La izquierda y la cultura
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La izquierda y la cultura

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La izquierda y la cultura

18/12/2018
Actualización 18/12/2018 - 13:14

Hace tiempo escuché decir a Enrique Krauze que una cualidad notable de la izquierda mexicana era su respeto por la cultura. Tal vez eso explica que una gran parte de los artistas y creadores culturales, así como de quienes se dedican a la academia y la investigación científica en universidades públicas, se han identificado y han apoyado tradicionalmente a partidos y candidatos de izquierda, y han hecho campaña en las pasadas elecciones por Andrés Manuel López Obrador y los candidatos del Partido Morena. De hecho, muchos de los cuadros políticos y candidatos de ese partido vienen también del ámbito académico, artístico y cultural, lo cual sin duda ha enriquecido y animado sus filas. Ese respeto y la relación de cercanía entre la izquierda política y el mundo de la cultura parecen haber llegado a su fin con la presentación del Proyecto de Presupuesto de Egresos para 2019, entregado el pasado sábado por la Secretaría de Hacienda al Congreso de la Unión, junto al resto del Paquete Económico.

En la propuesta presentada por Hacienda, hay importantes reducciones de recursos para la Secretaría de Cultura, para Conacyt y para las universidades públicas, destacadamente la UNAM. De aprobarse esas reducciones, significarían un fuerte repliegue en la ejecución de acciones, programas, apoyos, y en el logro de resultados para las áreas afectadas. Es posible que los recortes vengan acompañados de despidos de personal y de reducción de sueldos y beneficios para trabajadores de la cultura y la academia. Un adelanto de eso lo hemos visto ya con la reducción de salarios en instituciones de educación pública, como el CIDE. Paco Ignacio Taibo II tendría una expresión pintoresca y bastante exacta para explicar en corto qué le pasó al sector cultural y científico con el proyecto de presupuesto, pero prefiero que sea él quien lo diga.

Esta propuesta de reducciones provocó la publicación de un desplegado de la propia UNAM y exhortos de la Asociación de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), también afectada, solicitando a la Cámara de Diputados una reconsideración del recorte presupuestal. No hay duda de que la propuesta de recorte resulta más escandalosa para la comunidad cultural, al evidenciarse en el Proyecto de Presupuesto que se proponen fuertes aumentos a los gastos de comunicación social, lo cual revela una flagrante inconsistencia con los postulados y propuestas originales de Morena. A la hora de la verdad, la supuesta cercanía de la izquierda política con la comunidad cultural no era real.

A diferencia de otras decisiones polémicas del gobierno, estos recortes no han provocado la manufactura de los usuales argumentos defensivos conocidos como “maromas”, esos curiosos ejercicios de acrobacia retórica dirigidos a enderezar pifias y contradicciones, y que en el argot político anglosajón llaman spin. Por el contrario, un número importante de apoyadores típicamente acríticos de Morena han manifestado esta vez su abierto desacuerdo con las medidas, lo que hace pensar si la decisión de retirar el presupuesto para la cultura y la ciencia ha conseguido cruzar una raya imaginaria de tolerancia entre quienes hasta ahora han sido simpatizantes del presidente.

El estadista, filósofo y teórico político conservador Edmund Burke decía, hace unos 300 años, que “los ingresos del Estado son el Estado”, lo que dicho de otra manera significa que el Estado se define por sus ingresos y gastos, y la manera en que gasta es la expresión desnuda de la política. Fuera de la retórica, del debate político y de la ideología, en el Proyecto de Presupuesto que entrega el Ejecutivo a la Cámara de Diputados se refleja, sin matices, las intenciones reales de un gobierno.

Cuesta creer que sea precisamente un gobierno de izquierda el que presente un presupuesto tan delimitado para la ciencia, la cultura y las artes. Tal vez se trate de un error primerizo o de una propuesta que busca ser un simple “saque” para iniciar el debate presupuestario en la Cámara y ante la opinión pública. Tal vez el gobierno termine cediendo ante las presiones de la comunidad académica y cultural y se reponga lo que se le restó a ese sector en el proyecto presentado. Lo cierto es que se trata de una propuesta que ha puesto en riesgo la relación tradicional entre la izquierda política y amplios sectores del mundo cultural, científico y académico, y que en esto probablemente el gobierno sin darse cuenta haya cruzado un Rubicón, que podría dar fin a esa cercanía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.