Julian Assange y las amenazas a la transparencia
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Julian Assange y las amenazas a la transparencia

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Julian Assange y las amenazas a la transparencia

16/04/2019
Actualización 16/04/2019 - 13:50

Tal vez Julian Assange nunca imaginó que una vez dentro de la embajada de Ecuador en el Reino Unido, a donde llegó para pedir asilo político en 2012, estaría ahí encerrado cerca de siete años. Assange trataba de evitar que se le extraditara a Suecia para enfrentar acusaciones de violación y abuso sexual, presuntamente cometidos durante una visita que hizo a Estocolmo en 2010.

Además de las acusaciones por delitos sexuales que enfrentaba en Suecia, Assange también trataba de evitar ser procesado en Estados Unidos con relación a la publicación, en 2010, de información militar secreta sobre las actividades de ese país en Irak y Afganistán, así como del contenido de comunicaciones diplomáticas confidenciales facilitadas por la soldado Chelsea Manning. Más recientemente, en 2016, Assange también estuvo involucrado en la filtración de miles de correos electrónicos de la campaña de Hillary Clinton, supuestamente obtenidos gracias al espionaje ruso, y que para muchos fue un hecho clave que propició su derrota electoral y el triunfo de Donald Trump.

Como se sabe, Assange –ahora ciudadano ecuatoriano– fue sacado por la fuerza de la embajada de su país en Londres hace unos días y arrestado inmediatamente por autoridades británicas. Parte de las acusaciones por abuso sexual que se le habían hecho en Suecia ya prescribieron, y es improbable que se le enjuicie por las que siguen vigentes. Por ahora tal vez la principal preocupación legal de Assange sea una nueva acusación que le hace Estados Unidos por el intento de hackear una computadora del gobierno, en un hecho relacionado con las filtraciones de información secreta de 2010.

Si hay algo claro es que Assange no es monedita de oro. En un artículo para Washington Post, Alan Rusbridge –exeditor de The Guardian–, lo describe como majadero, agresivo, egoísta, grandilocuente, irracional, volcánico y hasta físicamente apestoso. Los conservadores lo desprecian por filtrar información militar; los liberales por haber sido instrumental para el triunfo de Trump. Hay mujeres que lo odian por las acusaciones de violación y a muchos periodistas no les gusta que él se describa como tal. Hay quien lo señala por ser un “tonto útil”, al servicio de autocracias como Rusia y Venezuela.

Una manera de explicar a Assange, dice Rusbridge, es como un anarquista de la información. Assange y WikiLeaks han publicado grandes cantidades de información, sin importar las consecuencias de su difusión. También ha sido descrito como un nihilista peligroso e irresponsable que no acepta límites al derecho de los ciudadanos de conocer la información que está en manos de los gobiernos; él mismo se describe como un “activista de la libertad de expresión y la prensa libre”.

En realidad, Assange no es un “anarquista” que no respeta reglas. Una de las reglas que WikiLeaks sigue a rajatabla, por ejemplo, es mantener la confidencialidad de sus fuentes. Creo que Assange, más bien, es un producto de su tiempo, un activista que ha utilizado la Internet y las tecnologías de la información para publicar datos, que en su valoración tienen el potencial de generar cambios positivos para la sociedad, de contener acciones ilegítimas de los gobiernos y de fortalecer la rendición de cuentas. Assange es un producto de los tiempos porque las filtraciones de este tipo se hacen posibles gracias a la Internet y puede hacerlas cualquiera, en cualquier momento. Las filtraciones de información no necesitan a Assange ni a WikiLeaks. La filtración de información confidencial más grande de la historia, la llamada 'Panama Papers', por ejemplo, no la hizo WikiLeaks.

La persecución legal a Assange es un asunto que pone de relieve los riesgos que enfrenta el fortalecimiento de la transparencia y la libertad de expresión en el mundo. Si el gobierno de EU tiene éxito en sus intentos por encarcelar a Assange, eso puede significar el fin del periodismo de investigación y un grave retroceso para la transparencia.

En realidad no hay diferencia entre lo que hace WikiLeaks y cualquier periódico o medio de comunicación tradicional. Siempre han existido las filtraciones de información secreta, y siempre ha sido publicada por medios de comunicación tradicionales. Assange está siendo perseguido, en parte, porque no se ajusta exactamente a la definición de periodista; no tiene sentido que se le persiga a él y no a los editores de los diarios que publicaron exactamente la misma información divulgada por WikiLeaks. Esta persecución legal puede convertirse en un antecedente que ponga en riesgo la libertad de expresión, la transparencia y el periodismo de investigación.

La libertad de expresión y la transparencia tienen grandes beneficios, pero también tienen costos y riesgos. Perseguir a quienes publican información confidencial no es la respuesta para enfrentar esos riesgos. Assange no es el problema ni lo es WikiLeaks ni lo es la transparencia ni lo es tampoco la libertad de expresión. En tiempos en los que muchos gobiernos iliberales están cerrando espacios a la libre expresión y acosando a los medios de comunicación libres, es preciso que tengamos en cuenta que si queremos seguir viviendo en democracia, a pesar de los costos, en última instancia lo que debe protegerse siempre es el derecho de acceso a la información, la transparencia y la libertad de expresión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.