Año Cero

El año de los cambios

Uno de los hechos innegables en este nuevo ciclo histórico que inicia es la presente y palpitante crisis democrática que aqueja al mundo entero.

El 2023 llegó a su fin más como un alivio que como un suspiro de satisfacción. Fue un año que, por momentos, fue agónico y controversial, aunque, como la historia ha demostrado en muchas ocasiones, fue un ciclo de cambios radicales que dieron paso a una nueva era que no precisamente era la que estábamos anhelando. En México este ciclo que inicia su fin con este año que comienza estuvo marcado por la presencia y liderazgo de un hombre convencido y decidido en sus ideales y planes para el país. El presidente López Obrador ha demostrado que no existen límites ni obstáculos para lograr imponer la visión –aunque no fuera precisamente la que el país necesitaba– de que un gobernante puede lograr todo lo que se proponga.

Uno de los hechos innegables en este nuevo ciclo histórico que inicia es la presente y palpitante crisis democrática que aqueja al mundo entero. No se trata de un punto de vista en particular o de un análisis personal, es un hecho que se comprueba al ver el estado actual de las sociedades y de las estructuras políticas y democráticas alrededor del planeta. Estamos siendo testigos de la confabulación de elementos que han producido un coctel fatídico que, por una parte, elimina la posibilidad de tener cualquier propuesta o planteamiento que permita anhelar un mejor futuro. Por otra parte, es claro que tanto los gobernantes como los gobernados estamos sufriendo el agotamiento de las estructuras y viendo cómo el incumplimiento reiterado de las promesas nos lleva al borde de la completa incertidumbre.

Enigmáticamente nos estamos caracterizando por ser una sociedad dominada y controlada por las emociones. Si bien en periodos anteriores de la historia, en los que los conflictos y guerras marcaron el contexto global, las emociones jugaban un papel fundamental, en la actualidad –y aunado a la revolución de la tecnología y de las comunicaciones– los seres humanos somos presos de lo que dictan nuestros sentimientos y nuestras emociones. Sin embargo, cada vez es más notorio el deseo por despertar de los pueblos.

Hoy el mundo está despertando de ese aletargamiento que permitió llegar hasta este punto, en el que aún puede haber algo que permita recomponer el camino. Bastará ver si tenemos la suficiente determinación para consumir el cambio tan deseado. En la actualidad las sociedades han dejado de conformarse por las promesas incumplidas por quienes los gobiernan. No obstante, no estoy seguro de que ese radicalismo de pasar de una ideología a otra sin saber bien qué es lo que se quiere sea la verdadera solución de nuestros males.

A pesar de lo expresado en el comunicado emitido tras la reunión del pasado 28 de diciembre entre el presidente López Obrador y el secretario Blinken, difiero con el hecho de que la democracia esté deteriorada. La realidad es que la democracia se encuentra en una profunda crisis y que no sólo es una situación palpable en nuestro territorio, sino que está presente en la mayoría de los Estados.

De las perlas que nos dio el año 2023, una de las más importantes es la queja lastimera y ausente de autoridad del juez que lleva uno de los muchos casos contra Donald Trump en Nueva York, pidiéndole al abogado del expresidente estadounidense que hable con su cliente para que no maltrate a la institución judicial. El principio de autoridad o se ha convertido en una matazón como la guerra de Ucrania o bien ha desaparecido por la sencilla razón de que, como nadie se sienta seguro donde está, nadie tampoco aplica el peso de la ley.

En México, la ley ni está ni se le espera. Hemos formulado las mejores leyes con la convicción de que nunca tendríamos que cumplirlas. Sin embargo, ahora además no hay nada en el entramado legal del gobierno donde la ley tenga un peso o espacio, salvo para la amenaza –afortunadamente no muchas veces cumplida– de que a los enemigos se les trata y enjuicia con todo el peso de la ley. Y así, con esta situación y experiencia, nos adentramos en el año de las elecciones.

Existe una ventaja, que es el efecto acumulativo de toda actividad política hecha por Morena, y es que, por lo visto hasta este momento, pareciera que buscan tener una elección como la que tuvo José López Portillo. Me explicaré: viendo los movimientos y las posturas adoptadas por los principales dirigentes y actores del partido liderado por Andrés Manuel López Obrador, da la impresión de que Morena quiere llegar a tal punto de predominio sobre la preferencia política y electoral que pareciera prácticamente innecesario celebrar las próximas elecciones. Y es que toda la clase política –sin importar sus crímenes, lo gastado o sus antecedentes políticos– hoy acude en socorro y en menester de la doctora Sheinbaum, a pesar de que ella actúe y se comporte como que no necesita cualquier tipo de apoyo más que el del presidente López Obrador. Esta situación produce el efecto de la acumulación y asunción de que por este camino ni siquiera habrá que exigir responsabilidades individuales; simplemente se podrá crear una causa general en Morena, ya que allí están prácticamente todos los involucrados. Dentro del Movimiento Regeneración Nacional se encuentran casi todos los que en gran medida han protagonizado la historia política del país en los últimos 25 años.

Hay dos maneras de ganar las guerras, o bien porque uno se impone o bien porque se le quita al adversario cualquier posibilidad o duda razonable de que pueda ser el ganador. Sin duda alguna, lo que actualmente sucede en México está mejor identificado con el segundo escenario. Mientras tanto, yo recomiendo que inicien a hacer un balance objetivo y preciso de lo que han hecho y realizado hasta el momento. Y es que, así como ha resultado muy sencillo aprobar los presupuestos y destinar los recursos para realizar las obras faraónicas y cumplir con los sueños de grandeza de la actual presidencia, con esa misma facilidad el día de mañana podrán ser juzgados y exigidos a rendir cuentas.

Las cuentas son deficitarias. El balance es negativo. Hay que aplaudir que se haya hecho algo, aunque hubiera sido mejor que lo realizado verdaderamente pudiera ser medido en términos de desarrollo, bienestar y prosperidad para el país. Lo hecho hasta aquí no sólo ha puesto en aprietos al presente, sino que ha comprometido el futuro del país. No obstante, como he dicho en otras ocasiones, no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que tienen aquellos con los que se asemejan. Y, en algunos casos, la bendita y sagrada ignorancia ha provocado la ruina colectiva, llevando a una situación en la que, se quiera o no, inevitablemente este año llegará el momento de mostrar las cuentas y el verdadero balance.

Entre otras cosas, 2023 fue un año en el que el trabajo de la fiscalía, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y la lucha contra la corrupción se simplificaron mucho. Ya no es necesario estar investigando varios partidos políticos a la vez, ahora basta con que se fijen en uno y comiencen a indagar sobre aquello que quienes están al mando consideran que no es lo correcto o que atenta contra lo que buscan para el país. La situación política de México ha dejado un fenómeno curioso en el que –más allá de cuestionar a todos esos priistas que de la noche a la mañana se convirtieron en fieles seguidores de López Obrador y de su movimiento– aún seguimos sin tener claro en qué consistió, o seguirá consistiendo, la tan proclamada cuarta transformación. Más allá de poner primero a los pobres ante cualquier situación o circunstancia, ¿verdaderamente quién puede decir exactamente qué es Morena y en qué ha consistido el tan supuestamente prometedor cambio realizado por esta administración?

Lo hemos dicho y visto en otras ocasiones y ahora lo sostenemos y comprobaremos: los mandatos mesiánicos no se heredan. Nadie hereda a un líder mesiánico ya que este arranca y termina en él. Y, por lo tanto, hay que llevar mucho cuidado, ya que no hay nada más fácil que convertirse en un ser humano despreciable frente a la visión del líder mesiánico. En este comienzo de año que estará protagonizado por los cambios y las decisiones, aún queda por verse a quién verdaderamente querrá Andrés Manuel López Obrador como su sucesor o sucesora.

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