Nueva ronda de negociación del TLC y el déficit comercial
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Nueva ronda de negociación del TLC y el déficit comercial

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Nueva ronda de negociación del TLC y el déficit comercial

27/02/2018
Actualización 27/02/2018 - 11:16

Se inicia una nueva ronda de la renegociación del TLCAN en la Ciudad de México y como ha sucedido en las ocasiones previas, el presidente Trump hace comentarios negativos hacia este acuerdo. Además vuelve a presionar para que México pague por la construcción de un muro entre nuestros países y tuvo menciones despectivas hacia los migrantes que entran a su país.

Como resultado, se cancela la reunión que se tenía prevista entre los presidentes de ambos países.

Considero que este proceso de negociación se está dando en dos niveles diferentes: Por un lado están los funcionarios de los tres países involucrados, que son técnicos muy profesionales y conocedores de sus temas, con una amplia experiencia y que entienden bien sus responsabilidades. Por otro lado están políticos como el presidente Trump y varios de sus asesores que tienen la idea de que los déficits comerciales y de la balanza de servicios (lo que se denomina la balanza de cuenta corriente) son malos. Este pensamiento económico, llamado mercantilismo, fue muy popular en los siglos XVI y XVII, pero hoy se consideran obsoletos. La razón es que el déficit comercial y de servicios es sólo una parte de la balanza de pagos que registra todos los movimientos internacionales, siendo su contraparte el superávit en la balanza de capitales. Esto significa que lo que 'le quitamos' por medio de nuestro superávit comercial, 'lo regresamos' por medio de los flujos de capitales por pago de préstamos, inversiones, dividendos, compra de bonos y de acciones, etcétera.

Las estadísticas oficiales de Estados Unidos muestran que el año pasado el déficit de la balanza de bienes y servicios (o también llamada de cuenta corriente) fue de 566 mil millones de dólares, con un incremento anual de 2.9 por ciento.

Por su parte, sólo la balanza comercial se elevó a 810 mil millones de dólares, con un aumento de 7.6 por ciento. De esta última, el mayor desequilibrio norteamericano fue con China por 375.2 mil millones de dólares, es decir casi la mitad del total. Luego sigue la Unión Europea con 151 mil millones, México con 71 mil millones y Japón con 69 mil millones. Con Canadá tiene un déficit por 18 mil millones de dólares.

Hay que enfatizar que los desequilibrios comerciales no resultan de malas negociaciones de los tratados comerciales, como lo confirma que Estados Unidos no tiene uno con China, sino se deben a una demanda agregada interna mayor que su oferta interna. Este desequilibrio puede deberse a varias razones como son un déficit fiscal elevado (que es el caso actual) o a un bajo ahorro interno o entradas de capitales del exterior que fortalecen al dólar (que también está sucediendo). Un dólar fuerte abarata las importaciones que realizan los norteamericanos y encarece sus exportaciones, resultando en déficits comerciales.

En la medida en que se incrementan los ataques hacia México o se eleva la probabilidad de que se cancele el TLCAN, se deprecia el valor del peso, que hace más competitivas nuestras exportaciones y encarece nuestras importaciones. Esto incrementa el déficit comercial que tiene Estados Unidos con nuestro país, que es lo opuesto que pretende el presidente Trump. O sea que atacar a México por nuestro superávit ¡lo eleva aún más!

Un efecto no previsto en caso de que se cancele el TLCAN es que las empresas norteamericanas que han invertido en México tendrían pérdidas por sus activos en nuestro país, ajustando los precios de sus acciones. Esto puede tener un impacto negativo relevante en los diferentes mercados bursátiles, los cuales muchos analistas consideran sobrevaluados.

En resumen, el déficit comercial que tiene nuestro vecino país del norte no se reduce con renegociaciones de los tratados de comercio, sino con ajustes macroeconómicos diversos, con incrementos en el ahorro interno y en la productividad. Esto lo sabemos muy bien en México después de haber sufrido varias crisis de la balanza de pagos en las décadas pasadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.