El costo de la desconfianza que paga México
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El costo de la desconfianza que paga México

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El costo de la desconfianza que paga México

17/09/2019
Actualización 17/09/2019 - 13:14

El mundo está inmerso en una mar de liquidez monetaria, que los distintos bancos centrales emiten para enfrentar una posible recesión que amenaza a los países desarrollados. Esas economías todavía siguen inmersas en la resaca de la Gran Crisis de la década pasada, por lo que los gobiernos utilizan los distintos instrumentos de que disponen para evitar que se repita.

Su característica más visible son las bajas tasas de interés que predominan en el mundo. En este momento, los gobiernos en la mitad de los países desarrollados pagan tasas de interés negativas. Esto significa que los bonos no solo no pagan un rendimiento al ahorrador, sino que cobran a los inversionistas para que los adquieran. Por ejemplo, en Suiza una persona compra un bono de 100 francos y el gobierno se compromete a regresarle en un año la cantidad de 99.25 francos. Esto hace que las hipotecas y en general los préstamos tengan tasas menores a 2 por ciento al año. En términos reales, es decir descontando la inflación, son todavía menores. Esta situación predomina en la mayoría de los países de Europa Occidental y en Japón.

En Estados Unidos ya existe una tasa superior al 2 por ciento, aunque con el riesgo de que vuelva a bajar; mientras que en Perú y en Chile está en niveles parecidos. Sin embargo, existe un grupo de países en donde hay desconfianza sobre el manejo de la economía o por razones políticas, por lo que las tasas de interés de los bonos gubernamentales son muy superiores. En este caso se encuentran Turquía (con una tasa de interés de 19.75 por ciento), Pakistán (13.7 por ciento en sus bonos denominados en dólares) Argentina (11.3 por ciento) y México (8.0 por ciento). Algunos que tienen tasas elevadas, pero menores que las de México son Rusia, Sudáfrica, Brasil e Indonesia.

Estas tasas se pagan para compensar por la alta inflación que predomina en el país o para evitar que salgan los capitales por la desconfianza, como es el caso de México.

Las mismas tienen un fuerte costo en la economía, ya que encarecen el crédito, lo que reduce las ventas y el consumo de las familias y castigan la inversión privada, lo que se refleja en menor creación de empleos. Así el PIB y el consumo privado ya muestran tasas anuales de 0 por ciento según los datos de Inegi, lo cual se agravará aún más en los siguientes trimestres. Por otro lado, la inversión total mostró una caída de 7.4 por ciento en julio en comparación al mismo mes del año anterior.

Además las empresas tienen menores utilidades al tener que pagar más por el servicio de los créditos que tienen contratados, lo que reduce el pago de impuestos, perjudicando el equilibrio de las finanzas públicas.

En México predominan estas elevadas tasas de interés por la desconfianza que existe sobre el manejo futuro de la economía y por la inseguridad. En este entorno reducirlas incrementaría el tipo de cambio, lo que encarecería las importaciones aumentando así la inflación y los costos de las empresas. Si no existiera esta desconfianza las tasas de interés podrían ser más cercanas a las que predominan en Chile o en Colombia, que son la mitad de las existentes aquí.

Son varias las fuentes de la desconfianza que hay en el país, entre las que destacan:

La creencia de que los impuestos se elevarán en los siguientes años, ya que los gastos corrientes que está realizando el gobierno, como son las becas y los subsidios, terminarán perjudicando el equilibrio fiscal.

La estimación de que bajará el crecimiento económico en el futuro, ya que el gobierno vuelve a reducir la inversión pública, según consta en el Presupuesto 2020 dado a conocer en días pasados.

La amenaza de imponer cárcel a los causantes fiscales por diversas razones, lo que eleva el riesgo de tener negocios.

La incapacidad de las diversas autoridades de reducir el crimen y otros delitos, como son robo del transporte y las extorsiones a las empresas y los comercios.

Diversos funcionarios y legisladores mencionan la posibilidad de imponer impuestos a la propiedad y a la herencia adicionales a los que ya existen.

La pérdida de competitividad, al tener mayores impuestos que los predominantes en los países con los que realizamos la mayoría del comercio, como son Estados Unidos, Canadá y Europa.

En la medida en que se corrijan estos factores y otros más cabe esperar menores tasas de interés y mayor crecimiento en el país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.