El estado de la democracia en el mundo
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El estado de la democracia en el mundo

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El estado de la democracia en el mundo

10/12/2019
Actualización 10/12/2019 - 14:45

Hay quien afirma que vivimos el principio del fin de la democracia como sistema de gobierno y que las democracias son incapaces de cumplir con las expectativas de los ciudadanos. Se ha escrito y dicho mucho sobre la amenaza que representa el populismo, sobre la desilusión de los ciudadanos con los resultados de los gobiernos electos democráticamente, y sobre la crisis de los partidos como mecanismos eficaces de representación política. Se ha dicho incluso que vivimos el repliegue de la marea, la resaca de la tercera ola democrática gracias a la cual muchos países con gobiernos autoritarios transitaron a sistemas más abiertos y que ahora las transformaciones van en sentido contrario, hacia el autoritarismo.

El Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, IDEA (www.idea.int), organismo internacional que promueve y fomenta la democracia sustentable y la consolidación de los procesos electorales en el mundo, hizo público precisamente hoy 10 de diciembre, el resultado de una investigación titulada 'El estado de la democracia en el mundo y en las Américas 2019: Confrontar los desafíos, revivir la promesa'. Este estudio, que se publica cada dos años –la primera edición es de 2017–, es un análisis sobre el estado en el que se encuentra la democracia en el mundo, con un énfasis en la capacidad de los gobiernos democráticos de conservar su esencia en el tiempo y de resistir conflictos y ataques. IDEA mide cinco atributos de la democracia en todos los países (a grandes rasgos, la medida en que el acceso al poder político es libre y equitativo; el grado en que se respetan las libertades civiles; los pesos y contrapesos al ejecutivo, la ausencia de corrupción y; la capacidad de los ciudadanos de participar en las decisiones del gobierno), y los clasifica entre democracias, regímenes híbridos y regímenes no democráticos.

Estudios como estos son fundamentales, pues ayudan a descubrir tendencias, a definir prioridades de política pública y construir la agenda de reformas legislativas para el fortalecimiento de la democracia. Y lo son en especial en estos tiempos, en los que muchas de las alarmas de riesgos para la democracia se encuentran encendidas al máximo nivel, en la forma de sistemas de partidos que no consiguen representar adecuadamente a los ciudadanos, en la desilusión que muestran las encuestas acerca de los resultados de los gobiernos democráticos, y en la aparición de políticos y gobiernos populistas iliberales, que empujan una agenda de debilitamiento paulatino de los mecanismos democráticos de rendición de cuentas y de contrapesos entre poderes.

De acuerdo con el estudio de IDEA, hay señales alentadoras para la democracia, y también algunos riesgos. En particular hay dos hallazgos alentadores que me parecen interesantes. El primero de ellos tiene que ver con el hecho de que la democracia se sigue propagando en el mundo, en una especie de 'cuarta ola suave' de democracia.

Desde 1975, fecha que se identifica con la tercera ola de democratización, hasta el día de hoy, el número de democracias en el mundo ha aumentado, no ha decrecido. Hoy, más de la mitad del número total de países en el mundo son democracias y más de la mitad de la población mundial vive en un país democrático. Esta tendencia sigue a pesar de la “desaceleración de la expansión democrática mundial que se registra desde mediados de la década de 1990” (pág. 5).

Este dato es muy relevante, pues parece desmentir que exista una especie de marea en reversa en reacción a la tercera ola democratizadora y de que exista una tendencia identificable de países que exprimentan regresiones autoritarias. No parece ser así. Los regímenes democráticos siguen aumentando y muchas democracias, sobre todo las más antiguas y consolidadas, dan muestra de una gran fortaleza y resiliencia. De las democracias existentes en el mundo antes de 1975 (28), sólo en Sri Lanka, con su largo historial de conflictos políticos, y en Venezuela, donde la democracia materialmente murió, se ha visto interrumpida la normalidad democrática desde entonces. Incluso en regímenes no democráticos como Argelia, Egipto, Hong Kong, Rusia y Sudán, hemos visto este año manifestaciones y movimientos sociales prodemocráticos, por lo que se puede hablar de la democracia sigue siendo en el mundo la esperanza de muchas personas para vivir en un entorno de mayor justicia y libertad.

¿Qué hay de la incapacidad de las democracias de tener un buen desempeño que ha servido para explicar-justificar la aparición de opciones populistas? Esto también parece ser una apreciación falsa o sólo relativamente cierta. El estudio muestra que las democracias por regla general, muestran un mejor desempeño en la defensa de derechos fundamentales, en igualdad de género, en indicadores de bienestar básico, en control de la corrupción y en calificaciones obtenidas en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Aún admitiendo que el establecimiento de una democracia no es condición suficiente para asegurar el bienestar de los ciudadanos, y que es incuestionable que muchas democracias tienen un mal desempeño –sobre todo en África–, lo que revela el estudio de IDEA es que las democracias tienen una mayor probabilidad de desempeñarse mejor que los países con sistemas autoritarios. Este hallazgo coincide en términos generales con la afirmación del premio Nobel de Economía, Amartya Sen, quien en 1999 escribió que “en la historia del mundo, nunca se ha presentado una hambruna en un país democrático.” Esto, dice Sen, se debe a que en democracia los gobiernos tienen que ganar elecciones y enfrentarse al escrutinio público, por lo que tienen fuertes incentivos para tomar medidas que eviten hambrunas y otras catástrofes.

Es cierto que las democracias tienen problemas, que no han logrado resolver todos los desafíos que implica gobernar y que hoy se enfrentan a nuevos enemigos en la forma de gobiernos y líderes populistas. Pero eso no significa que los días de la democracia liberal estén contados; por el contrario, ahora es momento para repensar algunos de sus mecanismos fallidos, identificar sus limitantes y considerar alternativas para que la democracia funcione mejor para los que menos tienen y ofrezca justicia a los grupos sociales que hasta hoy no la han tenido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.