Murió la reforma eléctrica
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Murió la reforma eléctrica

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Murió la reforma eléctrica

03/06/2020
Actualización 03/06/2020 - 11:08
columnista
Atzayaelh Torres
Energía con H al Final

Hace casi un año escribía en este espacio sobre los cambios que estrepitosamente emprendió el gobierno de la #4T al sector de hidrocarburos y que concluyó en una revisión completa del sector. Adelanté que seguía el sector eléctrico.

Hoy, a un año y medio que comenzó el gobierno del presidente López Obrador, el segundo gran pilar de la reforma energética del gobierno de Peña Nieto, el del sector eléctrico, agoniza luego de una serie de modificaciones estratégicas aprovechando las lagunas pantanosas de la legislación secundaria.

Así, el primer signo del reordenamiento del sector eléctrico vino en febrero de 2019, cuando la #4T anunció la cancelación de la cuarta subasta del mercado eléctrico mayorista, una decisión que el sector privado leyó como un obstáculo directo a las fuentes de generación de energía limpia, consentidas de los procesos anteriores, donde cantaron haber logrado los precios más bajo de energía en el mundo, a pesar de que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no se ha cansado de acusar que ha sido a su costa.

El 13 de marzo de 2019 vino la segunda estocada, con la propuesta de reestructuración de la propia CFE que presentó la Secretaría de Energía ante la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (cuando todavía la tomaba en cuenta) para revertir el decreto de “Estricta Separación Legal de la Comisión Federal de Electricidad”, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 11 de enero de 2016, argumentando un incremento considerable en los costos de operación, al haber creado seis subsidiarias de generación sin un aparente criterio técnico y para fomentar la entrada de privados al mercado.

Posteriormente, en los primeros días de octubre, la Sener envió a la Conamer otra propuesta, en esta ocasión para modificar la forma en que son asignados los Certificados de Energías Limpias (CELs), con la finalidad de permitir que plantas geotérmicas e hidroeléctricas de la CFE pudieran acceder a dichos papeles, con miras a alcanzar los objetivos de México establecidos en la Ley de Transición Energética y en el Acuerdo de París en materia medioambiental.

Unas semanas más tarde se dio la toma de control de la Comisión Reguladora de Energía con el nombramiento de Leopoldo Melchi como presidente del organismo, luego de la desbandada del anterior órgano de gobierno liderado por Guillermo García Alcocer, y que desde principio de año paulatinamente se fueron sustituyendo.

El tiro de gracia tardaría algunos meses más, no era sencillo. El gobierno estaba esperando el momento exacto para reclamar las líneas de transmisión, con lo que detendría finalmente aquellos proyectos emanados de la reforma peñista a los que tanta animadversión les tiene.

La pandemia propició que viera la luz lo que se tenía listo desde diciembre; necesitaban poner en un contexto un argumento técnico legítimo. Así, la nueva política de confiabilidad del sistema eléctrico nacional le echó encima la primera palada de tierra a la reforma eléctrica; la segunda vendría con las resoluciones de la CRE, que modifican las condiciones bajo las que operan los polémicos contratos legados.

Ahora sí, consumado está. Hay confrontación frontal. Tomó menos de dos años al gobierno desbaratar la reforma, y como se pelea en en juzgados la política de confiabilidad, vendrán cambios al banqueo de energía. Atentos.

Ajustes en refinación

Ante el contexto de inestabilidad en todo sentido (el caos económico, pues), en Palacio Nacional ya se baraja la posibilidad de recortar el programa de rehabilitación de las seis refinerías de Pemex, mismo que quedaría en tres, para cuando se pueda y como se pueda, siempre y cuando no se lleve más del resto del sexenio. Los detalles van a estar en el Diablo para comunicarlo. ¿O cómo era? Algo así...

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.