¿Cómo generar un cambio?
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¿Cómo generar un cambio?

25/06/2019
Actualización 25/06/2019 - 15:02

Las dinámicas que provocan cambios sociales son un misterio. Las revoluciones y movimientos de cambio se producen sin que aparentemente se hayan incubado las condiciones. En otros casos, aunque estemos convencidos de que la mesa está puesta y de que existen las circunstancias ideales para el cambio social, este no ocurre.

Nadie pudo prever el surgimiento de movimientos sociales que se tradujeron en cambios políticos importantes, como la Primavera Árabe de 2010-13, que se dio contra todo pronóstico. Tocqueville decía que nadie en su tiempo supo interpretar las condiciones políticas y sociales que abrieron paso a la Revolución Francesa. Lenin mismo se sorprendió de la profundidad, la rapidez y el alcance con que la sociedad rusa abrazó la causa de la Revolución de Octubre. Nadie tampoco pudo prever la gravedad y violencia de los conflictos que sucedieron durante la Revolución Mexicana. También ocurre que se presentan escenarios en los que podríamos pensar que hay condiciones adecuadas para el cambio, y al final no sucede nada. Me sorprende que a pesar de la gravedad de la crisis institucional y humanitaria de Venezuela, fuera de manifestaciones que el gobierno ha podido contener, no se ha presentado aún un cambio de gobierno. El mismo azoro me produce ver que en Cuba, a pesar de que a mi parecer se han dado de sobra las condiciones para un cambio de gobierno, el mismo régimen autoritario e ineficaz de los Castro sigue gobernando la isla. La reciente aparición de gobiernos de autócratas iliberales y populistas en muchos lugares del mundo, son una invitación a repasar las condiciones que permiten que aparezcan este tipo de regímenes, en sí mismos fenómenos de cambio social que hay que entender, y también las circunstancias que podrían ayudar a empujar en esos países un cambio social orientado hacia el retorno de la democracia.

Cass Sunstein, profesor de la escuela de leyes de Harvard, en How Change Happens (MIT University Press, 2019) identifica algunas razones sobre por qué el cambio social es tan difícil de prever y, eventualmente, de provocar. Una de ellas es que las personas no nos atrevemos a revelar nuestras preferencias políticas, sobre todo cuando revelan aspiraciones de cambio, cuando van en contra de la opinión mayoritaria o de ciertas normas sociales. La condena social, el miedo a hacer el ridículo o a ser sancionado por un gobierno autoritario, empuja a las personas a reservarse sus ideas y a no actuar. Sunstein dice que las preferencias políticas de las personas terminan adaptándose a la realidad, por ejemplo, sumándose a una mayoría visible. Aun cuando seamos favorables al cambio, por conveniencia o por un cálculo costo-beneficio, las preferencias políticas muchas veces se ajustan a la realidad y se convierten en artefactos al servicio del statu quo. Si eso sucede, el cambio social se dificulta. Cuando no tenemos interacciones sociales relevantes con personas que desean el cambio, cuando no se vuelve evidente la existencia de una comunidad favorable ese cambio y cuando no existen liderazgos visibles que nos ayuden a revelar nuestro deseo de que las cosas se transformen, no es posible que se construya una masa crítica que empuje reformas sociales.

Sunstein dice que para que se “produzcan” personas favorables al cambio social es necesaria la moderación o abandono de las normas sociales que lo impiden, y que eso se consigue con una mayor interacción social entre quienes aspiran al cambio, conducido por los liderazgos adecuados. El movimiento #MeeToo reveló a muchas víctimas la existencia de liderazgos visibles y de una comunidad de personas favorables al cambio, que ayudó a liberar a quienes habían sufrido acoso sexual del estigma social que muchas veces acompañaba a la denuncia en un entorno machista. A esas víctimas que antes les daba miedo o vergüenza denunciar, #MeeToo les dio el valor que transformó la denuncia en un acto de dignidad.

Trayendo todo esto a la realidad mexicana, muchos podríamos pensar que los errores, contradicciones y actitudes de intolerancia política del gobierno deberían a estas alturas haber facilitado la aparición de un movimiento social, visible y relevante, de contrapeso. Eso no parece haber ocurrido, debido tal vez a que los mecanismos tradicionales de movilización política y de opinión se encuentran debilitados, desacreditados, intimidados y, en el peor de los casos, capturados. Sin embargo, tenemos la posibilidad de crear condiciones más propicias para arropar el cambio. Para ello se requieren liderazgos visibles y congruentes, que construyan un discurso creíble y condiciones de aceptación al disenso y que faciliten la construcción de una sociedad que en lugar de condenar, dignifique la crítica. Los mecanismos que promueven el cambio social siguen siendo un misterio y son imposibles de manipular, pero es importante que si esas condiciones de cambio se presentan, tengamos alternativas de rumbo para darle sentido a ese cambio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.