Lunas de hiel
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Lunas de hiel

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Lunas de hiel

02/03/2020

En palabras del embajador peruano Rafael Roncagliolo, la relación de España con América Latina ha sido una especie de luna de miel que ha durado cuarenta años. Actualmente, vista la evolución española y la evolución latinoamericana, conviene reconocer que la relación entre ambas partes se encuentra en una luna de hiel. Solamente la búsqueda de la libertad, la normalización y el sueño democrático pudo explicar la relación tan entrañable, tan cómplice y unida que tuvo España con América Latina. En una operación de Estado que abarcó desde la conquista, esta ha sido la más brillante operación realizada bajo el mando de un Rey tan empático como lo fue Juan Carlos I, viéndose reflejada en la construcción simultanea del camino a las libertades de los distintos países latinoamericanos.

España hizo el milagro y se cumplió lo que Adolfo Suárez anunció en agosto de 1976 a la revista francesa Paris Match: asombraremos al mundo. Y lo asombraron. Después de ser testigos de la Guerra Civil más cruenta de la historia de Europa, compitiendo sólo con los turcos en términos de crueldad, los españoles fueron capaces de hacer un tránsito de la dictadura a la democracia ejemplar y, sobre todo, legal. Se habían encontrado con un camino donde las instituciones y el pasado eran el puente hacia el futuro y no el lastre que permitiría que las generaciones jóvenes siguieran siendo generaciones oprimidas por la falta de razón de la historia española.

El mejor negocio de España fue su libertad y su transición, y los mejores vendedores fueron el Rey Emérito, Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar. Los cuatro decidieron hacer una operación de Estado que consistió en aprovechar el momento dulce, la luna de miel de la libertad con los latinoamericanos, para ir deslizando poco a poco el peso de las empresas españolas en el mapa americano. Hoy todo eso ha cambiado.

Actualmente en Madrid hay un gobierno de coalición, cuya característica principal con América es su desconocimiento y su falta de interés. Y el único interés que este gobierno tiene en la zona es el que se genera sobre lo que ya se denomina como la internacional podemita. O, dicho de otra manera, de lo que surge del deseo del mayor profesional del gobierno español, el vicepresidente Pablo Iglesias, quien está aplicando una política absolutamente ideologizada e influenciada por la experiencia chavista y por la comprensión iraní en América Latina. España ha pasado de ser el modelo de la libertad y los elementos de la estabilización, a ser el elemento que puede y quiere intervenir ideológicamente en este momento de cambio en el continente americano.

En realidad, hay un cepo sobre el que resulta curioso que las empresas españolas no se hayan dado cuenta. El llamado IBEX 35, que comprende a los 35 valores bursátiles más importantes de la Bolsa española, está en peligro. Sufre un ataque combinado de las políticas del gobierno de Madrid pero, sobre todo, un ataque combinado de lo que son sus intereses y sus beneficios en América. Ejemplo paradigmático de esta situación es lo que está sucediendo con la empresa Telefónica de España. Cuando en 1997 José María Aznar autorizó a Telefónica su entrada en Perú, se dio lugar al nacimiento de una de las mayores operaciones de Estado que han hecho los españoles. A través de las telecomunicaciones y de las compañías telefónicas, los españoles fueron conquistando, discutiendo y luchando contra el gigante mexicano Carlos Slim, por el dominio de las telecomunicaciones en América.

América Latina dependía de dos factores de fuerza. El primero era lo que suponía el dinero y la operación de Slim, conseguido a través del manejo de la concesión de Telmex, obtenida después de la privatización que se produjo bajo el tiempo dorado del mandato de Carlos Salinas de Gortari. Y el segundo factor fue la expansión española a partir del año 1997, una vez que entendieron que más allá del cemento y las centrales termoeléctricas, el elemento clave que les permitiría expandir las políticas en el continente americano serían las telecomunicaciones.

Telefónica ha competido frente a frente con Slim en Argentina, en Perú y en diversos países latinoamericanos. La realidad es que en el sector de las telecomunicaciones los dos poderes que controlan América Latina son América Móvil y Telefónica. Ahora, el actual presidente de la compañía española, José María Álvarez-Pallete –quien tiene uno de los peores desempeños de administración de la historia de una compañía como Telefónica–, ha decidido crear una empresa de calidad inferior para incluir ahí todos los valores de Telefónica en América Latina, con excepción de Brasil. Es decir, la pérdida de la influencia de la presidencia española en América Latina –tan aplaudida por los vaivenes políticos del continente– es total.

En los últimos diez años, Telefónica ha perdido más del sesenta y cinco por ciento de su valor bursátil. Esa situación dramática no explica por sí sola lo que significa la clasificación de casi todos los activos que tiene la compañía en América Latina en la Telefónica de menor calidad previamente mencionada. Algún día alguien sacará la cuenta sobre qué fue más importante, sacar un balance equilibrado para los accionistas de Telefónica, o perder la influencia social y política en todo un continente.

La capacidad de crecimiento de Telefónica en Europa es muy limitada, mientras que en América Latina es ilimitada. Más de seiscientos millones de personas justifican cualquier pérdida, pero para eso hay que tener una visión estratégica, misma que ha perdido el gobierno español al encontrarse con algunos aventureros. Además, para comprender la situación es necesario entender lo que significa el desembarco ideológico de la llamada internacional podemita.

Podemos ya controla la política social y ya está presente en la política de inteligencia de un gobierno español de coalición que no sabe cuáles son sus límites, razón por la que está condenado a una desaparición temprana. Pero, sobre todo, la internacional podemita es la voz de la América fracasada del ALBA y de todos los elementos que –aunque ahora haya reacciones pendulares como en Argentina con la llegada del presidente Alberto Fernández– no están garantizados, si no se halla un nuevo modelo socioeconómico. Mismo modelo que dé la certeza que lo que está pasando actualmente no pase de ser más que un enfrentamiento social.

El IBEX 35 está en liquidación. En España lo está por el gobierno de Pedro Sánchez, y en América se debe porque todos los aventureros y gobiernos han encontrado un gran aliado en el mismo gobierno español que se está enfocando en echar a los españoles del panorama económico del continente americano. En México, Iberdrola lucha contra las ansias nacionalistas del dúo López Obrador-Bartlett. Mientras tanto, en otros países, Repsol es casi el sinónimo de un crimen de Estado. En Argentina, lo que empezó siendo un enfrentamiento contra Cristina Kirchner y una guerra que se saldó con la nacionalización de Repsol, es un problema que sigue vigente.

El problema es que ni en España ni en América Latina se ha tomado conciencia sobre que lo peor está por venir. Y que, al final del día, la luna de miel que fue el reencuentro con la libertad ha terminado. Ahora nos encontramos en una luna de hiel, protagonizada por el fracaso de la redistribución social en el continente americano, unida a la imposibilidad del mantenimiento del modelo político español de la Constitución de 1979.

La viabilidad y la rentabilidad española se encuentran en disputa o, mejor dicho, alrededor del treinta por ciento del beneficio de las empresas españolas está en juego. Y en cuanto a América tenemos dos caminos, o multiplicar el número de aventureros o hacer de los Slim de este continente una fuerza tan poderosa que no encuentre gobierno capaz de enfrentársele.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.