionados con el crecimiento de las capacidades de la Internet. No hay duda tampoco de que ese crecimiento ha permitido el nacimiento de una industria y la aparición de emprendedores que han logrado con su talento construir notables iniciativas que tienen el potencial de generar importantes beneficios para todos. Pero debemos también estar advertidos de que esas nuevas reglas no deben limitar la libertad de expresión, generar nuevos problemas ni consolidar la dominancia de ninguna empresa.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.