Nueva forma de gobernar, nuevos conflictos
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Nueva forma de gobernar, nuevos conflictos

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Nueva forma de gobernar, nuevos conflictos

09/01/2019
Actualización 09/01/2019 - 18:48

Apenas lleva un mes Andrés Manuel López Obrador y su forma y estilo de gobernar podría tener un impacto que duraría décadas. Algunos de estos cambios son bienvenidos, ya que claramente su éxito electoral es una señal importante de que el mexicano buscaba un cambio radical en la forma y fondo de cómo se ejerce el poder en México. Pero hay algunos cambios… que bueno, sin saber el impacto a largo plazo podrían debilitar la gobernabilidad del país. Especialmente para un futuro presidente que no tenga un apoyo arrasador en las elecciones y para gobiernos estatales y municipales, especialmente si son la oposición.

El cambio más importante en la cultura política del país es la capacidad de tomar decisiones e implementar programas que ha demostrado este gobierno. Todo presidente sabe que tiene sólo tres años para gobernar, los siguientes tres se usan para resolver problemas y conflictos. Por eso la importancia de la famosa “luna de miel” que tienen los mandatarios (no sólo los presidentes, sino también los gobernadores y presidentes municipales), que les da más espacio para empezar lo más pronto posible la implementación de programas. Y una de las críticas que está surgiendo, es que muchas de las propuestas que están sobre la mesa no tienen la profundidad de análisis que se requiere para asegurar que programas con buenas intenciones no terminen convirtiéndose en conflictos y problemas, que no sólo podrían impactar en la población, sino también en los beneficios que deberían de surgir a mediano y largo plazo.

Un ejemplo es la decisión de combatir el huachicol. Nadie argumentaría que era urgente enfrentar organizaciones altamente violentas, como lo son los huachicoleros, sino enfrentar la profunda corrupción que existía (¿existe?) en Pemex y en el sector energético. El problema fue que no anticiparon el impacto inmediato en la población, que es el desabasto que se está viviendo en diferentes partes del país y que se empezó a sentir esta semana en la capital. El no haber anticipado el impacto del operativo antihuachicol en cualquier otro gobierno hubiera sido materia de un fuerte cuestionamiento de las autoridades en el sector energético, de seguridad y los organismos de inteligencia. Pero ante la importante reestructuración que ese está haciendo en el ámbito de seguridad, el hecho que hay un secretario de Energía y de Seguridad nuevos en el puesto y que un número importante de funcionarios con experiencia ya no se encuentran en el gobierno, no sorprende la incapacidad de anticipar. Lo que falta ahora es no sólo anunciar quienes participaron en este desfalco a la nación, sino también perseguir a las empresas que se beneficiaban del robo de gas y gasolina.

Claramente este es un presidente que no tiene miedo, está dispuesto tomar decisiones dramáticas y con consecuencias transexenales. Y de ahora en adelante esta será la expectativa de todos los mandatarios: tomar decisiones impactantes, a veces sin las consideraciones necesarias.

Si lo que se prometió en campaña es un error, no se puede, o no funciona, el presidente no debe de implementar. Lo que si hay que hacer es explicar por qué.

Este presidente también cambio la relación cívico-militar. No tiene miedo a las consecuencias políticas en México y en el exterior, de hacer uso de sus Fuerzas Armadas para enfrentar situaciones de violencia, conflictos extraordinarios. No es claro si esta actitud se mantendrá con futuros presidentes, pero lo que sí es claro es que en su estrategia de seguridad ha decidido que las Fuerzas Armadas tendrán un papel fundamental, pero que no está dispuesto continuar con la simulación y la falta de transparencia del papel que juega el Ejército y la Marina en controlar la criminalidad en el país.

Andrés Manuel López Obrador también ha cambiado la forma en que se percibe la importancia del gobierno y el salario y prestaciones que debe de recibir un funcionario. Será políticamente radioactivo proponer incrementar salarios y prestaciones probablemente en la siguiente década. ¿Hay un cambio permanente en la relación de la Presidencia y el papel de los medios de comunicación? Yo creo que sí. Futuros presidentes, gobernadores y presidentes municipales seguramente continuarán llamando prensa “fifí” o “fake news” a los medios y analistas que no concuerden con su punto de vista o los critica. También requerirá que los que estemos en los medios de comunicación trabajemos más para poder retomar la credibilidad y la importancia de los medios para toda democracia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.