¿Por qué no al fracking?
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¿Por qué no al fracking?

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¿Por qué no al fracking?

17/10/2018
Actualización 17/10/2018 - 10:41

Hace un par de semanas recibí la llamada de un investigador privado que dijo estar elaborando un reporte para una empresa no identificada sobre la situación del fracking en México, su percepción en la sociedad, y las organizaciones que se encontraban operando en contra de la polémica herramienta de la industria petrolera.

Esa misma semana la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) presentó un extenso estudio sobre la necesidad de apostarle a la producción de gas natural en el país, shale incluido, y una semana después, como cubetada de agua fría, el presidente electo dijo que durante su gobierno no se utilizaría la técnica de fracturación hidráulica, como técnicamente es nombrada.

Ante la posición tan tajante de Andrés Manuel López Obrador no se antoja llamar al debate. Sin embargo, múltiples reacciones se generaron a favor de la polémica técnica y realmente pocas, serias, se manifestaron en contra.

En este sentido, vale la pena señalar algunos estudios que se han realizado con evaluaciones negativas del fracking, y que fueron recopilados por Ombudsman Energía México (OEM) en una reciente publicación; porque cierto es que ha sido una de las industrias más investigadas en tiempos recientes por la gran polémica generada por los que quieren prohibirla, pero también por aquellos que nos quieren convencer de que es una tecnología ‘Layín’, es decir, contamina, destruye, pero ‘nomás poquito’.

De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la EPA, en un reporte de 2016 concluyó que el fracking había contaminado depósitos de agua potable, pero sólo en algunas circunstancias, no de manera sistemática ni generalizada.

Este reporte es interesante, señala que el impacto es frecuente o severo en sitios donde hay poca disposición de agua, tanto en superficie como subterránea; cuando se manejan los residuales de la fracturación, sobre todo cuando los pozos no están bien cimentados o revestidos.

Luego, en la última edición del reporte de la Concerned Health Professionals of NY, y Physicians for Social Responsibility, se da cuenta de una serie de argumentos en contra, llenos de lugares comunes, que tienen que ver con el impacto in situ, como la generación de humo contaminante que son propios de cualquier actividad industrial, pero vaya, incluso la industria más rosa contamina.

Sin embargo, llama la atención una observación que refiere a la mayor evidencia sobre la ineficacia de la regulación entorno a esta actividad extractiva en Estados Unidos para prevenir la contaminación del agua, del aire con agentes cancerígenos y diversos químicos tóxicos, así como la sismicidad, entre otras repercusiones ambientales, “se ha detectado que los derrames en los pozos de extracción de metano y vapores tóxicos es más grave de los que anteriormente se había concluido”, detalla el análisis.

Por su parte, Food & Water Watch, otra organización que está en contra del fracking, de plano recomienda prohibirlo bajo una serie de argumentos entre los que destacan la emisión de metano en los sitios de perforación, así como las afectaciones que tiene hacia las comunidades, más lugares comunes.

Sin embargo, un punto muy cierto es que, como precisa OEM en las conclusiones de su compilación, en México no se cuenta con estudios propios sobre el tema, y mucho menos que hayan sido divulgados. Lo más cercano es el análisis de Fundar sobre la legislación en la materia por parte de la ASEA y la Conagua.

Muy limitada fue la serie de mesas que organizaron las autoridades el año pasado a modo de conciliar con las comunidades del norte, directamente involucradas, el lanzamiento de la doblemente pospuesta primera ronda de licitación de bloques no convencionales por parte de la CNH para el próximo 14 de febrero de 2019, y que aún no se cancela pese a la instrucción del presidente electo. Nadie pone en duda que es necesario sacar más gas natural, pues se importa más del 70 por ciento, pero la pregunta es ¿a qué costo?, pues poco se dice que la parte más jugosa de esos apetitosos yacimientos comienza en la sierra de Hidalgo, atraviesa la huasteca potosina y sube la región fronteriza del país.

Pemex ayer hizo su cuarta colocación de deuda en lo que va del año. Justo a mes y medio de que termine el sexenio, y aunque no tendría por qué pedirla, sería interesante saber si la emisión de ese bono por dos mil millones de dólares contó con la venia del próximo director de la empresa productiva del Estado, Octavio Romero Oropeza.

Recordemos que el gobierno del presidente Peña Nieto entregará a López Obrador una Pemex con el doble de deuda que cuando la recibió en 2012; más de 100 mil millones de dólares que se han gastado en todo menos en mejorar los indicadores de la petrolera nacional, quien enfrenta su PEOR momento en décadas.

La semana pasada visité el Service Center para turbinas aeroderivadas de GE en Houston, Texas, y me llamó la atención al fuerte apuesta que tiene la empresa a este negocio al que le inyectará 200 millones de dólares en los próximos tres años, pues confían en que esta tecnología que funciona con cualquier combustible, preferentemente gas natural, acompañará necesariamente a las energías renovables de camino a su consolidación. Interesante.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.