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13/05/2020
Actualización 13/05/2020 - 14:45
columnista
Ana María Salazar
Análisis sin Fronteras

Soy hija del Dr. Edmundo Salazar López, un médico oftalmólogo cirujano que trabajó 50 años en el Hospital General en Hermosillo, Sonora. Cuando escuché los comentarios del presidente López Obrador en contra de los “médicos mercantilistas”, por primera vez lloré al ver la conferencia mañanera. ¡Qué vileza!

Atacar a la oposición, a los fifís, a los neoliberales todos los días es de esperarse. López Obrador tiene un estilo de gobernar basado en dividir para 'conquistar'.

Es perfectamente entendible porqué Andrés Manuel López Obrador señala a rajatabla a los medios de comunicación, a los reporteros que lo cuestionan. Le preocupa cuál será la narrativa de su gobierno, y si los que podían cambiar la percepción de cómo gobierna son reportajes e información, además de datos duros que seguramente usarán sus adversarios.

Cuestionar a los académicos y científicos mexicanos, especialmente los que estudiaron en universidades y centros de investigación en el extranjero, ya rayaba de un acto suicida, en parte porque varios de sus secretarios y asesores más cercanos tienen estudios, maestrías y doctorados de las más prestigiados centros de estudios internacionales, es cuestionar la capacidad de sus asesores más importantes, incluyendo el secretario de Hacienda, el canciller y el secretario y subsecretario de Salud.

Pero la semana pasada el presidente atacó al sector médico, en medio de una pandemia, donde la capacidad de poder mitigar el sufrimiento de la población depende de los sacrificios de estos médicos y en general al sector hospitalario.

Esto es una simple vileza.

Tal vez, en un esfuerzo de defender al Dr. Hugo López Gatell, la persona que representa la estrategia del gobierno para enfrentar a la pandemia por el Covid-19, fue fácil para el presidente esquivar las críticas señalando que "Nosotros le tenemos mucha confianza al doctor Alcocer, que es un científico, pero además un hombre honesto, no me vayan a decir que no sabe de medicina el doctor Alcocer, porque ha estado en el Instituto de Nutrición años, como médico y como investigador, Premio Nacional de Ciencias. El doctor Hugo López-Gatell, que es al que más cuestionan, pues lo mismo, un académico de primer orden, con muy buena formación, con cultura general, una gente honesta, humanista, con una postura en favor de la gente, en favor del pueblo, no a favor del mercantilismo, que desgraciadamente también llegó a predominar en el periodo neoliberal en todo lo relacionado con la salud, como se decía antes de los médicos, que sólo buscaban enriquecerse, ¿no?, que llegaba el paciente y lo primero que hacían era preguntarle: ¿Qué tienes? No, es que me duele acá, doctor. No, ¿qué tienes de bienes?”.

Además de ser un chiste de muy mal gusto, el cuestionar la dedicación de los médicos, en un momento cuando trabajadores del sector salud corren riesgos en su integridad física y emocional ante los riesgos de contagiarse del Covid-19 y los incomprensibles ataques por parte de la población al sector salud, es una vileza.

Esta semana a nivel nacional, la Secretaría de Salud reporta 8 mil 544 contagios y 111 defunciones de trabajadores de la salud por Covid-19.

Qué forma tan destructiva de defender a Hugo López Gatell. Me es incomprensible que el secretario y subsecretario de Salud fueron incapaces de públicamente tomar distancia de los comentarios del presidente.

Y si no fuera por una pregunta que le hizo una reportera sobre las reacciones de las diferentes asociaciones médicas, el presidente no hubiera pronunciado su disculpa a medias, asegurando que, porque el Che Guevara y Salvador Allende eran médicos, obviamente que respetaba a la profesión.

¡Acusar a los médicos de ser mercantilistas! ¿Cómo se atreve López Obrador? Mi padre hasta la fecha no ha recibido su pensión completa, en parte por la corrupción de anteriores administraciones. Un hombre originario de Banámichi, un pequeño pueblo en la sierra de Sonora, se especializó en el New York Eye and Ear, pasó el examen que le hubiera permitido ejercer en Estados Unidos, pero decidió regresar a Sonora para ejercer y compartir su conocimiento. Y salvar la vista de miles de personas.

Y sí, durante esos 50 años de trabajar en un hospital público, al igual que la mayoría de los médicos que trabajan en hospitales públicos, él usó recursos personales para aportar al conocimiento de los cientos de estudiantes y futuros oftalmólogos del país, además de curar pacientes en situaciones de absoluta pobreza. ¿Puede usted, señor presidente, presumir lo mismo?

Y si por razones políticas, Sr. presidente, no puede disculparse y reconocer a esta legión de médicos y trabajadores de la salud, lo mínimo que puede hacer es aprender de estos héroes y heroínas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.