Llegó el invierno
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Llegó el invierno

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Llegó el invierno

19/08/2019
Actualización 19/08/2019 - 14:25

El cambio climático está haciendo hervir la Antártida, matando de hambre a los osos y acelerando la desaparición de nuestra especie humana a pasos agigantados. Mientras esto sucede, el Nerón de esta época –no sé si comiendo uvas– pero desde luego haciendo maldades desde su Twitter, se niega a aceptar que el cambio climático existe. Algún día, en algún lugar, alguien le podrá poner número y forma a los daños cometidos por el ciudadano Trump en contra de la humanidad simplemente por su ignorancia o por su maldad. Mientras tanto, lo cierto es que el invierno ha llegado.

Estamos en un mundo que en los últimos años se ha regido por el Juego de Tronos y que, por ende, entiende muy bien lo que significa la llegada del invierno. Los tanques merodean por Hong Kong mientras que China, siendo un país que puede demostrar que la mejor garantía del capitalismo es el comunismo, está sufriendo el último y el mayor desafío a lo que significa su asentamiento institucional.

¿Existen las casualidades? Yo no creo que en el mundo haya –salvo Rusia– ningún país o circunstancia capaz de moverle la silla a los chinos en Hong Kong como lo está haciendo el fin de esta época suya. Pero, ¿es una casualidad que esa silla se mueva al mismo tiempo que los pilares de la economía mundial? Pilares que son los que rigen actualmente la Tierra y que tiemblan y se sobrecogen por la guerra comercial que parece más un juego de suma cero desencadenado por el presidente Trump y los intereses chinos que otra cosa.

La primavera árabe demostró que China no estaba preparada para ser una gran potencia. En cuanto hubo que sacar la fuerza y exhibir el papel que corresponde a su poderío militar y económico en el mundo, China prefirió mirar a otra parte y no ser parte del conflicto. Sin embargo, ahora en el segundo ataque con los nuevos 300 mil millones de dólares en aranceles de Trump, China sí estaba preparada y lo más importante de todo es que ha decidido dar la batalla hasta el final. Y la está dando por donde el mundo es más débil, ya que a diferencia de los demás países, China cuenta con un mercado interno de al menos 800 millones de personas y con una moneda que puede manejar a su antojo y que no pertenece al orden monetario internacional. Además, China es el primer acreedor de la deuda pública de Estados Unidos y es con respecto a esto que resulta necesario formular la gran pregunta, ¿será China viable sin cortar el cupón de los intereses de la deuda? Porque si es viable, entonces la guerra está ganada y entonces los chinos todo lo que tienen que hacer es jugar al jaque mate financiero.

Hay países como el nuestro que tiene la suerte de no solamente tener una realidad en que nada de eso parece que vaya con nosotros, sino que además en el planeta México resulta que, si no fuera por el peso y su relación con el dólar, estaríamos a todo dar. El mundo se equivoca, los economistas se equivocan. El hecho de que no haya creación de empleos formales, también es una equivocación. Lo que importa, es que el pueblo está feliz. México es un país con suerte, pero que sobre todo a los mexicanos nos asiste la razón histórica del éxito de lo que representa nuestra nueva situación, ya que cualquier problema en el estrecho de Ormuz podría situar al petróleo en 120 dólares de un día para otro, siendo claramente benefactores de ello.

Mientras tanto, para todos los demás el invierno ha empezado. Y así la antigua potencia colonizadora de Hong Kong que es, junto con el estrecho de Ormuz, uno de los dos elementos que definen la llegada de este invierno prematuro, asiste al espectáculo de tener que hacer acopio de carnes enlatadas. Porque una vez que se salve el honor de Boris Johnson con la inminente salida de Reino Unido, el 31 de octubre, de la Unión Europea, es posible que haya, si no hambruna, sí escasez y desde luego un desastre que nadie sabe cómo se arreglará entre el Reino Unido –cada vez más desunido– y los restos del naufragio de la Unión Europea.

Ríase usted de la broma de la crisis de 2008, pero lo cierto es que todos los elementos están servidos para que el mundo que conocimos sufra un cambio radical. Empieza el invierno y es un invierno que promete ser más duro y crudo de los que el mundo haya vivido, incluyendo la crisis de 1929; la crisis de 2008 y el prefacio que significó el primero de septiembre de 1939 con la invasión alemana a Polonia. No estamos en un juego de tronos, estamos en un juego de egos y, sobre todo, estamos ante el triunfo de las ignorancias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.