Año Cero

Siguiendo a Musk

Musk es un rico muy singular. Para empezar, es el único rico, desde la época de los viejos pioneros del petróleo y del oro, que tiene una historia en la que constantemente ha tenido un contacto y pelea personal con sus socios.

En medio de tantas cosas que están sucediendo alrededor del mundo, uno de los nuevos hechos que caracterizan el tiempo que vivimos es cómo son, cómo se comportan, cuáles son las curiosidades e intereses de los ricos y, entre ellos, del más rico de todos: Elon Musk. Estando aún fresca la matanza del 7 de octubre y los miles de muertos en la Franja de Gaza, el magnate sudafricano visitó el lugar donde se desencadenó la barbarie. Musk es un rico muy singular. Para empezar, es el único rico –desde mi punto de vista y percepción–, desde la época de los viejos pioneros del petróleo y del oro, que tiene una historia en la que constantemente ha tenido un contacto y pelea personal con sus socios.

A pesar de que todo el mundo es igual y aunque tienda a unificarse mucho por el impacto de las culturas bajo las cuales vivimos, hay que reconocer que Musk sigue siendo distinto a cualquier líder del mundo, al igual que su país natal: Sudáfrica. Sudáfrica no solamente es el más desarrollado, singular y blanco del continente africano, sino que también es un país donde la fuerza de los pioneros y la lucha personal han marcado algunos de los puntos más importantes de su historia reciente. No hay que olvidar que los sudafricanos se atrevieron y levantaron contra el imperio inglés. Hay que también tener en consideración que los sudafricanos vivieron –hasta la última consecuencia– la política de la segregación racial.

El apartheid fue mucho más que un movimiento temporal, era una manera de vivir desde la convicción más profunda sobre que, al final del día, los mundos blanco y negro que coexistían en Sudáfrica no podían más que vivir con una regulación clara sobre quién tenía la preferencia. De ahí que Nelson Mandela, Madiba, haya sido tan importante en la historia moderna. Para empezar, Nelson Mandela fue el primero que logró que los suyos y los que estaban contra los suyos, los de De Klerk, se entendieran mutuamente y supieran que la única forma para que la paz y la estabilidad reinaran en el territorio era por medio de romper la tendencia del enfrentamiento y la segregación. En medio de todo eso nació Elon Musk, un personaje único en su tipo.

No creo que a Henry Ford le haya importado mucho saber quién se subía o compraba su Ford T, aunque sí creo que el empresario estadounidense entendía que el poderío económico que construyó sobre el primer utilitario familiar de la historia de la humanidad era una manera de cambiar la historia del mundo. Dicho esto, todos pudimos saber en cierta medida los intereses y ambiciones de Ford, pero ¿qué es lo que verdaderamente le importa a Musk? Es impresionante verlo en los mayores puntos de concentración de su reciente residencia personal en el estado de Texas, lugar en el que ya se le ha visto visitando los límites fronterizos para comprobar, en primera persona, la verdadera situación migratoria y que tiene un impacto directo a la zona en la que él reside, paga sus impuestos y donde está desarrollando sus mayores aventuras.

Queda claro que Musk no vive de teorías ni de leer lo que se publica en la prensa. Es evidente que le gusta oler las batallas y estar en las primeras líneas donde se desencadenan los principales conflictos del mundo. Es claro que Elon Musk quiere reunir toda la información posible para poder determinar si el mundo en el que cohabita con más de 8 mil millones de seres humanos merece la pena ser salvado o no. Por eso es muy importante seguirle la pista, ver qué es lo que está haciendo y tratar de averiguar la relación de sus acciones con sus distintos planes de acción.

La visita de Musk a Israel y la Franja de Gaza es mucho más importante de lo que parece. Salvo la visita de Joe Biden –que no es comparable por distintos elementos que van desde el puesto que ostenta cada uno a los intereses en la zona– o la visita hecha por el actual presidente en turno del Consejo de la Unión Europea y del gobierno de España, Pedro Sánchez, nadie más ha realizado una visita oficial al primer ministro Netanyahu. No es sólo el hecho de que Elon Musk sea mucho más provocador que Sánchez, sino que sus provocaciones siempre están basadas en una cuestión que aún sigue sin quedar del todo clara. Y es que si al magnate sudafricano no le importó perder más de 44 mil millones de dólares por la compra de Twitter (ahora X), ni el hecho de que la empresa esté cada vez en más detrimento desde su adquisición, da la suposición de que sus verdaderos intereses y ambiciones no radican en los placeres ni nimiedades terrenales.

El reino de Elon Musk no es de este mundo. Él, que se enfoca en transcurrir por la vida y tomar decisiones como si se tratara de una especie de videojuego en el que él es el claro protagonista, quiere tener una idea y una batalla clara sobre por qué es necesario trasladarnos a Marte. O, dicho de otra manera, busca explicar por qué el planeta Tierra, con sus limitaciones y habitantes, o no valemos la pena ser salvados o simplemente no tenemos salvación. Para esto, Musk no solamente necesita –como siempre ha hecho en todas sus actividades–invertir o comprar la tecnología, sino que lo que requiere es involucrarse a tal grado que sea capaz de incidir en la estructura tecnológica como nunca antes se ha visto.

Sin duda alguna, Elon Musk es un personaje muy singular. ¿Cuánto le importa el dinero? Me temo que no mucho. ¿Cuánto le importa el poder? Si se trata del terrenal, aquel que se puede comprar por medio de billetes, tratos empresariales o con misiles, dudaría mucho que le importara mucho. ¿Qué es lo que mueve y motiva a Musk en su actuar? Sin duda alguna, uno de sus principales motores es establecer y tener un programa que le permita asegurar la salvación de la raza humana fuera del planeta Tierra. Tal vez por eso anda buscando e intentando entender los elementos de destrucción colectivos bajo los que vivimos.

¿Tesla está pensando levantar una fábrica en Palestina? No. ¿Es que Elon Musk está buscando incursionar en el cada vez más competitivo e irrelevante para él mundo armamentista? Tampoco. Su vida es una especie de videojuego en lo que para nosotros podría tener una justificación o significado, para él tiene uno completamente distinto. De todo esto, lo que es importante saber es qué es lo que piensa hacer a partir de aquí o, dicho de otra forma, determinar cuál será la consecuencia sobre el antisemitismo de su visita a Israel. Igual de importante es descifrar a quién apoyará en las siguientes elecciones estadounidenses, qué es lo que piensa hacer con el importante lobby judío establecido en Washington y qué es lo que verdaderamente le preocupa y trata de entender de todo lo que está sucediendo en la actualidad. Mientras tanto, él seguirá desarrollando sus cohetes desde Corpus Christi, que algunos saldrán y otros explotarán.

Al final del día, lo que más me importa de Musk y lo que más debería importarnos a todos es lo correspondiente a lo que él quiere o busca entender. No se equivoque, para él hacer o no una gigafactoría en un país u otro carece de importancia; lo que realmente busca es salir del enclaustro terrestre buscando una vida espacial. Y para llegar a ello, lo primero que hay que entender es la muy depurada y avanzada capacidad de autodestrucción humana.

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