Opinión Benito Solis

Latinoamérica y México siguen retrasándose

Mientras que el crecimiento global avanza a un ritmo cercano a 3% en los últimos años y las economías emergentes crecen por arriba de 4%, Latinoamérica solo lo hace en 1.5%.

Las economías del mundo están en un ciclo de crecimiento y desarrollo nunca antes visto en la historia de la humanidad. Mientras que el crecimiento global está en un porcentaje cercano a 3 por ciento en los últimos años y las economías emergentes crecen por arriba de 4 por ciento, Latinoamérica solo lo hace en 1.5 por ciento, que en términos per cápita, es decir por persona, lo hace a una tasa de 0.56 por ciento, lo cual es totalmente insuficiente para elevar el nivel de vida en la región de una manera significativa. En el caso de México en los próximos días se tendrá el dato para 2019, que probablemente será negativo.

Este crecimiento mundial ha permitido una drástica contracción de la pobreza en las pasadas décadas. Según datos estimados y publicados por el Banco Mundial de manera reciente, durante el año de 1981, el 42.1 por ciento de toda la población en el mundo tenía un ingreso diario igual o menor a 1.90 dólares diarios (en poder de compra de 2011). Para el año de 1999 este porcentaje ya había bajado a 28.6 por ciento de toda la población mundial y en el año de 2015 (para el último que se han estimado datos), solo 10 por ciento de la población mundial tiene un ingreso menor a esta cantidad, una vez hecho los ajustes por inflación y tipos de cambio reales.

Este impresionante avance se ha logrado por el elevado crecimiento que registran la mayoría de las naciones en el mundo. Por ejemplo, en las pasadas dos décadas (es decir del año de 2000 a 2019) Asia del este creció 4.8 por ciento en promedio anual, Europa y Asia central lo hicieron en 1.9 por ciento; por su parte, Medio Oriente creció en promedio anual a 2.9 por ciento. Especialmente relevante fueron los países de Asia del sur con un crecimiento promedio de 6.5 por ciento y África subsahariana empezó a tomar medidas que lo empujan al crecimiento, lo cual hacía en 3.5 por ciento en esas dos décadas. Dentro de este avance de la humanidad resalta, pero por sus malos datos, Latinoamérica y el Caribe con un crecimiento promedio de 1.6 por ciento, sin tomar en cuenta los datos de Venezuela, cuyo gobierno ha dejado de publicar datos confiables. Especialmente relevante resulta que este pobre resultado se da en una zona del planeta que no tiene conflictos armados relevantes que pudieran explicar este atraso.

Es importante destacar que en la medida en que los gobiernos de los distintos países han adoptado reformas que permiten el mejor funcionamiento del sistema de mercado para sus economías, han logrado avances relevantes en términos de crecimiento económico. Esto se aplica tanto a naciones pequeñas, como es el caso de Singapur, como a economías medianas como es la situación de Vietnam y a economías con muy elevadas poblaciones como son los casos de China y el más reciente de India.

El bajo crecimiento en los países, como es el caso de Latinoamérica, propicia problemas de deterioro de la salud, de mala distribución del ingreso y desempleo, de más delincuencia y, por supuesto, de presiones sociales y políticas. Son varias las posibles razones que pueden explicar este retraso del crecimiento en esta parte del mundo, como puede ser el bajo nivel y calidad de la educación, un débil Estado de derecho y las bajas tasas de ahorro, los desequilibrios en la finanzas públicas que propician altas tasas de inflación y muchas razones más.

Sin embargo, tal vez la causa más relevante es la falta de conciencia de la población y de sus gobiernos de la importancia que tiene el crecimiento económico para poder lograr la gran mayoría de los otros objetivos sociales. Por ejemplo, es frecuente que se busque mejorar la distribución del ingreso o elevar el ingreso de las personas, pero sin relacionarlo con un mayor crecimiento de la economía, lo cual es imposible.

Esto solo se lograría quitándole el ingreso a un grupo de la población para dárselo a otro grupo, lo cual trae consigo conflictos sociales, una menor inversión y crecimiento que termina perjudicando a los mismos sectores que se pretendían beneficiar. Como ejemplo está el caso de los programas para proporcionar las becas a jóvenes que no estudian ni trabajan; pero para tener los ingresos públicos se cancelan los programas de apoyo a las microempresas o de salud, con lo cual se cancela la creación de nuevos empleos, del crecimiento económico, se reduce el pago de impuestos y se propician conflictos sociales. Al final se reducen los recursos públicos, lo cual termina por perjudicar a quienes se pretendía ayudar.

En la medida en que se logre un mayor crecimiento económico es posible tener más ingresos que permitan lograr los demás objetivos económicos y sociales.

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