Todo lo que hace el presidente es legal
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Todo lo que hace el presidente es legal

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Todo lo que hace el presidente es legal

09/12/2019
Actualización 09/12/2019 - 11:34

Las preguntas del millón son, ¿en 2020 Donald Trump ganará las elecciones o las perderá? Segundo, ¿tendrá alguna importancia el haber puesto por encima de los intereses de la seguridad nacional estadounidense sobre los intereses políticos de su Presidente? Y tercero, ¿por qué el mundo en vez de andar armando tantos problemas y tanta grilla no ve de una vez por todas la célebre entrevista de Nixon-Frost? Porque ahí está todo. Es una entrevista que tiene momentos que pasan sin pena ni sin gloria y que más bien resulta aburrida, al tiempo que va agotando el resto de los ahorros y de la vida profesional de David Frost. Y cuando menos se espera, aparece la chispa, la revelación y la verdad. Papá Nixon alumbra a su hijo Trump diciendo: “todo lo que hace el Presidente es legal por definición”.

Naturalmente el presidente Nixon tenía razón, pero una bola de traidores logró que éste terminara presentando su dimisión y se fuera de la Casa Blanca. Siguiendo la lógica de Nixon –la cual habría estado presente en caso de que hubiera habido un impeachment– con Trump, en lugar de amonestarlo, lo que hay que hacer es darle un premio. Porque él ha logrado llevar hasta la última consecuencia la doctrina nixoniana y la ha cumplido al pie de la letra. Nunca lo olviden, todo lo que hace el Presidente es legal por definición.

¡Qué mundo tan sencillo era aquel! Podía desatarse una guerra en Vietnam y a nadie le importaba cuántos muertos tuviera como consecuencia. Incluso, a las familias les resultaba mucho más rentable que sus familiares murieran en las junglas de Vietnam con la heroicidad de estar sirviendo a quién sabe quién o para qué, que acabar siendo asesinado en el Bronx, en el Harlem o en la calle 54. Aquel era un mundo sencillo. Sin embargo, hoy todo es mucho más complicado.

Para empezar, en el mundo actual los poderes no están claros. Cuánto echará de menos el mundo el muro de Berlín y la gran Unión Soviética y la bipolaridad que se vivía en aquella época. Y lo digo porque lo bipolar siempre tiende a la confrontación, pero cuando lo bipolar está más o menos equilibrado la cosa es sencilla. Si tienes suerte, habrás nacido en el sitio que más te convenía para desarrollar tu vida. Pero en cualquier caso, te encontrarás viviendo en medio de la disputa de dos monstruos tan grandes, que uno se encargará de calmar al otro. Y todo lo que habrá son cientos de víctimas casuales en el juego de las paletas de su regeneración medioambiental, viviendo en un mundo en el que, al que le toca, le toca, y al que no, qué suerte tiene.

En el mar de la política, donde sólo habitan los tiburones y donde el más pequeño es el gran tiburón blanco, todo se mueve a gran velocidad. Angela Merkel se va e, inmediatamente, Emmanuel Macron busca ocupar su lugar, al mismo tiempo que le pega una dentellada en la yugular al presidente Trump, desde la OTAN.

Donald Trump perderá las elecciones de 2020. Y las perderá no sólo porque Estados Unidos empieza a entender lo que dice Michael Bloomberg y que es que cuatro años más de Trump en la Casa Blanca pueden ser imposibles de corregir bajo el mando de un presidente normal. En mi opinión, a pesar de los errores que ha cometido, desde que empezó el proceso formal del impeachment, Trump ha actuado muy bien, sin equivocarse ni atacar desde Twitter, convirtiéndose poco a poco en un presidente normal. Eso sí, siempre asistido bajo el supuesto nixoniano de que todo lo que un Presidente hace es legal. No lo olvide, esa es la clave. Sin embargo, Trump ha cometido un error, que es mortal y que se llama Hong Kong.

Si Hong Kong está en peligro, China también lo está. Y naturalmente eso se contagia a Taiwán y a su área de referencia, que es Asia. Es por esta razón que veo muy difícil que se firme el tratado que ponga fin a la guerra arancelaria. Los chinos no harán nada que pueda ayudar a Trump y buscarán hacer todo aquello que permita echarlo de la Casa Blanca.

Ahora sí hemos llegado a ese punto en el que las palabras mayores han aparecido. Estos no son fuegos artificiales ni amenazas al aire, se trata de una reacción que no se sabe hasta dónde será capaz de llegar. Y a partir de aquí, naturalmente la gran potencia económica del mundo y la que tiene la capacidad de quebrar el sistema junto con el país de Trump, que es China, ya está definitivamente alineada con todos aquellos países y personas que no quieran seguir viendo a Trump liderando la Casa Blanca. Pero una cosa son los juegos de la política y otra cosa son los juegos del hambre. Cuando se trata de China, lo que está en disputa son los juegos del hambre.

China puede vivir con quinientos mil millones de aranceles. Puede vivir con todos los efectos colaterales de la guerra comercial que cuenta con la asistencia de las dos principales potencias económicas del mundo y todo lo que ello significa. Pero con lo que la potencia asiática no puede vivir ni consentir es una broma o amenaza que atente contra su integridad territorial. En ese sentido y desde mi punto de vista, Hong Kong será la tumba de Donald Trump. Good bye, Trump.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.