Preparándose para 'exagerar como los otros'
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Preparándose para 'exagerar como los otros'

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Preparándose para 'exagerar como los otros'

04/03/2020
Actualización 04/03/2020 - 14:24
columnista
Ana María Salazar
Análisis sin Fronteras

La crisis o el fracaso de los gobiernos de enfrentar la crisis del Covid-19 dependerá en gran parte de la credibilidad de los gobernantes. Si la población no confía en que las autoridades le estén proporcionando información real, o siente que la estrategia y los sacrificios que le exigen a la población reflejan intereses políticos y no los intereses de verdaderamente enfrentar la crisis, o si de plano, simple y llanamente no pueden esconder su incompetencia o incapacidad, el costo en vidas y en futuro desarrollo de la nación.

Pero también este nuevo coronavirus va a destruir gobiernos y gobernantes. El presidente de México parece no entender cómo el Covid-19 está poniendo en riesgo la cuarta transformación y su legado político e histórico. Andrés Manuel López Obrador debería de analizar con cuidado lo que está sucediendo con los gobernantes en China y Estados Unidos, países con recursos para enfrentar la crisis sanitaria, pero a estas alturas con pocas armas para enfrentar la crisis económica y el impacto en el comercio global. En el caso de México el Presidente tiene limitados recursos y relativamente pocas herramientas, lo único que tiene, perdón tenía, era la fe, casi ciega, de sus seguidores.

La credibilidad ante una crisis es lo que permite que el gobernante pueda exigir sacrificios de la población, asegurar la coordinación en todos los niveles de gobierno y el consenso necesario de todas las diferentes esferas sociales y políticas. La credibilidad es el pegamento que une al Estado en momentos en que todo se puede desbaratar en ingobernabilidad.

En China, un gobierno profundamente autoritario, con una extraordinaria capacidad de control sobre la población, implementó todo el aparato del Estado para construir dos mega hospitales en 15 días y poner en cuarentena a más de 50 millones de ciudadanos en un esfuerzo histórico para controlar el contagio del peligroso virus.

En la pandemia del H1N1, cuyo origen fue en México, el entonces gobierno de Felipe Calderón convencieron a la población mexicana de una cuarentena literalmente voluntaria, sin necesidad de hacer uso de mecanismos autoritarios. Gobiernos, sociedad, IP, especialistas, profesionistas hicieron caso al llamado del gobierno de México, y el país salió adelante, gracias a la credibilidad del gobierno.

La reacción del presidente Andrés Manuel ante la exitosa estrategia que se impuso en 2009 (de hecho el OMS felicitó a México en su momento) ha sido simplemente decir que “no vamos a exagerar como los anteriores”.

Preocupante porque seguramente llegará el momento en que este gobierno también tendrá que “exagerar como los anteriores” gobiernos. Al igual que otros países, incluyendo Estados Unidos, López Obrador debería preparar a México para “exagerar como los anteriores” gobiernos incluyendo controlar el transporte público, exigir que cierren las empresas, niños sin clases (¿posibilidades de tres semanas de vacaciones en abril?) prohibir ingreso a México de personas de ciertos países. Todas son opciones que se están considerando en Estados Unidos.

Y esto es un problema para México porque hay un gran riesgo de que Donald Trump mande a cerrar la frontera. Tal vez sea por razones políticas, o justificando la crisis del coronavirus, Trump buscará razones para cerrar flujo de personas y exportaciones. Si se percibe que México no estaría tomando los pasos necesarios para controlar el contagio, bueno, sería una razón más para cerrar la puerta al país. También, México estará viendo las acciones que estarán tomando los países centroamericanos. Habrá aún más presión para controlar el flujo de los hermanos centroamericanos a México. El tono del gobernante también cuenta. En el caso de Donald Trump, el querer politizar la crisis y minimizar el impacto en la salud y la economía de su país, se está reflejando en un profundo cuestionamiento de la capacidad de su gobierno de enfrentar contagio masivos. Llegó a culpar a los demócratas de exagerar y politizar para debilitar la economía.

El tono del presidente Andrés Manuel López Obrador es preocupante. El insistir en conversar el avance de la rifa 'no rifa' del avión presidencial, frivolizando y dándole menos importancia de la información que urgentemente necesita impartir la Secretaría de Salud para que no se apanique la población. La credibilidad se pierde en una crisis cuando los gobernantes grillan, atacan a sus adversarios o culpan a otros de su incapacidad de reaccionar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.