500 años y unos bonos después
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500 años y unos bonos después

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500 años y unos bonos después

10/12/2018

En Ayotzinapa la mentira es el Diablo y la verdad es Dios.

La fe mueve montañas, escrito está en los libros sagrados que en algún momento vendrá la resurrección. Por eso, en las colinas que rodean Jerusalén, según conocedores de los libros mágicos y sagrados, eran lugares donde nunca debía de haber muertos, ya que, según la profecía, el Mesías no podría pasar por donde hubiese muertos. Hasta que se hizo otra interpretación, diciendo que los primeros en resucitar serían aquellos encontrados en los sitios por donde el Mesías pasase. Esta resultó ser la sagrada interpretación que el pueblo judío le da a su cementerio más importante, ubicado en el Monte de los Olivos.

Ante esta reflexión, me pregunto, ¿a dónde nos llevará la Comisión de la Verdad creada por Andrés Manuel López Obrador? Es importante saberlo, ya que los países que no son capaces de digerir su propio veneno mueren envenenados por sí mismos. Para aquellos que esperan que 50 meses después aparezcan vivos sus hijos, viene a ser tan difícil como tratar de encontrar en la copa de un árbol o en el contenido de una nube sobre Auschwitz-Birkenau, las cenizas de aquello que fue tu padre, tu madre o tu hermana.

La Comisión de la Verdad ya está hecha y es el primer decreto del presidente que hace colas. Del presidente que viaja, para bien y para mal, en los mismos aviones que tú viajas. Del presidente que sabe que la razón por la cual al pueblo de México le duelen los riñones, es porque la mayoría circula por caminos de terracerías y no por autopistas. Esta Comisión es el primer dictamen del presidente que conoce al país, desde sus carencias, estafas y evoluciones, hasta aquello que lo hace eterno: la esperanza.

Mientras esto sucedía, el monstruo de mil cabezas llamado Nueva York, acompañado de la codicia sin límites de los capitalistas, se volvía a cruzar, una vez más, en el camino hacia la gloria del pueblo sabio mexicano.

No bastaba con 747 mil personas, frente a un censo de 40 millones, votando contra Texcoco, ni con los malvados que están detrás de unos bonos, que más que terminar con el ideal democrático, simplemente lo aplazaron y volvieron a explicar al pueblo de México que los sueños cuestan, se pagan en dólares y acumulan intereses.

Tras pasar 48 horas siendo más grande que Cortés, esto solamente se trata de una probadita.

Lo que más me impresionó del día de la protesta fue haber cerrado mis ojos y recordar que antes de la noche de Texcoco, existió la tarde en Tenochtitlán. Existe un registro en un mítico códice, en el que se hace mención del momento en el que Moctezuma hizo entrega del Bastón de Mando a un hombre blanco, no de pelo, sino al parecer de cabello rubio y ojos azules. Quinientos años después, el pueblo de México es testigo de la misma historia. En esta ocasión los pueblos indígenas hicieron entrega del poder a un hombre blanco o con el pelo blanco, que viene a ser lo mismo.

No digo que ambas cesiones del poder sean lo mismo, pero mi memoria está cargada de símbolos y simbolismos. Y lo que desde luego yo nunca podré olvidar, es que la cuarta transformación comenzó por un acto que solamente había pasado, hasta donde sabemos, una vez hace 500 años con unas consecuencias que cambiaron definitivamente la cara de México.

¿Será esta vez lo mismo? De cualquier manera, la realidad se impone. Y, con independencia de quién manda, quién roba, quién nos roba y quién cometió el delito de alta traición, sepa antes de hacer algo. Porque en la cuarta transformación comprar una factura falsa, significa cárcel sin derecho a fianza. Piense antes de portar un arma sin licencia, ya que en la República de la cuarta transformación es cárcel sin fianza. ¿Pensaba corromper? Tenga cuidado, porque, aunque sea para pagar las colegiaturas con los nuevos sueldos, esto también será cárcel sin fianza.

Dios perdona y libera, pero también castiga y su dedo es peor que un ataque termonuclear. El dedo flamígero de la razón es conocido en la historia como la ira de los hombres justos.

Ya empezó la cuarta transformación y, en la realidad, se está empezando a manifestar como lo que es. Hay gente que no es que no tenga corazón, es que simplemente no tiene ilusión y por eso nos obligan a pagar los bonos. Menos mal que hay quien da dinero, gracias al impuesto aeroportuario, porque si no fuese así y si no se estuviera haciendo el pago a los bonistas de Nueva York, la cuarta transformación hubiera nacido muerta. Es decir, ya estaban seleccionados los abogados, preparando la transacción y la petición del bloqueo de todas las cuentas del Estado mexicano, hasta que éste pagase el valor de la sabiduría de un pueblo que un día le dijo a su dirigente supremo que no importaba lo que hubiera pasado, ni lo que dijera el Mitre, si al final el pueblo decía “no”, la historia empezaría de nuevo.

Espero que cuando acabe la cuarta transformación, México tenga muchas autopistas, que los caminos de terracería no tengan peaje y sean más cómodos a los riñones de nuestro sufrido pueblo.

Porque por ahora, México tendrá que pagar los costos de lo que significa la sabiduría popular.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.